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Soy yo, sos vos: conexiones

La RAE define a propio “que pertenece de manera exclusiva a alguien”. ¿Son las decisiones, oportunidades, experiencias en general de nuestra vida, exclusivamente nuestras, o el otro tiene un coprotagonismo necesario? Quietos ahí! defensores del destino, la suerte y las profecías, que algo de eso también hay. Según la RAE, destino es “una fuerza desconocida”.

Lo primero que vi al llegar a este histórico lugar, fue la cancha del básquet, detrás está el Coliseo Romano. Pude apreciar el significado y la belleza de ambas cosas, en el mismo punto de mi única visión.

¿Entonces, si el destino es una fuerza desconocida, y lo propio es algo que nos pertenece exclusivamente, en qué porcentaje somos los que decidimos sobre los hechos de nuestra existencia, y qué lugar ocupa el otro?

Recuerdo las primeras semanas de clases en el instituto de periodismo, cuando la directora de la carrera -Laura- llegó a contarnos sobre una oportunidad para hacer nuestras primeras experiencias en los medios. Me anoté, sin dudarlo –ni pensarlo- para formar parte de un programa de radio que cubría toda la Liga Rosarina de Fútbol. Mi primer partido designado (tres categorías a cubrir) Juan XXIII- Rosario Central (o eso dice mi memoria).

La cancha de Juan XXIII, el local, quedaba en línea -casi recta unas 20 o 30 cuadras de mi departamento. El día anterior, nos habíamos reunido con mis compañeros para hacer un trabajo y me agarró un ataque de ansiedad: me puse a llorar. Martín, uno de mis compañeros, a quien siempre lo distinguió una capacidad de entender al otro, me preguntó qué pasaba, qué me daba miedo.

Le respondí: ¿Cómo voy a hacer para sacar las formaciones? Con su otra gran cualidad: la sinceridad, me dijo: no vayas entonces. -No, no puedo desaprovechar esta oportunidad, dije Vi los tres partidos desde una esquina de la cancha, anote todo. Cuando el árbitro terminó de ducharse –luego de tres partidos- me acerque al vestuario a pedir las formaciones. Algo vio de desesperación –supongo- en mi cara, y me dio las planillas.

Para algunos es suerte, para otros solo el reflejo de la lluvia, pero a todos nos parece hermoso un arcoíris.

Era el año 99, no había celular para fotos, a copiar a mano. Corrí a una cabina, llamé y di mi informe. Fueron cuatro años cubriendo la liga y también inferiores de AFA. Al tiempo, me sumé como comentarista de las trasmisiones principales y hacía campo de juego (si al mismo tiempo), estaba antes que el árbitro en la puerta de los vestuarios para pedir la formación.

***

Viajemos del inicio de los 2000, unos 20 años. Viernes en el gimnasio, estoy más sola que Messi en el Barcelona. Pienso: cuánto hay de mi perseverancia, mis ganas de tener salud (física y mental) en mi cambio, y pienso –en un primer momento- que lo veo sin necesidad de verlo, en el otro.

Después pienso: no, no puedo depender de la mirada del otro como medida. Me siento vital, me siento mejor. No me enfermé en una época en que eso es algo así como sacarte la lotería y el Quini 6 juntos. Entonces, ¿soy yo o sos vos?

Espejito, espejito 

Las neuronas espejo o neuronas especulares son las células nerviosas de nuestro cerebro encargadas de imitar las acciones que inconscientemente llaman nuestra atención.

Los expertos en neurociencia suponen que estas neuronas desempeñan una función importante dentro de las capacidades cognitivas ligadas a la vida social, tales como la empatía -capacidad de ponerse en el lugar de otro- y la imitación, fundamental en los procesos de aprendizaje.

De aquí que algunos científicos consideran que la neurona espejo es uno de los descubrimientos más importantes de las neurociencias en la última década. Las neuronas espejo son consideradas como el transmisor del mensaje de un mundo externo al cerebro (*) Darse cuenta de lo que le pasa al otro suena como una tarea variable y difícil.

Sin embargo, a partir del año 1992, en que Giacomo Rizzolatti de la Universidad de Parma describió las neuronas en espejo, se comenzará a explicar diferentes actividades neurológicas que pueden llevar a cabo a comprender la actividad de contemplar a otro. Esta tarea se describe como la “cognición social”, que consiste en sentir y luego poder hacer consciente lo que le pasa a otra persona.

Las neuronas especulares generan una actividad primitiva sobre lo que se observa, que posiblemente se realiza primero en forma inconsciente y luego se transforma en pensamiento. Se comenzó a conjeturar por analogía que en la activad observada en humanos se puede activar la corteza no sólo en el que la realiza un acto, sino también en el observador.

El conocimiento de estas neuronas especulares se ha llegado a comparar con el descubrimiento del ADN y ha puesto en discusión la importancia y comprensión del concepto de cognición intersubjetiva que se expresa en la teoría de la mente (que es entender lo que le pasa al otro). Pero además, como en el humano esta zona se relaciona con el lenguaje de expresión, se asoció a esta área con la posibilidad de entender lo que le pasa al otro. Esta red invisible de neuronas “permiten aprender de los demás”. Entonces: ¿Soy yo, pero también sos vos?, ¿o somos una conexión? ¿Es lo único que existe como explicación, o también hay una fuerza desconocida?

Conexiones

Dice Arthur Shopenauer: “Porque la marcha de nuestra existencia no es solamente obra propia: es el producto de dos factores. A saber: la serie de acontecimientos y la serie de nuestras decisiones, que sin cesar se cruzan y modifican constantemente”.

Por qué algunas personas que recién conocemos parece que hace mil años están en nuestra vida. Por qué es más sencillo “conectar” con unas y no con otras. Conectar está definido como “unir o poner en contacto dos o más cosas, para que entre ellas se establezca una relación o una comunicación”. ¿Esta comunicación podría ser el lenguaje generado de una forma única y “propia” de relacionarnos, de vernos en el otro? ¿Es esta conexión, el alfabeto, el código común, o es cosa del destino? El famoso hilo rojo.

Roy Mukamel de la Universidad de California las ha detectado en el hipocampo (zona que acumula y recupera los recuerdos) y en la zona premotora del humano. Esto incluye la posibilidad de que las neuronas motoras se activen cuando se piensa en el movimiento y cuando se contempla a otro, pero además explicaría ciertas conductas imitativas que realizamos en forma inconsciente en un proceso de identificación. Podríamos incluir la explicación de los procesos de empatía emocional como los de tacto (cuando se conoce una persona). Asimismo, podrían ser causa de los procesos de comprensión de lo que siente el otro**.

Encuentros

Hay muchas cosas que –por mucha investigación científica que haya, que aporta a nuestra salud- no podemos explicar. ¿Por qué si tenemos los mismos valores, si vemos reflejadas las creencias en otro, no podemos encontrarnos? ¿Porque a veces nos sentimos inferiores o nos sentimos superiores? ¿Quién tiene la razón?

No podemos culpar al algoritmo de Facebook por nuestros encuentros o desencuentros, siempre. Fuera de las redes sociales hay vida, la vida. La comunicación no solo depende del hilo rojo, de las neuronas espejos, o de las mismas creencias, o experiencias, también depende de la capacidad de sabernos y reconocernos diferentes. Depende de que quizás yo puedo mirar lo mismo de otra forma, y tener otra forma de hacerlo, y eso no nos hace enemigos. Depende de lo que vemos en nosotros y estamos dispuestos a ver en los demás.

Las coincidencias internas y externas, no son un match en Tinder (otra vez el algoritmo), se puede pensar igual y actuar diferente ante una idea, el club del que te hiciste hincha, una posición política o social. Mirarnos, observarnos, escucharnos, no solo porque las conexiones neuronales dicen que así será, sino porque realmente vemos al otro, y nos vemos en el otro. Soy yo, sos vos, y nuestras conexiones. “Depende ¿de qué depende? De según como se mire, todo depende”

***Universidad Privada Telesup, Perú.

** Canción de Jarabe de Palo “Depende”.

*Luis Ignacio Brusco. Médico, investigador y educador argentino especializado en Neurociencia.

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