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El trabajo (involuntario) de los supercontagiadores

La densidad de la población, el clima y el mayor o menor número de personas que actúan, sin saberlo, como supercontagiadoras de Covid-19 son algunas de las variables que tienen una relación directa con la propagación de la pandemia.

De esos tres factores, el que más preocupa a los investigadores es la capacidad de algunos individuos de provocar, en forma involuntaria, un alto número de contagios en sus comunidades.

Aunque todavía no está dicha la última palabra sobre el verdadero rol que desempeñan estas personas en la pandemia, sí se sabe que poseen un enorme potencial para diseminar el virus. Algunos investigadores no descartan que su particularidad sea portar una carga viral más alta que otros pacientes y que como no manifiestan síntomas se convierten en importantes propagadores.

También se cree que algunos de ellos son personas que tienen una vida social muy activa y que, aún en tiempos de fuertes rebrotes continúan manteniendo reuniones grupales o visitando familiares. Uno de los casos más paradigmáticos es el de una mujer portadora del virus que en Corea del Sur asistió el año pasado a varias ceremonias religiosas con presencia masiva de fieles, activando de esa manera una cadena de contagio que superó, por lejos, el centenar de personas.
Otro caso se registró en Chicago, Estados Unidos, donde un hombre con síntomas respiratorios leves asistió primero a un funeral y luego a una reunión para celebrar un cumpleaños con la presencia de, al menos, quince personas. En ambos casos se dispararon las manifestaciones de la enfermedad en los días siguientes entre un número significativo de personas que habían mantenido un contacto estrecho con el supercontagiador.

Cabe aclarar que, según distintas investigaciones, una persona con Covid-19 normalmente puede infectar como máximo a otras tres personas. Un supercontagiador, en cambio, es alguien que —por su gran movilidad y por ser asintomático— transmite el virus a más de tres personas y, por lo general, dispara un brote en la comunidad en la que vive.
La semana pasada en Córdoba se encendieron todas las luces de alerta por la aparición de la cepa de Manaos en esa provincia. Se logró determinar que el “paciente cero” fue un hombre de 27 años, asintomático, que había regresado de un viaje a Suiza en un vuelo que hizo escala en San Pablo, Brasil.

Al llegar a la provincia mediterránea no cumplió con el aislamiento obligatorio y participó, como si nada, de reuniones con familiares y amigos. El resultado: en las primeras horas, al menos ocho personas con las que había tenido contacto dieron positivo en el test que reveló la presencia de la variante brasileña que es hasta 2,2 veces más transmisible y, al parecer, tiene una mayor capacidad para engañar al sistema inmune.

El Gran Resistencia y otros grandes conglomerados de la provincia poseen significativas densidades urbanas, es decir tienen en su haber una de las variables que facilita la propagación del virus (las tasas más altas de infección por Covid-19 se presentan en las áreas con mayor densidad de población).

El otro factor a tener en cuenta es el clima: diversos estudios científicos que investigaron factores ambientales y sociales asociados con la pandemia comprobaron que el descenso de la temperatura del aire favorece la transmisión del virus. Dado que a nivel local ya se comienzan a vivir jornadas con temperaturas más bajas y que, por lo tanto, la propagación no será tan fácil de controlar como en los días más cálidos del verano, es necesario que se respeten todas las medidas de prevención, esto es, el distanciamiento social, el uso de barbijos, no salir de la casa si no es necesario, evitar las reuniones con muchas personas en lugares cerrados o mal ventilados.

Además, nadie sabe si puede ser o no un supercontagiador, es decir, convertirse en personas que cumplen una tarea anónima, silenciosa e involuntaria en la pandemia.
Ojalá que estos datos sirvan para que toda la comunidad tome conciencia de la real situación epidemiológica. Si bien es parte de la naturaleza humana pensar que el que se enferma es siempre el otro, hoy más que nunca cada uno de nosotros debe actuar con mucha cautela y una buena dosis de inteligencia.