El reinicio que anuncia Davos
“El mundo no volverá a ser como antes”, reiteró hace pocos días el presidente de la República Popular de China, Xi Jinping. El líder del gigante asiático empleó esa misma frase en su discurso de inauguración del Foro Económico de Davos, el espacio creado por el empresario y economista alemán Klaus Schwab quien acuñó el término “El Gran Reinicio” para plantear la necesidad de un nuevo orden global tras la pandemia de Covid-19.
¿Qué dirección tomará el mundo tras la crisis global generada por la pandemia? Sin caer necesariamente en oscuras teorías de conspiraciones hay quienes sostienen que existen grupos con intereses trasnacionales poseedores de suficientes recursos y capacidades para moldear la sociedad a escala global.
Dando por sentado que eso es posible, queda por saber si el nuevo orden que se impulsa -especialmente el económico- será un maquillaje más presentable del que está vigente o, realmente, permitirá generar cambios estructurales que se traducirán en una menor pobreza y mayor calidad de vida para la gran mayoría de la población mundial
. Según Klaus Schwab, “la pandemia representa una oportunidad, inusual y reducida, para reflexionar, reimaginar y reiniciar nuestro mundo y forjar un futuro más sano, más equitativo y más próspero”.
El fundador del Foro de Davos sostiene, además, que “para obtener un mejor resultado, el mundo debe actuar conjuntamente y con rapidez en la renovación de todos los aspectos de nuestras sociedades y economías, desde la educación hasta los contratos sociales y las condiciones laborales”.
“Deben participar todos los países, desde los Estados Unidos hasta China, y deben transformarse todos los sectores, desde el gas y el petróleo hasta el de la tecnología. Dicho de otro modo: nos hace falta un Gran Reinicio del capitalismo”, agrega Schwab.
¿Qué pasará, entonces, con el sistema financiero global? ¿Dejará de estar tan divorciado de la economía real? ¿Se desalentaran todas aquellas actividades que, con el modelo actual, producen dinero sin producir riqueza? ¿Qué sucederá con los sofisticados instrumentos financieros que promueven la especulación, en detrimento de la producción y el empleo? ¿En el nuevo orden, los paraísos fiscales seguirán gozando de buena salud? ¿Qué ocurrirá con las deudas soberanas de países que cayeron en las redes de poderosos grupos financieros internacionales? ¿La actividad financiera continuará con el altísimo grado de desregulación que favorece a unos pocos y perjudica a miles de millones de trabajadores que viven al día en todo el mundo?
“Debemos forjar unos cimientos completamente nuevos sobre los que sustentar nuestras sistemas económicos y sociales”, dice Klaus Schwab y agrega: “para ello se requiere un nivel de cooperación y ambición sin precedentes, pero no es un sueño imposible. Es más, un aspecto positivo de la pandemia es que nos ha enseñado que podemos introducir cambios radicales en nuestro estilo de vida con gran rapidez. La crisis obligó, casi de forma instantánea, a empresas y particulares a abandonar prácticas que durante muchos años se habían considerado esenciales, desde el uso frecuente del transporte aéreo hasta el trabajo en la oficina”.
En nuestro país, el periodista especializado en comunicación de la ciencia, Esteban Magnani, escribió un artículo en el que puso la lupa sobre las criptomonedas, más específicamente sobre el Bitcoin, señalando que se trata de un invento que sirve para especular resolviendo problemas criptográficos que no produce ninguna riqueza. Para sostener lo que dice, dio a conocer una reciente investigación de la Universidad de Cambridge que revela que el consumo eléctrico que demanda la gestión del Bitcoin en un año es similar al consumo eléctrico anual de un país como la Argentina.
“A medida que crece la expectativa de ganar dinero, compite más gente por “minar” nuevas criptomonedas y aumenta el gasto energético en una espiral acelerada”, observa Magnani, alertando sobre el incremento del consumo de electricidad para generar estas monedas con el consiguiente daño ambiental y, como si eso fuera poco, sin resultados que se traduzcan en beneficios tangibles para la comunidad.
¿El gran reinicio que plantea el impulsor del Foro de Davos condenará las prácticas especulativas y permitirá a los países volver a la senda del trabajo y la creación de riqueza, con la mira puesta en la construcción de sociedades más inclusivas? Habrá que esperar un tiempo para comenzar a ver cómo se configura el nuevo escenario mundial. Por ahora, son más las preguntas que las respuestas.










