Astor Piazzolla: el bandoneonista que abrió la grieta en el tango
Fue injustamente rechazado por la gran mayoría de tangueros ortodoxos y conservadores de la época por su renovación del género.
Como en todo movimiento cultural, género musical o ideario estético, hay diferentes corrientes, gustos o ideas. Sus generadores y sus seguidores pueden estar más o menos de acuerdo, tomar caminos alternativos y hasta alejarse del grupo, sin perder el sentido de pertenencia.

Tal es el caso del lugar que Astor Piazzolla ocupó dentro del tango. El músico, que nació el 11 de marzo de 1921, tuvo un origen bien tanguero, como uno más, aunque siempre tuvo más curiosidad e inquietudes que la mayoría de sus pares.
Nacido en Mar del Plata, pero criado en Nueva York, recibió un bandoneón a los seis años, pero soñaba con tocar la armónica, un instrumento más acorde para sus correrías en las calles más bravas de la ciudad norteamericana en la década de 1930 y solía reconocer que allí “me hice peleador. Y quizá eso haya marcado también mi música”.
Sus arreglos de tangos clásicos y sus composiciones tangueras generaron muchas críticas y detractores, con la absurda etiqueta de “Esto no es tango”.
Y se abrió una grieta entre sus fanáticos y sus “enemigos”, como si lo que hacía Piazzolla mereciera una condena penal, más que una mera cuestión de gustos.
El bandoneonista pasó a ser el enemigo de muchos tangueros, y, fiel a su esencia peleadora, Piazzolla no dejó de provocar, ni con su música ni con sus declaraciones.
LA GRIETA DEL TANGO
La grieta del tango le costó a Piazzolla que no pudiera entrar con su música en ciertos ambientes tradicionales, que fuera discriminado en radios y programas de tango y que sea considerado “mala palabra”.
De un lado quedaron los tradicionalistas, que no le perdonaron nunca sus osadías y siguen defendiendo el tango de la época de oro, los años ’40; y del otro, él y sus herederos.
Piazzolla cumplió uno de sus sueños: que lo sigan escuchando en 2020 y sin duda se lo seguirá haciendo más allá de 2021.











