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Negocio exitoso: lo echaron del trabajo, tuvo una idea y hoy factura millones

El producto, que es de plástico y 100% elaborado en el país, ya se comercializa en España y están en tratativas para llevarlo a Italia y Paraguay.

Fernando Vidal y Christian Faraoni, los emprendedores detrás de Caffettino. Foto: LA NACION.

En un momento de 2015 Christian Faraoni llegó a tener cuatro cafeteras Nespresso conectadas en su cocina. Como una especie de inventor enloquecido quería diseñar una cápsula de café que funcionara igual que las oficiales y que diera el mismo resultado, pero sin el desperdicio, es decir, que pudiera ser reutilizable.

Hoy, seis años después, tiene una empresa junto a su cuñado llamada Caffettino que prevé producir este año 400.000 cápsulas recargables aptas para Nespresso y Dolce Gusto (cada cápsula se puede usar hasta 100 veces) y facturar $100 millones.

Faraoni, de 39 años, es ingeniero mecánico y antes de este emprendimiento trabajó para Pirelli Argentina. Fue tecnólogo de producto, jefe de calidad y luego gerente de calidad e ingeniería hasta que lo desvincularon a fines de 2014 por una reestructuración.

“Me fui con una indemnización, pero el parate te vuelve loco. Después de un mes caminaba por las paredes y empecé a armar proyectos y pasarlos por un embudo. Tamizando, llegué a las cápsulas de café”, contó en diálogo con el diario LA NACION.

Lo de las cápsulas surgió porque, según él, en sus épocas en Pirelli a veces tenía problemas para conseguirlas y todas terminaban en la basura porque no tienen un sistema de reciclaje. “Estuve tres meses haciendo prototipos desde las 22 hasta 3 de la mañana cuando mi mujer y mi hijo se iban a dormir y, cuando estaba por abandonar la tarea, logré una cápsula que daba una bebida cremosa, de buena presencia y que se podía usar 100 veces”, continuó.

Las cápsulas también sirven para hacerse un té o un mate.

Durante 2015 hizo las primeras pruebas en la fábrica de inyección de plástico que tenía su padre matricero y regaló unas 100 cápsulas para que más gente las probara. Con el producto validado, creó también cápsulas compatibles con la Dolce Gusto y, en 2016, lanzó su e-commerce y consiguió un acuerdo con Bonafide para venderlas en sus locales.

En el medio, Faraoni volvió a trabajar en relación de dependencia como gerente de calidad de Banghó hasta que cerró en 2017, pero nunca dejó de dedicarle tiempo a Caffettino.

Se notó mucho la diferencia cuando me asocié con mi cuñado Fernando Vidal, que también fue despedido de Pirelli, porque yo era más industrial y él estaba más especializado en desarrollo de negocios. Ahí es cuando Caffettino dejó de ser un proyecto y pasó a ser una empresa”, explicó. En 2018, facturaron un millón y medio de pesos y este año prevén facturar $100 millones.

Además de las cápsulas, en estos años desarrollaron otras líneas de negocios complementarias, como café de especialidad y galletitas. Hoy tienen más de 280 puntos de venta en la Argentina, 45 en Barcelona y uno en Madrid. Las cápsulas son desarrolladas y producidas 100% en el país y tienen 7 empleados directos y varios más de forma indirecta.

Lo bueno del producto es que le damos al usuario la libertad de usar el café que quiera o si quiere puede hacerse un té o un mate con las cápsulas. Por otro lado, no contaminan porque se reutilizan y como tercer punto son más baratas que las versiones originales lo cual es raro porque en general los productos eco friendly son más caros”, describió Faraoni.

Más allá de la presencia en España, están en negociaciones con una empresa en Italia para que distribuya los productos y también quieren llevarlos a Paraguay.

Funte: LA NACION. 

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