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Un mundo frágil

Si la pandemia dejó en evidencia que vivimos en un mundo cada vez más interconectado y frágil, el incidente protagonizado por un buque que encalló en el Canal de Suez muestra hasta qué punto un problema de esa magnitud puede poner en riesgo la cadena de suministro mundial y amenazar la economía global. Ambos acontecimientos ponen de relieve también la necesidad de pensar cómo actuar en un nuevo escenario cruzado por disputas tecnológicas, comerciales y políticas.

“Nada es para siempre. La globalización, tal como la conocimos, ya no volverá a existir. Viviremos en otro mundo. Habrá otras disputas. Las utopías de igualdad deberán tener la potencia de reinventarse, sin falsas promesas, sin tantas inconsistencias, sin esa inmensidad de desigualdades. Necesitamos interpretar el mundo para transformarlo. Precisamos entender y debatir la etapa histórica. Para comprender, claro, para ponerse manos a la obra”, escribió en 2016 —mucho antes de la pandemia— el antropólogo Alejandro Grimson, a quien algunos señalan como el intelectual preferido del presidente de la Nación, Alberto Fernández.

El año pasado, cuando la primera ola del nuevo coronavirus hacía de las suyas en todo el país, Grimson convocó a intelectuales de diversos ámbitos políticos y disciplinas para que reflexionaran cada uno desde su perspectiva cómo sería el país de la pospandemia. El aporte de los convocados se volcó en un libro digital, que es de acceso libre, titulado “El futuro después de Covid-19”. Allí, el sociólogo y experto en relaciones internacionales, Juan Gabriel Tokatlian, en un párrafo dedicado a la pospandemia observaba que es “esperable una seria depresión económica, un extendido hartazgo ciudadano, una elevación de la fricción geopolítica en puntos calientes del planeta, un cuestionamiento a nivel interno de los regímenes políticos ante el manejo de Covid-19 y una potencial inseguridad alimentaria derivada de la evolución temporal de la pandemia. Habrá seguramente un período de alta turbulencia que recorrerá muchos países, sacudirá varios gobiernos y atemorizará a algunas élites”.

Vale aclarar que las reflexiones citadas no se formularon por estas horas (una es de 2016 y la otra es de una publicación de mayo del año pasado). Sin embargo, ambas tienen una mirada que va más allá de la coyuntura y también un hilo conductor que las emparenta, de alguna manera, con lo que sucede por estas horas en un mundo que observa con asombro e incertidumbre a países como Alemania se preparan, con marchas y contramarchas, para una tercera ola de la pandemia, y cómo el Brasil del polémico Bolsonaro se ha convertido en una amenaza global y en “el ejemplo de todo lo que podía salir mal en una pandemia”, como dijo la epidemióloga y vicepresidenta del Instituto de Vacunas Sabin (con sede en Washington), Denise Garrett, en una entrevista concedida a la BBC.

En este mundo interconectado, la proximidad de nuestro país y nuestra región con Brasil obliga a redoblar los esfuerzos para prevenir los contagios de Covid-19, ya que en el gigante sudamericano la pandemia ingresó en una etapa crítica en la mayoría de sus estados. Como se ha señalado ya en esta misma columna, en al menos siete de ellos (Amazonas, Ceará, Pernambuco, Río de Janeiro, Río Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná), las mutaciones del virus que son también denominadas “variantes de preocupación” ganan cada día más terreno en una región con fronteras muy porosas.

Lo que sucede en Brasil con la pandemia y el accidente del enorme portacontenedores de más de 220.000 toneladas y 400 metros de largo que mantiene paralizados a más de 300 buques en la vía fluvial más importante del mundo, en su mayoría cargados de granos, petróleos y contenedores con todo tipo de productos que esperan para cruzar el canal, generando incertidumbre en el comercio internacional, son apenas la punta del iceberg de un planeta convertido vertiginosamente en una gran aldea global que, a pesar de los sorprendentes avances tecnológicos que transforman la vida de miles de millones de personas, no ha logrado superar su fragilidad.

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