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La defensa de los intereses regionales

El anuncio de la aplicación de un régimen de promoción para la generación de puestos de trabajo acompañado de un esquema de reducción de aportes patronales para las provincias del Norte Grande Argentino debe enmarcarse en las urgencias de una región que padece históricas asimetrías estructurales y que necesita mantenerse unida en la defensa de sus intereses.

Si se tiene en cuenta el demorado desarrollo que en pleno siglo XXI muestran las diez jurisdicciones que forman parte del norte argentino, comparado con la zona central del país, y se reconoce la necesidad apremiante de contar con herramientas que permitan avanzar sin pausas en el camino marcado por la agenda regional, entonces no deja de ser una buena noticia el anuncio que el presidente de la Nación, Alberto Fernández realizó en San Fernando del Valle de Catamarca. Y es también, a la vez, una gran oportunidad para que esta integración subregional logre amalgamar iniciativas de los Estados, las empresas, las universidades, la sociedad civil y todas aquellas instituciones que, de una manera u otra, tienen interés en sumarse al esfuerzo y trabajo perseverante que demandan los procesos de integración. No son desafíos fáciles los que esperan a esta gran región que, con más de nueve millones de argentinos, ocupa casi el 30 por ciento de la superficie del país. Se necesitan fuertes liderazgos para que los sueños de una vida mejor de esos millones de habitantes, muchas veces postergados por los vaivenes de la economía nacional, se hagan realidad. Ya no alcanza con apuntar el dedo acusador hacia el viejo centralismo que, a pesar de su muy avanzada edad, sigue gozando de muy buena salud. Basta observar el escaso o nulo interés que la agenda mediática nacional dedicó a las sucesivas reuniones de los gobernadores de la región para comprobar que se está frente a una constante histórica que se resume en el antiguo dicho que habla de un dios que es omnipresente, pero que al fin y al cabo, sólo atiende en Buenos Aires.

Los avances y retrocesos en el desarrollo de las provincias de Chaco, Corrientes, Formosa, Misiones, Catamarca, Tucumán, La Rioja, Jujuy, Santiago del Estero y Salta dependerán en gran medida de la inteligencia y capacidad que los propios actores del bloque regional tengan para comprender que la clave del éxito está en la defensa de los intereses comunes y que las lógicas diferencias que se pueden plantear desde cada jurisdicción no deben ser un obstáculo insalvable para un proceso de integración que debe mostrar avances concretos a una sociedad que tiene la necesidad de contar con más y mejores oportunidades de empleo que se traduzcan en un mayor acceso a la educación, la salud y la vivienda por parte de amplios sectores de la población que figuran en muchos indicadores como el grupo humano más pobre del país.

Una investigación realizada en forma conjunta entre la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), por ejemplo, advierte sobre los niveles de pobreza en el noroeste argentino, donde se observan altos porcentajes de hogares con necesidades básicas insatisfechas, principalmente asociadas al mercado de trabajo, el acceso a salud, la seguridad social y la educación. El estudio también comparó la situación del NOA con la de la Ciudad de Buenos Aires, y alertó sobre la fuerte brecha que se observa entre ambas regiones del país. Se puede afirmar que, lamentablemente, la situación en el NEA no es muy diferente a esa realidad, tanto en las zonas urbanas como en las áreas rurales donde las faltas de oportunidades laborales, que vienen desde muy lejos, se acentuaron con el fenómeno de la menor absorción de mano de obra en los campos producto de una acelerada mecanización que dejó rezagado al trabajo manual. La fuerte migración de familias de escasos recursos hacia la periferia de las ciudades más pobladas tuvo, en ese sentido, una directa relación con el cierre de fábricas y plantas desmotadoras que caracterizó a buena parte de la historia reciente de la región.

El Norte Grande necesita nuevas políticas públicas que impulsen el desarrollo con equidad de la región, para que en los próximos años pueda aportar su enorme potencial al servicio de la creación de la riqueza del país.

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