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Parrilleros y chipaceros apenas sobreviven en pandemia

Conseguir el peso para la alimentación es un calvario de todos los días para los vendedores callejeros de comida.

Las personas que subsisten con el comercio ambulante de alimentos han sido duramente golpeadas por el Covid-19, debido a que la calle dejó de existir como mercado y a la poca circulación de gente se le suma la crisis económica, un combo devastador entre el negocio de comida en la vía pública.

La inflación también afecta a los puesteros debido a que golpea el bolsillo de sus consumidores.

Al respecto, Aurelio Mercado, pollero que tiene su parripollo en la zona de la terminal de ómnibus de Rsistencia, contó a NORTE el calvario que vive a raíz del gran aumento de precios y la consecuente disminución de ventas.

“Estamos más mal que nunca”, lamentó Aurelio, señalando que lo poco que vende “nada más me alcanza para sobrevivir, el pollo está muy caro y la carne es imposible de comprar y más imposible venderla”.

En este sentido, el vendedor indicó que el pollo “hoy está entre 2800 y 2900 la caja de 10 pollos, y a ese costo no se puede recuperar ganancias, es muy difícil porque la gente no tiene plata”.

Varios puntos de venta de comidas tradicionales han tenido que cerrar sus puertas debido a los efectos económicos de la cuarentena.

A este caso, se le suma una gran cantidad de puestos callejeros de pollo, asado y el clásico choripán que, aparte de ser una microeconomía muy importante dentro del rubro de la gastronomía, tiene un fuerte componente cultural característico en nuestra región, y que por los avatares de la pandemia se encuentra desapareciendo junto con la principal fuente de ingreso de muchas familias. 

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