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“Viajar es un aprendizaje”

Germán Kalber: “Soy bastante enemigo del más de lo mismo, de lo que ya funciona bien, y trato de evitar eso”

El músico y docente de Charata, dueño de una de las voces más potentes de la canción en el Chaco, habló de sus experiencias del último año haciendo música y radio.

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"Cuenta la leyenda que fue un 23 de mayo del año 70 después de Spinetta –o tal vez fue en el año 20 después del segundo milenio--. Lo cierto es que era la época en que algunos decían que la radio estaba desapareciendo, porque las audiencias se mudaban a otras galaxias. Época en que los programas radiales giraban en torno a los éxitos de venta de la industria, donde además los contenidos de muchos programas eran generados por mensajes de WhatsApp enviados por habitantes de un mundo agitado y rutinario. Los días musicales eran la aburrida repetición de unas pocas melodías. El público no solo quería escuchar el hit que le hiciera mover las caderas o los hombros, también quería escuchar los éxitos de la época de la escuela secundaria. La nostalgia es buena salida para escaparse de la rutina. En esos días -en ese marco- una emisora decidió dar el siguiente paso: emitir música que no sonaba en las radios. Sí. Música que no suena en las radios".

Estas fueron algunas de las palabras de Germán Kalber en la primera edición de su programa radial “Aquí a la vuelta”, que salió por primera vez al aire un 23 de mayo de 2020. La emisión se emitía cada sábado por Radio Arcoiris de Charata. Germán hacía la conducción y la producción general, acompañado por el licenciado José Frías.

¿De qué condición depende una canción para ser escuchada? ¿A cuánto cotiza una canción? ¿Qué precio le pondrías a una canción y de qué depende? ¿Qué es la música? ¿Podría el mundo vivir sin música?. Estas y otras preguntas no fueron respondidas en el programa “Aquí a la vuelta”. Sin embargo, Germán abrió la jugada para reflexionar, escuchar y debatir. Corrió un velo importante para escuchar otras músicas. En un contexto de pandemia mundial, viajar a buscar las canciones también parecía una realidad posible, no solo hacia otras ciudades, sino también a distintas épocas de la música argentina y latinoamericana. 

Ahora luce de barba crecida, pelo corto, ojos negros, sonrisa de blancos dientes de marfil, brazos entintados. De dicción clara, su voz llega precisa en cada palabra. Sonríe. Intercambiamos mensajes, preguntas y respuestas. Escucho sus canciones nuevas en loop. Grabó “Cuando soy Chaco” y “Juntos”, allá por 1990 y 1991, cuando tenía 10 y 11 años. Ahora, más de grande, sí registró y se consiguen los discos “Plenilunio” (2004), “Sangre de Barro” (2009) y “El Otro Mundo” (2015). Este año Germán Kalber lanzará un nuevo disco y adelantará temas de un próximo material. Es un enamorado de su tierra, vive la realidad con todas sus pulsiones, no desconoce los problemas de la sociedad. Con los pies en Charata, hace otro mundo posible desde la canción. En esta apretada charla nos cuenta en qué anda.

—A más de un año de vivir en pandemia, ¿cuánto y cómo afectó esta situación tu creatividad artística?

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   —En mi caso he tratado de aprovechar el tiempo para componer y producir dos discos que están en proceso de grabación y mezcla. Dos álbumes totalmente diferentes desde lo estético. Uno de ellos ya había empezado a grabarse antes de la pandemia. El otro, durante los meses de confinamiento. Este año seguro se publicará uno de ellos completo y algunos adelantos del otro. Así que fue un tiempo bien aprovechado, en el sentido creativo y productivo.

—Seguiste creando. ¿Se debe al impulso de los amigos, impulsás a los amigos a seguir componiendo, o es un poco todo eso?

—Es un poco todo junto. Durante el año hemos hecho muchos videos musicales colaborativos con amigos de todo el país. Se han compuesto más canciones, se ha producido bastante, y creo que tiene que ver con que tuvimos más tiempo de dirigir la energía a ese impulso creativo y productivo.

—Además de tu trabajo profesional como músico, también sos docente. ¿Cómo fue tu año con la educación a distancia y la virtualidad?

—Como todos los docentes, tratando de adaptarme a las nuevas modalidades y formas de seguir trabajando desde casa. Soy profesor de música, la tecnología es una gran aliada para transmitir contenidos musicales y artísticos, cosa que tal vez en la presencialidad no se puede utilizar tanto, por cuestiones técnicas u horarias. En el ámbito escolar presencial hay que lograr captar la atención de 25 o 30 chicos al mismo tiempo y eso no da tanto margen para la utilización de medios tecnológicos, así que traté de aprovechar eso a favor también.

—Hiciste radio el año pasado, ¿cómo y por qué surgió hacer un programa de radio?

—Era una inquietud que yo tenía hace rato. Hacer radio con un formato que yo creo que está faltando en el ámbito local. Siento que hay una rutina que se viene dando en la programación local radial y estaría bueno empezar a ponerle otras cosas y ofrecerle a la gente algo distinto. Soy bastante enemigo del "más de lo mismo" y de lo que "ya funciona bien" y trato de evitar eso. Por ejemplo, hay una inmensa cantidad de música popular que directamente no suena en la radio. Suenan todos los días las mismas 10 o 15 canciones, los mismos artistas, todo el día. Entonces quería hacer un programa sobre música popular que difundiera esas propuestas que están ausentes en la radio, hablar de música, de músicos, con músicos. Al abanico de ampliar la paleta de colores le agregamos algo que es bastante impensado en la radio local, que es hablar de música desde la filosofía. En eso me acompañó magistralmente el licenciado José Frías. Además de ser amigo y un gran profesional en la materia, es un melómano empedernido, así que era el "jugador" que necesitaba.

—Mostraste en la radio un abanico importante de influencias, de estilos musicales. ¿Escuchar música es parte de tu alimento como artista?

—Totalmente. Pero no sólo es un alimento si sos músico, sino que es para cualquier persona. Siempre trato de escuchar muchas cosas distintas. Y, claro, eso me sirvió también para proponer en la radio al oyente un montón de cosas diferentes.

—En Charata lamentablemente se cerró en estos días la posibilidad de hacer música en vivo. Van como a contramano de la provincia. ¿Cuál fue tu sensación ante esta situación?

—Primero quiero decir que estoy totalmente a favor del cuidado de la salud, y eso es indiscutible. Dicho esto, es muy extraño cómo se toman algunas decisiones. Todos somos conscientes de la seriedad con que hay que tomarse los cuidados en esta pandemia por la salud de todos, pero hay sectores de actividades que han quedado totalmente anuladas, sin poder trabajar durante un año entero y siento que no se ha buscado siquiera la forma de reactivar el trabajo de estos sectores que tienen que ver especialmente con la actividad cultural. Sobre todo en pueblos o ciudades relativamente chicas como Charata, donde la situación sanitaria no se ha visto desbordada ni colapsada en ningún momento. Actualmente hay menos de 50 casos activos en una ciudad de 45 mil habitantes. Se han suspendido recitales en bares que siguen abiertos al público y no entiendo la diferencia o el peligro que significa una banda tocando en vivo en esos bares. Creo que con todos los cuidados necesarios, se puede seguir trabajando. Siento que se hace una bajada de línea desde la provincia y se acata como si la situación fuera la misma aquí y en la capital del Chaco. Espero que se empiecen a pensar estrategias para que no tengamos que parar un año más o tal vez más, ya que no se vislumbra siquiera el final de esta pandemia. Pero creo que el mundo tiene que adaptarse a esta pandemia y seguir adelante.

—Diego Brandan sigue siendo un socio creativo importante. ¿Cómo es la cocina creativa, cuándo se juntan, tienen rituales, quién llama a quien para hacer cosas? 

—Hace algunos años nos juntábamos más seguido. Preferentemente de noche y hasta altas horas de la madrugada. Pero gran cantidad de canciones que compusimos surgieron por mensajes de audio y texto, o en alguna gira larga en pleno viaje. La iniciativa la toma cualquiera de los dos. Depende la época creativa de cada uno. En ese sentido, en la mayoría de las canciones yo propuse primero la música y la estructura. Luego él hizo la letra. Durante este tiempo de pandemia nos juntamos muy poco pero igual seguimos muy activos en la composición.

—Viajabas mucho antes de la pandemia llevando tu música. ¿Qué extrañás de todos esos recorridos? ¿La gente, el público, el escenario? 

—Se extraña el viaje en sí. La alegría que produce encontrar un nuevo escenario, un nuevo público, nuevos lugares, nuevos aromas y sabores. Viajar es un aprendizaje. De cada camino, de cada paisaje, se aprende mucho. Y si uno sabe capitalizar eso, se enriquece el espíritu para siempre.

Mundo nació
Letra: Diego Brandán; música: Germán Kalber

Mundo nació 

cuando abrieron tus ojos

y fue que así

me has curado los despojos,

mundo empezó

cuando tus primeros pasos

cruzaron sol

y la luna hasta mis brazos.

Sueño fue ayer

en las quimeras del pueblo

durmiéndose

con los traidores gobiernos

pueblo volvió

en las banderas y el fuego

y el corazón

corriendo calles adentro.

Mundo volvió

con tu sonrisa morena

luna de abril

con tu silencio de negra,

mundo creció

con juegos de cocinera

y yo aprendí

la voz de tu alma coplera.

Me fui y volví

no sé vivir sin tu estrella,

lejos de ti

no tengo cielo ni tierra.

¡Somos la luz

de los barrios orilleros!

magia y azul

de los templos de los pueblos.

Réquiem del Monte

Letra: Néstor Lescano; música: Germán Kalber

El monte llora tu dolor

¿dónde andarás?

tu silbo sobre de un mistol

ya no está más.

(De tierra soy, mi padre sol,

mi madre la luna de sal)

El río corre sin color

¿adónde irá?

llevando su desolación

a otro lugar.

(De tierra soy, mi padre sol,

mi madre la luna de sal)

Heridas de La Forestal

que aún están

llorando espinas de vinal

con gusto a sal.

Pregón de coyuyo cantor

tan solo soy

mi copla dolida andará

tal como soy.

Ya no canta más el crespín

¿por qué será?

ya no tiene más su nidal

tanto penar.

(De tierra soy, mi padre sol,

mi madre la luna de sal)

Changuito mataco serás

himno de luz

sitiaron tu tierra también

serás su cruz.

(De tierra soy, mi padre sol,

mi madre la luna de sal)

Se muere el suelo de sed

sin olvidar

que culpables somos al fin

de no cuidar.

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