Que tienen en común las bombas atómicas y el Scalectrix
Pensar en calculadoras o computadoras está asociado a la electrónica. Quien más o quien menos tiene alguno de estos dispositivos a mano y es tan natural que olvidamos cómo eran las cosas hace unas pocas décadas.
Hoy se dice que hay una "app" para cualquier actividad que implique cálculos de ingeniería. Es todo tan fácil como tomar el teléfono celular, introducir datos y ver el resultado.

La calculadora de bolsillo no existía para los pilotos designados para arrojar bombas atómicas ni tampoco para sus hijos aficionados al "Scalectrix", una marca registrada que se volvió el nombre genérico para los autos eléctricos a escala y sus pistas denominados "slot" (ranura) por la manera en que recibían la electricidad y circulan por el trazado.

Es un hobby que apasiona a grandes y chicos y su complejidad va creciendo en función de la edad.

Los pilotos precisaban saber el alcance del daño del artefacto que llevaban a bordo y como todo estaba rodeado de secreto sólo podían saber qué transportaban una vez en vuelo abriendo un sobre sellado que recibían cuando ya tenían los motores de sus aviones en marcha.
Para un piloto era muy útil saber qué tamaño tendría el hongo atómico y su radio de alcance en cuanto a onda expansiva y radiación.
Los aficionados a los autos Scalectrix utilizaban una herramienta idéntica para calcular velocidades y promedios en la escala de sus coches y en función del largo de la pista. De esa manera no había que devanarse los sesos con complejas matemáticas en medio de la diversión.

Es parte del atractivo de este hobby íntimamente ligado al mundo del deporte automotor que hoy alcanza niveles impensados con procesadores que hacen aquellos cálculos de manera digital por medio de sensores en las pistas, claro que sin el encanto de aquellas calculadoras de cartón duro.










