Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/203172

Pymes: como pez en el agua

“Era clara, era vida, de mis manos se escurría. Me besaba, me envolvía, pero siempre agua seguía.”

La estrofa pertenece a la canción de la emblemática banda argentina “Los piojos” y se titula “Agua”. En ella se puede inferir la importancia de este elemento para la supervivencia de una especie, así como para su fisionomía, comportamiento, desarrollo, etc. Es que nunca va a ser igual nacer, crecer, alimentarse, aparearse o morir dentro de una pecera que en lo profundo del mar.

Claro está, lo mismo sucede en las pymes, dado que el ecosistema en el que naden determinará su idiosincrasia, filosofía, objetivos, etc.

En rigor, en términos de negocios, este fenómeno es conocido como la CULTURA EMPRESARIAL y se refiere al conjunto de normas, valores, suposiciones, creencias, formas de actuar, pensar y sentir que comparten los miembros de una organización.

Ahora bien, al ser una creación propiamente humana, este ambiente se puede moldear de acuerdo con las necesidades de la compañía. Lamentablemente, al tratarse de un sistema, es decir, un conjunto de partes interconectadas pero independientes, esta intervención no es sencilla. De todas formas, sus beneficios son tan prominentes que vale la pena el afán.

No obstante, fomentar o modificar una cultura empresarial, no se limita a aspectos superficiales, ni a actos únicos. Es decir, no alcanza con poner frases inspiradoras en las paredes, los membretes de sus documentos de internos, la página web o las redes sociales. Se debe además disponer de todos los medios para que sea incorporada a los hábitos y comportamientos que todas las personas de la entidad desplieguen en el día a día. Ello se logra con el ejemplo, coherencia, articulación sistémica, capacitación y con un sistema comunicación eficiente.

Pero ¿qué elementos conviene promover dentro de una firma para lograr que se desarrolle en ella una cultura emprendedora?

A continuación, analizaremos algunas características que toda pyme pujante debería tener para que sus empleados no se ahoguen en conductas arbitrarias ni alienantes.

Estas son: la perseverancia, la osadía y audacia de correr riesgos y la capacidad de consecución y de administración de recursos de todo tipo.

En este sentido, la PERSEVERANCIA alude al fomento activo de colaboradores inquietos, persistentes y proactivos, que no dejen transcurrir el tiempo a la hora de la acción y que insistan en los proyectos que están llevando adelante. En otras palabras, se trata de potenciar las habilidades comunicacionales y motivacionales del equipo a fin de que no acepte un no por respuesta, que sea recursivo y resolutivo y que busque lograr acuerdos internos y externos sin quedarse con negativas de sus contrapartes.

De la mano con lo anterior, es menester premiar la OSADIA de tomar decisiones ante la incertidumbre, no a ciegas, por supuesto, sino basándose en la confianza en la suficiencia de quienes conforman el grupo humano de trabajadores. Por tanto, estos arrojos no deberían circunscribirse a la conducción. Más bien correspondería que se expandiesen lateral y verticalmente por el staff, habilitando a todos a cierto grado de autonomía, de pensar y resolver situaciones por sí mismos. Al respecto, conocí un empresario que me dijo: “Lo peor que me puede pasar es que un empleado tenga miedo de hacer algo”.  Pues la delegación de poder y responsabilidad optimiza el aprovechamiento del bien más importante de todos: el tiempo.  

Finalmente, contar con CAPACIDAD DE REALIZACIÓN significa sembrar en los integrantes de la pyme una sana ambición de crecer junto con la empresa. Un ejemplo de acción en esta dirección es la selección de personal interna ante nuevas vacantes.

Consecuentemente, esto deviene en el uso y la gestión eficiente de los recursos humanos y materiales. En pos de ello, es importante contar con miembros que logren ADMINISTRAR los capitales que gestionan, ya sean las propias herramientas de trabajo, las oficinas y equipos informáticos, los viáticos o cualquier otro.

Cabe destacar que todo lo antedicho tiende a suscitar el movimiento constante al interior del negocio, ya que toda cultura emprendedora no se enamora ni se aferra a una fórmula de éxito. Al contrario, es más esencia que forma. En otros términos, así como el agua es el motor de la naturaleza, la cultura es la fuerza motriz de toda empresa.

Citando de nuevo al gran Andrés Ciro Martínez: “Si ser lo mismo es virtud, vos sabes bien que también es quietud. No hay que viajar a otra dimensión, para escuchar lo que suena mejor, dentro tuyo”.

Y es a esto a lo que lo invito estimado empresario pyme.