La estratégica industria de semiconductores
Los semiconductores, también conocidos como chips, se convirtieron en bienes preciados en el mercado global. Utilizados cada vez más en la fabricación de automóviles y en cientos de dispositivos electrónicos, la demanda creció en forma exponencial en todo el planeta.
Estados Unidos y China dominan la producción de este componente. La Unión Europea, en cambio, depende de las dos potencias para poder contar con este insumo clave y por eso varios países del bloque regional declararon estratégica su fabricación.
En los últimos meses grandes empresas europeas fabricantes de automóviles, consolas
comenzaron a sufrir la falta de semiconductores lo que hizo saltar las alarmas en el bloque
regional. La respuesta no se hizo esperar y al menos 18 naciones de la Unión Europea aprobaron leyes para declarar estratégica la industria de semiconductores.
La movida también tuvo una rápida respuesta de Bruselas que aceptó destinar varios millones de euros en subsidios para atenuar la dependencia tecnológica europea de Estados Unidos y China.
¿Cómo se originó el problema? Para algunos economistas, la pandemia de Covid 19 tuvo mucho que ver ya que, a raíz del confinamiento dispuesto en la mayoría de los países, la electrónica de consumo registró una fuerte demanda, y con ella, los famosos chips.
El hecho de que millones de trabajadores se vieran obligados a realizar tareas a distancia desde sus hogares no hizo más que incrementar una demanda de computadoras y nuevos modelos de teléfonos inteligentes que impactó de lleno en las cadenas de producción de semiconductores.
En agosto pasado, el Instituto Español de Estudios Estratégicos publicó un documento en el que se advierte sobre las consecuencias de la batalla que se está librando a escala global por el dominio en el desarrollo, producción y acceso a tecnologías emergentes clave.
“Está en juego tras ello la capacidad de países y grupos de países para reducir su dependencia tecnológica y asegurar la provisión de componentes, productos, sistemas y servicios avanzados que permitan mantener su competitividad y asegurar un grado
suficiente de soberanía tecnológica”, observa el informe.
El documento señala, además, que las grandes potencias, entre ellas la propia UE en su
conjunto, en estrecha interacción con los sectores privados están librando una batalla por el control del mercado mundial, de las cadenas de suministros, y de la oferta de servicios
a los ciudadanos, protegiendo sus intereses nacionales.
En el marco de lo que algunos llaman “guerra de semiconductores”, Estados Unidos
presentó en agosto pasado una iniciativa bautizada Red Limpia que tiene como propósito
eliminar los componentes chinos de los dispositivos electrónicos estadounidenses.
Todas estas noticias muestran un nuevo movimiento de placas tectónicas de la geopolítica
global que confirman la importancia de la industria electrónica. La Unión Europea
ha tomado nota del nuevo escenario, y por eso no demoró en plantear la necesidad de un
nuevo marco regulatorio para recuperar su soberanía tecnológica.
Los países de América Latina, en tanto, que siguen sin poder cristalizar la unión regional,
seguirán siendo meros consumidores de la tecnología de otros.
“En América Latina, la mayor parte de los países son importadores netos de productos
de electrónica de consumo y solo unos pocos países han logrado producir una porción
significativa de los insumos y productos finales”, señala por su parte el documento titulado
“Desafíos y oportunidades del desarrollo de la electrónica de consumo en los países
en desarrollo: lecciones del caso argentino”, cuyos autores son los investigadores del Conicet,
Juan Eduardo Santarcángelo y Guido Perrone.
En este trabajo, los autores analizan los vínculos entre factores como el desarrollo económico y el proceso de sustitución de importaciones, y plantean que un verdadero desarrollo de la electrónica de consumo requiere de la elaboración de una estrategia integral que elabore medidas concretas para apuntalar el desarrollo económico.
En el actual contexto global la Argentina debe promover la innovación en proyectos
tecnológicos y alentar el desarrollo de componentes clave de la industria nacional para
avanzar hacia una mayor soberanía tecnológica, como lo hacen varios países de la Unión
Europea, apuntalando la producción propia de microchips, esos pequeños componentes
que son clave para casi todas, por no decir todas, las tecnologías que utilizan en la vida
cotidiana millones de personas.










