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Pasar de tierras abandonadas a lotes cargados con soja y sorgo

En primera persona: el caso testigo de una productora agropecuaria y técnica del interior chaqueño, que logró transformar un sistema tradicional de producción.

LAS GARCITAS (Por Hipólito Ruiz). En el Lote 20 de Las Garcitas, hay una historia que se comenzó a escribir hace ocho años, y de la mano de una mujer. Eran tierras abandonadas, que habían sido dedicadas al monocultivo del algodón. Con el correr de los años se llenaron de malezas. Y hasta crecieron arbustos. El panorama era de abandono y la familia dueña del campo se dedicó de lleno a la ganadería.

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La ingeniera Alicia Rodich en un lote de soja, que apenas ocho años atrás estaba cubierto de arbustos y malezas.

Pero cierto día, una valiente mujer que, a no dudarlo, tiene un carácter muy particular, con el título de ingeniera agrónoma en manos, pidió hablar seriamente con su padre, don Jorge Esteban Rodich: “Déjame probar en estas tierras que son improductivas, voy a incursionar en la agricultura”, le dijo Alicia Rodich. Y el padre no tuvo otra opción que dejar que su hija emprenda este desafío.

EL DURO PRIMER PASO

El sí no significaba que todo sería magia. Nada fue fácil, porque en seis años de estar improductivas, los predios se llenaron de aromitos, o espinillo blanco, y había que sacarlos y trabajar la tierra. “Con mucho esfuerzo lo hicimos”, dice a NORTE RURAL la ingeniera Rodich.

Después de seis años volvió a confiar y apostar al cultivo de algodón, retornando a sus orígenes, ya que su familia era netamente algodonera. Pero no fue fácil retomar la tarea de productora. “Yo siempre recalco que el productor lo último que pierde son las esperanzas. Es un ejemplo como apuesta una y otra vez al campo”, dice convencida de sus palabras.

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Su madre, Estela Sabadini, es su compañera inseparable en las recorridas por los lotes y en los quehaceres del campo.

Don Jorge Rodich, hijo de un productor algodonero, sembró algodón hasta el 2013 y en la campaña 2018/2019 su hija Alicia siguió sus pasos y tuvo sus logros con el algodón.

“El productor puede perder todo en una campaña… pero para la próxima ya está sembrando nuevo cultivo, nuevas esperanzas, nuevas expectativas, nuevos sacrificios. Es así, y te lo digo con una emoción profunda”, comenta.

“UNA SOJA TAN ALTA QUE CASI NOS TAPA”

Para esta campaña, Alicia Rodich sembró el 8 de diciembre pasado un lote de soja con la variedad DM Garra Ipro Sts. En este lugar, desde el momento de la siembra hasta a actualidad, recibió un total de 450 milímetros de lluvia.

“Es una bendición, ya que el desarrollo ha sido extraordinario y con las aplicaciones y cuidados que le hicimos, hoy tenemos unas plantas que superan el metro setenta centímetros en algunas partes”, muestra al caminar junto a su madre y a su padre por el lote.

“Mi mamá se perdió entre las plantas… son re altas, muy buena variedad para esta zona, es la primera vez que probamos con estas condiciones y con esta variedad, que es garra, igual que quien habla ahora”, bromea, autocalificándose como una luchadora en todo sentido.

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Tradición algodonera que se alterna

LAS GARCITAS (Enviado especial). Cuenta la productora que, en 2014, “mi familia cumplió cien años sembrando algodón en forma ininterrumpida aquí en Las Garcitas”. Alicia es productora, madre de dos hijos, por lo que divide tareas entre sus funciones de esposa, madre, técnica y productora.

“Hoy puedo decir con orgullo que hicimos posible que el oro blanco vuelva a Las Garcitas, al departamento Sargento Cabral y a mi familia”, dice con orgullo.

EMOCIONES

Estas emociones tienen muchas razones para aparecer. La última vez que se hizo algodón en el departamento Sargento Cabral fue en la campaña 2014/2015. Su familia hizo en la campaña 2013/2014 y en esa fecha el clima no acompañó bien a ningún cultivo de la zona, tal es así que se dejó que rebrote para poder sacar apenas 700 kg/ha.

“Desde ese día, mi familia se dedicó exclusivamente a la ganadería y ese año se cumplieron cien años desde la primera entrega de algodón de mis abuelos Rodich”, comenta.

UN REGALO PARA EL CORAZÓN

Alicia cuenta una anécdota de familia: su padre Jorge viene de una familia algodonera por tradición. Su padre Pedro Rodich (bisabuelo de Alicia) ganó el segundo premio algodonero de la campaña 1914-1915, otorgado por el Museo Agrícola de la Sociedad Rural Argentina. Y llegó al punto de dejar el cultivo, por el cual llegó a sembrar 800 hectáreas, a causa del clima, que hizo que lo perdiera todo. Así, don Jorge sentía pena cada vez que le tocaba andar por estos lotes, llenos de malezas y de aromos.

Poco tiempo después, a don Jorge Rodich le aconsejan un tratamiento médico, que implica dejar su vida de compromiso con el campo; la familia entiende que su salud es una cuestión prioritaria.

Alicia pensó para sí misma: “Voy a sembrar algodón, le voy a dar el gusto a mi padre, cueste lo que me cueste”. Y lo hizo.

Una tarde de enero, cuenta su esposa Estela, al pasar por esos lotes que antes estaban taponados de malezas y arbustos, había algodón, sembrado por su hija. Don Jorge se emocionó hasta las lágrimas.

“Eso le hizo muy bien anímicamente, y ahora se lo ve sonriente, optimista, porque estamos siguiendo la tradición algodonera”, dice la ingeniera agrónoma y agricultura Alicia.

EL APOYO FAMILIAR

“Sin el apoyo de mi marido Guillermo Codutti y mis hijos Bautista y Esteban, no podría seguir firme en esta tarea. No hay domingo ni feriados. Pero hoy estoy cosechando mis esfuerzos, miedos, expectativas esperanzas y no me quedan dudas de que todo esfuerzo tiene sus frutos”, dice.

Pero no solo algodón hizo Alicia, sino también soja y sorgo, además de la tarea con la ganadería, que tanto apasiona a sus padres.

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