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A los 81 años falleció Carlos Silva

Se fue Cacho, el compañero de las mil y una anécdotas

El recuerdo y las muestras de pesar provienen de numerosos ámbitos. Aquí una parte de las expresiones que algunos compañeros de NORTE fueron enviando no bien fueron enterándose de la triste noticia.

Carlos Cacho Silva, el saenzpeñense que encontró su pasión en Escuela Técnica Nº 33 de Barranqueras se despidió de este mundo.

Había cumplido 81 años el 26 de marzo y con su partida llueven tantas anécdotas como las que él contaba.

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El 'dire' Carlos Cacho Silva.
Crédito: Archivo

Adiós a mi amigo del vozarrón

De las condiciones periodísticas y humanas de Cacho sería largo hablar, su profesionalismo y calidad de persona eran bien conocidos por todos.

Pero hay otros recuerdos, los personales, los del amigo.

Recuerdo la época en que lo conocí; Sáenz Peña en los 60, 70 no tenía mucho para ofrecerle a la juventud hasta que un señor de voz grave comenzó a captar la atención por las noches en la AM de LT16 con un programa de música romántica, ideal para los primeros romances. Decían los entendidos que en ese aspecto podía competir con Hugo Guerrero Marthineitz si se hubiese propuesto hacer carrera en la gran ciudad.

Hasta no hace mucho recordábamos con el “narigón” -risas de por medio-  cuando consiguió como anunciante para su programa romántico una conocida carnicería de Sáenz Peña y así por las noches con su voz profunda, pausada y seductora Cacho ofrecía “chorizos, morcillas y salchichas de las mejores” mientras sonaba de fondo la música de fondo de tantos noviazgos de aquella época. Para nosotros era desopilante pero para él era la manera de financiar su enorme vocación de estar frente a un micrófono y siempre lo consiguió.

Cacho era un locutor natural al que tanto le daba crear climas románticos para la muchachada de la época como enfervorizarse con el relato de las carreras del zonal, el automovilismo era su pasión y de esa pasión el Torino su favorito.

Todo lo que hizo siempre estuvo muy cerca de su pasión de relator deportivo porque además de “fierrero” Cacho era un amante y conocedor del boxeo y su vozarrón matizó más de una velada en  el ringside del Centro Democrático o donde sea que hubiese una pelea.

Pero Cacho era un emprendedor nato, no se quedaba encasillado.

Un día  incursionó en el negocio de la música como dueño de una disquería por calle 12, frente a la plaza San Martín. Lo que diferenciaba a su disquería era que Cacho  traía a la ciudad discos “invendibles” de Deep Purple, Yes, o Jethro Tull que fíaba a una reducida clientela porque Cacho además de automovilismo sabía mucho de rock y música por su cercanía con la radio y hacía de difusor en una época sin streaming ni MP3. “Ustedes me fundieron”, bromeaba recordando aquella época.

Años después la vida nos cruzó en NORTE y fuimos compañeros cercanos hasta su retiro del que parecía volver siempre tan aferrado estaba al diario y al periodismo deportivo que marcó su vida. Ricardo Ambrosig, sección Nacionales.

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Una de las fotos más recientes en su querida EET 33.
Crédito: Archivo

El día que le prestó su Torino a Carlos Monzón

El querido Cacho Silva, era un personaje particular. Muchos amigos y colegas podrán transmitirlo. Pero esta anécdota demuestra cómo era, su solidaridad y desprendimiento.

Cacho que pasó por todas, transitaba un buen momento económico. Además, le gustaba compartir la mesa con los amigos.

Un día, mucho antes de que fuera campeón mundial, Carlos Monzón se presentó en Sáenz Peña en un festival, en el que terminó ganando. Él ya se había encompinchado con el boxeador santafesino en una presentación anterior.

Luego de esa pelea con Taborda fue a cenar por la avenida 9, en lo de Espinoza. “Uuy!”-dijo Monzón-“tengo que esperar hasta mañana a la tarde para regresar en micro. Ahí tenés mi auto, le dijo Cacho. El boxeador primero se negó. El periodista le insistió, diciéndole que vivía enfrente y que tenía otro auto para moverse. A las 3.30 tomó el Torino y se fue a Santa Fe. Se lo envió una semana después. “Nos hicimos muy amigos, y siempre me invitaba a su casa pero nunca pude ir, por una cosa u otra”, contó. Luis Molodezky, periodista, exjefe de la sección Deportes.  

La educación,  su gran pasión

“Se me atropellan los recuerdos! Era un grandote buenazo, era bueno de verdad, desinteresado de las cosas materiales, y últimamente tan, pero tan dedicado a su escuela técnica, que llevaba su nombre. Todavía no había hecho los trámites de jubilación, porque siempre estaba consiguiendo algo más”.  Graciela de la Rosa, sección Armado del diario. 

“Es un gran dolor. Cacho no solo ha tenido una vocación educativa, sino que además supo volcar sus conocimientos a otra veta importante de su vida, la de conformar durante años el staff de la redacción de NORTE en donde también ha dejado su huella como periodista, teniendo también todo el reconocimiento de sus compañeros de trabajo y directivos de la empresa”. Eduardo López, exjefe de Redacción.

“Qué decir de Cacho, hombre comprometido con el periodismo y la educación. De la Termal afincado hace mucho en nuestra gran Resistencia. Buen compañero y amigo. Duele su partida”. Juan Carlos González, corrector.

“Hace dos años que me jubilé. Recuerdo que cada fin de semana llamaba para saber si había recibido su columna por correo. Siempre se extendía un poco más del espacio que había y a veces tenía problemas con la computadora. Cuando pasaba por el lugar donde yo estaba solía quedarse a charlar y le gustaba contar anécdotas. Es lo que más me acuerdo de él”. Graciela Verón, exsecretaria del director periodístico.  

“Una vez más nos despertamos con un duro golpe para NORTE. Conocí a Cacho cuando me integré al turno tarde de la Redacción y no tardé en entablar una entrañable amistad a lo largo de tantísimos cierres de edición cargados de anécdotas sobre su extensa trayectoria en el periodismo, pero también en la educación. Esa justamente era su gran pasión y que le mereció un homenaje en vida que lo llenó de orgullo cuando la Escuela de Educación Técnica N° 33 de Barranqueras que dirigía comenzó a llevar su nombre: Director Carlos Silva. No había día en que Carlos no contara sobre algún logro de sus alumnos, alguna clasificación para una competencia de robótica o un nuevo galardón para la institución.

Y en el periodismo qué decir: Dejó una  marca imborrable con sus relatos de todo tipo de deportes, fue el encargado de editar la sección de noticias nacionales de NORTE durante muchos años y, como no podía ser de otra manera, marcaba aspectos sobre la actualidad educativa de la que tanto conocía en su columna semanal.

Dolido por tu partida pero orgulloso de haber trabajado durante tanto tiempo a tu lado, te despido querido Cachito”. Fabricio Glibota, periodista.

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