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¿Fatalidad o castigo divino? A 87 años de la tragedia del Quiá

Ocurrió el 31 de marzo de 1934. Un Ford A, que transpor­taba a una pareja de recién casados y varios invitados de Vedia a Las Palmas, cayó al riacho. Diez personas murieron ahogadas.

Se trataba de un día muy especial. No solo porque era Sábado de Gloria, sino además porque una joven pareja contraería matrimonio, evento que concentraba la atención de todos los pueblos del vecindario.
Edmundo Bianchi, de 22 años, y Ramona Zulema Varela, unos cuantos menos, se casaban tras varios meses noviando.
El joven recientemente había recibido unas parcelas de la chacra familiar, por lo que estaba listo para dar un paso más y formalizar con su amada.
Luego de intensos preparativos, que incluyeron carnear lechones y corderos, además de preparar otras exquisiteces, el Viernes Santo, el sábado bien temprano Edmundo y varios invitados se subieron al Ford
A modelo 28 de un vecino y partieron de su campito en el paraje Rincón del Zorro rumbo a General Vedia, donde lo esperaba la novia y su familia para celebrar el matrimonio civil.
El viaje de ida no encontró ninguna dificultad. Llegaron al riacho Quiá en la zona de Paso Paloma.

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Edmundo y Zulema tras dar el “sí” el 31 de marzo de 1934, minutos antes de emprender el viaje trágico. A la derecha, recordando lo ocurrido en una entrevista en 1990.

Estaba muy crecido y con gran correntada. Una balsa construida con tambores y con tablas era la encargada de hacer los cruces habituales de una costa a otra: el vehículo descendió con cuidado la barranca y subió a la embarcación que lo llevó hasta el otro lado.
El Ford A se puso nuevamente en marcha y siguieron hasta la casa de la familia Varela, donde se realizaba la ceremonia.

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Un matutino de la época contó la tragedia.

Una vez que ambos pusieron ‘la firma‘ fue tiempo del ‘vermut con masitas‘, tal cual lo recordaría el propio Edmundo al contar (una de las tantas veces) las peripecias de ese día. Luego todos se subieron nuevamente a bordo del Ford A, pero esta vez iban unos cuantos más: La nova, obviamente, y familiares de ella. En total para el regreso a Las Palmas eran 17 personas, por lo que incluso se colocaron unos bancos para que puedan acomodarse todos en la parte de atrás, y es que en la casa del novio se hacía la fiesta.
Pero el regreso no sería igual que la ida, y lo ocurrido quedaría grabado en la memoria colectiva de todos los pobladores del Departamento Bermejo por muchos años.

EL REGRESO QUE NO FUE

Recientemente un descendiente de las familias involucradas me contó la historia que desconocía. Incluso me mostró algunos archivos de la prensa gráfica de aquel entonces y, luego, algo que incluso a él lo sorprendió cuando lo encontró: un video de Youtube (canal de Lucio Gavilán-Durighello) con una entrevista a Edmundo y Ramona realizada en el año 1990 con motivo de la conmemoración de un aniversario de la tragedia. Este salvataje digital nos permite conocer lo ocurrido a través del testimonio de sus principales protagonistas.

Ambos recordaban que aquel Sábado de Gloria, 31 de marzo de 1934, estaba nublado y lloviznoso, y que en los días previos se habían registrado muchas lluvias.
El primer viaje, desde la zona de Las Palmas a Vedia, se realizó sin problemas. Pero como decíamos, otra fue la historia al regresar.

‘Cuando estábamos llegando al Paso Paloma y empezamos a ver la barranca del río, la gente de la costa ya le hacía señas al conductor para que baje la velocidad, pero el problema fue que se le habían cortado los frenos al Ford A. Yo le decía que pare, pero no podía. Cuando entramos en la barranca el camión tomó más velocidad. El chofer apretaba el freno y el embrague, pero no funcionaba, era un griterío todo. Intentó poner primera o segunda y cerró la llave e hizo cambio, pero nada, cada vez iba más rápido. De milagro no aplastó al balsero, que era un alemán, le hicimos volar el sombrero‘ recordaba don Bianchi en esa charla.

La balsa tenía aproximadamente nueve metros de largo y la superficie de madera. El Ford
A ingresó con mucha potencia y sobre las tablas lisas pareció acelerar más aún. La consecuencia era inevitable: atravesó toda la embarcación y se fue de pique a las frías y correntosas aguas del Quiá que tenía unos cinco metros de profundidad.

Milagrosamente, antes de la caída al agua, varios de los pasajeros lograron saltar. ‘Cuando noté que ya no se podía hacer nada y nos íbamos al agua, abrí la puerta, la agarré a ella (por su esposa Ramona) que estaba en el medio, entre el conductor y yo, y la tiré por encima de mí a través de la puerta izquierda (el volante del Ford A estaba a la derecha), y después salté yo‘, relataba Edmundo.

Zulema cayó aún en la costa, pero él quedó en el borde de la balsa y vio como a pocos centímetros el vehículo y todos sus seres queridos se hundían.
Sobrevino la desesperación. Tanto Edmundo como otros de los que lograron saltar se arrojaban al agua para intentar rescatar a la gente que pedía auxilio asomando sus manos sobre la superficie, mientras eran arrastrados.

Muy pocos fueron los afortunados que pudieron salir. Del total de 17 pasajeros, diez perecieron ahogados.

Eran alrededor de las 10 de la mañana cuando apareció un paisano a caballo. Rápidamente escribieron una esquelita con un pedido de auxilio y contando lo ocurrido.

La balsa llevó al jinete a bordo hacia la otra costa, y el caballo galopó hasta la casa de los Bianchi en Rincón del Zorro. Un rato más tarde el lugar del accidente se llenaría de personas entre policías, el médico, familiares de las víctimas y curiosos.
Los días que siguieron fueron de luto y zozobra en Vedia, La Leonesa y Las Palmas, a medida que se fueron extrayendo los cuerpos.

Esa jornada fallecieron hermanos y hermanas tanto del novio como de la novia, además de otros familiares y amigos que los acompañaban.
Las víctimas serían: Amada Martínez, Elena Martínez, Lilia Viñuela, Fabián Fiqueprón, Felisa Ramírez, Beatriz Melagrani, Angel Bianchi, Matilde Bianchi de Caso, Generosa Varela de Jaybert y Celestin Varela.

Edmundo y Zulema recién pudieron consagrar su matrimonio por Iglesia dos semanas después. La increíble y triste historia la pudieron contar a través de muchas décadas siguientes para que no se olvidara.

Viernes Santo, lechones y cuchillos

Javier Aranda, conocido médico veterinario del medio, compartió días atrás la historia de la tragedia en Facebook, siendo descendiente de una de las familias que perdió un ser querido ese día.
Para su posteo se basó en las notas manuscritas que dejó su abuelo Brígido Melagrani, uno de los invitados al enlace.

Este interesante documento, además de dar detalles de lo ocurrido, concluye de la siguiente manera: ‘No sé si fue la fatalidad o castigo de Dios por no respetar la Semana Santa‘.

De boca en boca, el relato de muchos pobladores sostuvo a lo largo del tiempo que la unión entre Edmundo y Ramona sufrió un castigo por todos los preparativos que tuvieron lugar el Viernes Santo previo al casamiento, pues se habían carneado varios animales.

Aquí retomamos la entrevista que da cuerpo a la nota para destacar lo que en 1990 recordaba Ramona: ‘Fue un castigo. A mi me parece que sí, porque ellos (señalaba a su esposo) carnearon lechones el Viernes Santo en la casa de los padres para la fiesta. También algunos dijeron que ese día se les caían los cuchillos en forma de cruces, y no sabemos el motivo‘.

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