Apartheid de vacunas
Vacunar a la mitad más pobre de la humanidad contra el coronavirus podría costar menos de lo que las diez mayores compañías farmacéuticas ganan en cuatro meses. Así lo asegura la organización humanitaria internacional Oxfam, que lleva adelante una campaña para pedir que las vacunas, pruebas y tratamientos estén libres de patentes y se distribuyan en forma equitativa en todas las regiones del planeta. Por su parte, la directora ejecutiva de ONUSIDA y Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas, Winnie Byanyima, dijo que la vida de las personas debe estar por encima de los beneficios y que se debe evitar que se consolide un apartheid mundial de vacunas.
Byanyima, es una ingeniera aeronáutica, diplomática, activista y política ugandesa. Hace pocos días aseguró que nueve de cada diez personas que viven en los países más pobres del mundo pueden quedarse sin vacunas este año y advirtió que las consecuencias de esta situación deberían preocupar a todos los gobiernos.
En mayo del año pasado, cuando la mayoría de los desarrollos de vacunas estaban en su etapa inicial, Oxfam anticipó que los países ricos y las grandes empresas farmacéuticas, impulsados por intereses nacionales o privados, podían impedir o retrasar que la vacuna llegara a las personas en situación de vulnerabilidad, especialmente las que viven en los países en desarrollo. La advertencia, lamentablemente, se cumplió. Según esa organización humanitaria con sede en el Reino Unido, cerca de 3.700 millones de personas, es decir la mitad de la población mundial con menos recursos, deberá esperar más tiempo para poder acceder a campañas de vacunación masivas en sus países.
La organización Médicos Sin Fronteras también comparte el diagnóstico y asegura que se observa un escenario con enormes tensiones y negociaciones poco transparentes, donde los países que más pagan son los que más población tienen vacunada y las farmacéuticas operan mediante acuerdos de compra bilaterales secretos.
Otra de las voces que planteó el problema de la desigualdad con las vacunas es la del prestigioso historiador israelí, Yuval Noah Harari, quien denunció la existencia de un “nacionalismo de la vacuna” que genera una desigualdad global entre los países que pueden inmunizar a su población y los que deberán esperar más tiempo para hacerlo. “En tanto el virus se siga diseminando en cualquier lugar, ningún país puede sentirse seguro de verdad. Supongamos que Israel o el Reino Unido tienen éxito y erradican el virus dentro de sus fronteras, pero el virus se sigue expandiendo entre cientos de millones de personas en la India, Brasil o Sudáfrica. Una nueva mutación de algún remoto pueblo brasileño podría volver ineficaz la vacuna, y ocasionar una nueva ola de infecciones”, alertó el historiador.
Un informe del Instituto de Salud Global de la Universidad de Duke, en tanto, señala que un grupo de países de altos ingresos donde vive el 16 por ciento de la población mundial había reservado en enero pasado el 60 por ciento del suministro mundial de vacunas.
Frente a este panorama, Médicos Sin Fronteras y otras organizaciones no gubernamentales proponen que se suspendan temporalmente las patentes que tienen las grandes farmacéuticas hasta lograr la inmunidad de grupo mundial. Cabe recordar que una patente de invención es un derecho exclusivo que conceden los Estados al creador de una invención, por el cual se impide a terceros no autorizados realizar actos de fabricación, uso, oferta para la venta, venta o importación del producto. Contrariamente a lo que sostienen algunos comunicadores, que defienden los intereses de los gigantes de la industria farmacéutica, hay antecedentes de suspensión temporal de patentes de laboratorios. En en el año 2001, en plena pandemia del VIH Sida, los Estados llegaron a un acuerdo con las farmacéuticas y se logró establecer un mecanismo para permitir a los países que producían medicamentos genéricos suministrar los fármacos a otros países que carecían de la capacidad de fabricación necesaria para producirlos ellos mismos.
¿Se podrá repetir esa experiencia? Parece difícil. Al menos por ahora. Si bien es justo reconocer la propiedad intelectual a los propietarios de las patentes, hay un dato que no debe pasar por alto a la hora de analizar el problema: el desarrollo de las vacunas contra el Covid 19 fue posible, en gran medida, gracias a una financiación con recursos de los Estados sin precedentes que permitió avanzar en investigación y desarrollo, ensayos clínicos y la fabricación de las vacunas.










