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CARTA DE LECTORES

Ocupar el gobierno no es detentar el poder

Señor director de NORTE:

Las imágenes de las agresiones al presidente de la Nación y las personas que lo rodeaban, en ocasión de una visita solidaria al pueblo de Chubut que sufre la tragedia de las llamas provocadas por manos anónimas, nos dan muestras palpables de que enfrentamos algo más que las meras coyunturas de crisis económica por sobrendeudamiento y crisis sanitaria por pandemia. 

Son las máximas instituciones de la república las que se hallan en peligro por diversas causas que no corresponden analizar en este breve comentario, pero que demuestran la vulnerabilidad de las mismas.
Hoy, sin ningún tipo de previsión en lo que a seguridad se refiere, el presidente de la Nación fue puesto en riesgo de vida o por lo menos de su integridad física, lo que no se produjo por la sencilla razón de que quienes provocaron el incidente no tenían ese objetivo o carecían de la logística suficiente como para llevar adelante un acto extremo.

No obstante, el episodio deja al desnudo las ausencias de adentro y de afuera. Del propio gobierno Nacional pues carece de personas idóneas para proteger al presidente de la Nación, sean funcionarios políticos o expertos de seguridad. O simplemente lo han hecho ex profeso.

De afuera, el gobierno provincial anfitrión, desprotegió totalmente a la máxima autoridad política en ejercicio del país. Por acción u omisión, existió traición.

Desde lo social, la descomposición del componente es evidente, pues quienes llevaron adelante el repudiable acto, por la información difundida prima facie —después la investigación de los hechos podrá descubrir otras cuestiones— lo han hecho para manifestar su repudio a la mega minería, cuestión que si bien es trascendente y los afecta, no puede anteponerse a la tragedia presente de familias desbastadas por los incendios forestales. 
No era el momento ni el lugar donde expresarse.

Como ciudadano, levanto mi voz de alarma frente a este desmesurado acto que nos enfrenta a un panorama de intolerancia, caos, improvisación frente al manejo territorial de las situaciones normales y de debilidad institucional.

Como peronista exijo la inmediata convocatoria del Consejo Nacional y Congreso Partidario, pues la ausencia de estrategias para acompañar la gestión del gobierno nacional es el reflejo de un partido carente de posiciones críticas, poblados de gobernadores y legisladores funcionales a sus propias ambiciones personales e incapaces de constituirse en los tripulantes idóneos que lleven la nave a buen puerto y a sus pasajeros a destino.

El peronismo debe darse un debate y profunda reflexión para no caer en el simple rejuntado que constituyó el gobierno precedente que terminó siendo funcional a los que eternamente se apropian de las riquezas de los argentinos y destruyen los sueños de las clases populares.

No solo es necesario replantear la estrategia territorial en tanto duren las crisis“visibles”sino que en fiel respeto al legado de Juan Domingo Perón, se debe explicitar el Plan Plurianual del Gobierno y las acciones concretas que sucederán en el futuro inmediato y que lleven a encaminar a nuestra nación a su destino de potencia regional. 

Y para ello, deberá convocar a los mejores hombres que orienten las ideas dentro del marco ideológico del justicialismo, sugieran la corrección de los actos fallidos que desvirtúan lo doctrinario, todo ello en el contexto de los tiempos actuales, sin caer en dogmas ni fundamentalismos, pero tampoco en desvíos trágicos como los acaecidos en la década 90.

La ciudadanía confió en el justicialismo para este proceso de restauración de una nación arrasada. 

Debemos como movimiento y como partido de gobierno, exigirnos hasta nuestras máximas posibilidades para no defraudarla.  

ANGEL ALBERTO RODRIGUEZ
Resistencia 

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