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La Pacha Agroturismo, Misiones

Bocas de agua en el monte

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Los balcones de La Pacha

Lluvia. Plantas de yerba. Balanceo. Tierragua. Comenzamos haciendo juegos de palabras con luz baja mientras en derredor garúa con insistencia. Después sumamos algo de alcohol. Cena liviana. Escribíamos en cuadernos separados. Más tarde hicimos escritura colectiva en un solo cuaderno y todo fue pulsión, deseo, rayos de luz dibujados en los ojos.

La Pacha Agroturismo te cobija en medio de la selva. No llegan al lugar sonidos de autos, motos, fierros ni industria. Se oye el correr del arroyo Alegre y de tanto en tanto las hojas de los árboles hamacándose. En el predio hay cabañas de madera. Todas están al borde de un suave cauce de agua. El predio se encuentra por ruta Nacional 14, Km 939, Colonia Tamanduá III, Aristóbulo del Valle. Desde ahí se pueden visitar algunos saltos como Encantado, Piedras Blancas, Alegre, El Lagarto, Cuña Pirú.

Silvana Zimmermann junto a su compañero Isaías “Cacho” Villalba llegaron a este lugar en 2004. Arribaron junto con sus tres hijos. Se instalaron con una carpa bajo los pinos y comenzaron a construir su sueño. Tienen un predio de siete hectáreas que cultivan de forma amigable con el ambiente. Además, junto a una cooperativa, ya lanzaron un producto diferente: yerba orgánica Orembaé.

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Salto Encantado

“Cuando vinimos, la idea era vivir acá, compartir y ser parte de este lugar. No quisimos invadir. Fuimos trabajando para sentirnos parte del entorno. Era un sueño que teníamos y así comenzamos a desarrollar el turismo alternativo, relacionado al arte, la contemplación y la observación de este lugar”, aclara Cacho. "Me enamoré de Misiones. Es tierra de árboles. Hay formas de relacionarse con la naturaleza que fuimos aprendiendo de la gente que es originaria. Siempre desde el respeto y la escucha”, agrega Silvana.

Tras el difícil último año, donde prácticamente no trabajaron, entre cerrar o seguir invirtiendo eligieron esto último. “Decidimos seguir apostando a este lugar. Hicimos dos nuevas cabañas. Los muebles están hechos con madera de la zona. Desde que se abrió la temporada para recibir a los turistas en diciembre último estamos trabajando muy bien”, cuenta Cacho con una mezcla de orgullo y felicidad. En estos días ellos también están contentos con tanta lluvia pues el agua que se bebe en el lugar es de vertiente, cuando hay seca las mismas tiende a secarse pero con las lluvias su caudal aumenta.

Aquí en La Pacha hay poca o nula señal de teléfono. Sin embargo, la familia tiene abierta su propia casa con señal de wifi y es posible trabajar “home office” ahí disfrutando de unos mates con yerba orgánica. Hay perros alrededor. Los pájaros que cantan y despliegan distintas voces en un abanico de colores. “Pájaro del agua / ¿qué cantas, qué encantas? / a la tarde nueva / das una nostalgia / de eternidad fresca, / de gloria mojada. / El sol se desnuda / sobre tu cantata. / Pájaro del agua”. Algo de este pájaro descrito por Juan Ramón Jiménez hay en La Pacha.

En el predio se pueden ocupar las cabañas o se puede acampar, y se ensancha con otros servicios como parrillas y sanitarios. Un salón de usos múltiples: comedor, quincho, almacén, escenario, si llega el caso. En épocas de verano ocasionalmente se arman miniconciertos. Hay cancha de fútbol y vóley. Los senderos cercados por cientos de tonos de verde son una invitación a sumergirse entre el agua y el monte. En días de lluvia el arroyo Alegre crece y con ello su color rojo tierra, la fuerza y el rugir de la selva. 

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La ruta 7 se interna en la selva

Seguimos jugando con las palabras. El silencio del mundo y el nuestro se escuchan. Agua. Hojas. Tierra. Todo cruje, crepita, corre. Su voz se alza en medio de la noche como un pájaro nocturno. Su voz tiene alas. Ojos negros.

Nos balanceamos entre el día y la noche. En un momento de la estadía almorzamos en la cabaña. Hay un arbusto alto, delgado, de hojas grandes, una planta de yerba que se mece y coquetea con la ventana. La lluvia les ha dado un brillo especial y todo es vivo. Desde aquí organizamos visitas a los Saltos que se encuentran en esta zona de la provincia. Los caminos también nos llevaron a visitar el paisaje de la ruta provincial 7, donde la selva de Misiones se extiende como el mar hasta fundirse con el cielo. 

“Bruscamente la tarde se ha aclarado / porque ya cae la lluvia minuciosa. / Cae y cayó. La lluvia es una cosa / que sin duda sucede en el pasado. / Quien la oye caer ha recobrado / el tiempo en que la suerte venturosa / le reveló una flor”, dice Jorge Luis Borges en su poema “Lluvia”, y algo de eso nace en nosotros. Por la noche volvemos a cobijarnos en La Pacha. Coqueteamos, reímos, bebemos, y en el decir del poeta Lawrence somos fieles a nuestro estado de agua, que pasa todas las etapas de vapor, arroyo, hielo, y no pierde su naturaleza.

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