Diálogo y voluntad para superar los desacuerdos
En todo grupo humano son inevitables las diferencias y la diversidad de opiniones respecto de cómo deben funcionar las sociedades. Por eso es necesario apostar al diálogo, especialmente en estos momentos en los que se entrecruzan una crisis sanitaria sin precedentes y las amenazas constantes sobre las actividades económicas.
Es comprensible que la incertidumbre, las tensiones y fatigas que genera la actual situación epidemiológica potencien el malhumor de algunos sectores de la comunidad. El impacto de la pandemia y de la suba de precios no es igual para quienes tienen un ingreso asegurado mes a mes que para aquellos emprendedores o para las personas con ocupaciones precarias cuyo bolsillo es mucho más sensible al comportamiento de la economía.
Pero el malestar no debe, de ninguna manera, alterar la convivencia pacífica y mucho menos derivar en actos de violencia como los que se vivieron, lamentablemente, en episodios que —ojalá— sean hechos aislados.
La agresión al ministro de Gobierno y Trabajo, Juan Manuel Chapo, ocurrida en la primera semana de este mes durante una reunión en el cuarto piso de la Casa de Gobierno fue un hecho de enorme gravedad.
En esa oportunidad el referente de una organización social atacó al ministro arrojándole una silla de su propia sala de reuniones. Unos días antes, tres periodistas que desempeñaban su labor en la vía pública, realizando la cobertura de una movilización en la avenida Sarmiento de la capital chaqueña, fueron agredidos por integrantes de movimientos sociales.
El jueves último, otro grupo irrumpió en la sede de la Secretaría de Derechos Humanos y Géneros de la provincia amenazando a trabajadores y funcionarias de esa dependencia. Sin desconocer que detrás de algunos conflictos pueden existir una serie de legítimas demandas relacionadas con los derechos al trabajo digno, salud, vivienda y educación, eso no justifica reacciones violentas ni expresiones de intolerancia.
Todos esos hechos son condenables. Hace unos años el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo elaboró un documento que se titula “Guía Práctica de Diálogo Democrático” donde se ofrecen criterios, pautas y herramientas que son muy útiles cuando existe voluntad de resolver los conflictos.
En esa publicación se observa que “el diálogo es un proceso de genuina interacción mediante el cual los seres humanos se escuchan unos a otros con tal profundidad y respeto que cambian mediante lo que aprenden. Cada uno de los participantes en un diálogo se esfuerza para incorporar las preocupaciones de los otros a su propia perspectiva, aun cuando persista el desacuerdo. Ninguno de los participantes renuncia a su identidad, pero cada uno reconoce la validez de las reivindicaciones humanas de los demás y en consecuencia actúa en forma diferente hacia los otros”.
Cabe acotar que este documento del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo fue pensado para atender las urgencias que plantea todos los días la compleja realidad social de los países de América Latina, una región que no es la más pobre del planeta pero sí la más desigual donde además, tal como observan los autores del mismo, la fragmentación y heterogeneidad de los movimientos y organizaciones sociales se ha profundizado en la última década.
“El mapa de conflictividad muestra hoy conflictos en donde convergen sindicatos, trabajadores informales, pueblos indígenas, campesinos, grupos étnicos, mujeres, jóvenes, grupos ecologistas, trabajadores precarizados y organizaciones no gubernamentales que defienden sus visiones e intereses sectoriales con gobiernos locales, regionales y nacionales, empresas privadas nacionales y multinacionales”, señala el documento.
Los autores de este trabajo del PNUD observan, por otra parte, que un conflicto surge cuando dos o más actores sociales perciben que sus objetivos son incompatibles. Los conflictos, agregan, generalmente tienen varias causas –inmediatas y estructurales-, y pueden atravesar diferentes ciclos, niveles de radicalización y grados de violencia.
“La conflictividad es producto de situaciones complejas y de desacuerdos con muchas dimensiones y causas, que con el correr del tiempo no han logrado resolverse en sus raíces más profundas y, por consiguiente, van arraigándose y se dinamizan, se intersectan y se retroalimentan unos a otros”, advierte la Guía Práctica de Diálogo Democrático.
Por razones que son bien conocidas, el país y el mundo atraviesan una coyuntura desfavorable para la convivencia democrática. Es necesario seguir apostando al diálogo, sobre todo en este momento en el que se necesita, más que nunca, de la cooperación; porque no hay forma de que un solo sector pueda resolver los problemas por su cuenta.










