Infancias en el mundo digital
Los principios básicos para el desarrollo de medidas para la protección de niños y niñas en Internet son el derecho a no discriminación, el interés superior del niño, el derecho a la vida, a sobrevivir y al desarrollo, y el derecho a ser escuchados. Así lo advierte el Comité de Derechos del Niño de la ONU que subraya la necesidad de que los Estados desarrollen políticas públicas y estrategias para proteger los derechos de las infancias en el entorno digital.
El extraordinario avance de las nuevas tecnologías permitieron que amplios sectores de la población tengan acceso a entornos digitales. Familias enteras conviven con este nuevo escenario y por eso se dice que mientras los hijos se han convertido en nativos digitales, la mayoría de los padres son inmigrantes en este nuevo mundo tecnológico.
Sin embargo, algunos expertos observan que el hecho de que muchos niños dominen estos nuevos medios, no debe hacer olvidar que siguen siendo menores de edad y, por lo tanto, necesitan un entorno familiar de contención que los ayude en su desarrollo como persona.
Con este planteo como punto de partida, el Comité de Derechos del Niño de la ONU comenzó a trabajar en la redacción de una Observación General sobre los derechos de niños, niñas y adolescentes en relación al ámbito digital. Luego de preparar un borrador sobre el tema, envió el texto a distintos países —entre ellos, la Argentina— para que los sectores interesados en la temática planteen sus puntos de vista sobre la problemática.
Cabe recordar que el Comité de los Derechos del Niño es un organismo de las Naciones Unidas que tiene la función de monitorear los progresos realizados en el cumplimiento de las obligaciones contraídas por los Estados partes que ratificaron la Convención sobre los Derechos del Niño. Nuestro país ratificó la misma en en el año 1990 y en 1994 le otorgó rango constitucional. Por eso el Estado nacional está obligado a garantizar todos los derechos establecidos en ese tratado internacional a todos los niños, niñas y adolescentes que viven en nuestro país.
En todo el territorio nacional viven más de 13 millones de niños, niñas y adolescentes. Según un relevamiento realizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para conocer hábitos y percepciones de este sector de la población en relación con las nuevas tecnologías de la comunicación, seis de cada diez niños emplean el celular para comunicarse y ocho de cada diez utilizan todos los días la red Internet.
El estudio, titulado “Chicos en línea”, observa que estas tecnologías impactan en sus modos de relacionarse con otros, conocer, aprender, expresarse, entretenerse y comunicarse. Por eso se afirma que algunas actividades cotidianas como jugar o conversar en línea, buscar y compartir información y contenidos, funcionan como un marco general que influye en lo que algunos expertos denominan ejercicio de ciudadanía digital.
Antes de avanzar con estos conceptos, es necesario recordar que esta problemática está relacionada con un sector de la población conformado por familias que tienen acceso regular a estos servicios, es decir, que tienen ingresos como para pagar por ellos. Pero hay otra realidad que es más preocupante aún: la que revela que más de la mitad de los niños del país son pobres y, por lo tanto, quedan al margen de los problemas y desafíos que plantea el mundo digital. Se trata de una realidad que duele y que, sin dudas, merece también respuestas urgentes.
Volviendo al tema más específico que nos ocupa en esta oportunidad —el de los desafíos de las tecnologías digitales y su impacto en las infancias— debe señalarse por otra parte que la irrupción de la pandemia de Covid-19 acentuó los hábitos mencionados y por eso es necesario prestar atención y, a la vez, poner estas cuestiones en un lugar central de la agenda pública para que legisladores, defensores y otros organismos e instituciones encargados de velar por el bien de la comunidad profundicen la defensa de los principios básicos enumerados en el comienzo de esta columna, a fin de garantizar siempre y en toda circunstancia el interés superior de los niños, niñas y adolescentes.










