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Las tareas de cuidado también son trabajo

En todo este tiempo que lleva la pandemia de Covid 19 las tareas domésticas y de cuidado afectaron principalmente a las mujeres, poniendo de relieve una vez más la inequidad en la distribución y organización social de este tipo de actividades. De ahí la necesidad de plantear que las personas que elijan dedicarse a cuidar puedan ser retribuidas por sus tareas y, a la vez, contar con un sistema de protección social, tal como propone la llamada economía del cuidado.

Sobre este tema, el informe “Hablemos de cuidados” que elaboró la Mesa Interministerial de Políticas de Cuidado que coordina el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación observa que aunque la cuestión de los cuidados ha estado por mucho tiempo excluida del ámbito de las políticas públicas, sus problemáticas tienen gran incidencia en otros fenómenos que están más presentes en el debate público como la feminización de la pobreza, las desigualdades sociales, el desempleo y la informalidad, la brecha salarial e incluso la desigualdad de género en la participación política.

El mismo documento observa que si bien en las últimas décadas se ha presentado una transformación en el papel que desempeñan las mujeres en la sociedad que permitió el aumento de la participación femenina en el mercado laboral, en el ámbito de los cuidados no se ha visto una mayor participación masculina que lleve a pensar que hay cada vez más mujeres que obtienen ingresos en el sistema formal de la economía.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el promedio mundial las mujeres suman tres horas diarias de trabajo remunerado y poco más de cuatro horas de trabajo de cuidado no remunerado mientras que los varones 1,4 horas a trabajo no remunerado y 5,4 horas a trabajo remunerado. En la Argentina, en tanto, si se observa el módulo de uso del tiempo que se incorporó a la Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU), el tiempo social promedio dedicado al trabajo de cuidado no remunerado es muy desigual. Las mujeres pasan 5.7 horas por día haciendo trabajo de cuidado no remunerado (quehaceres domésticos, apoyo escolar, cuidado de personas) y los varones dedican en promedio sólo dos horas diarias.

En otras palabras, según los especialistas, esta división social por la cual las mujeres se hacen cargo de la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado se traduce en una menor cantidad de horas y recursos disponibles para dedicarles a su desarrollo personal, productivo, profesional y económico.

En ese sentido, el documento “Hablemos de cuidados” advierte que en el caso de las madres de niños y jóvenes con discapacidad estas responsabilidades de cuidado se incrementan ya que son ellas quienes habitualmente se ocupan de llevarlos a las terapias, resolver inconvenientes relacionados con la falta de cobertura de las mismas o suplir los apoyos que se discontinúan por diversos factores.

Por otra parte, la falta de equidad que perjudica a las mujeres en las trayectorias laborales tiene su impacto también en la situación económica de las mujeres mayores dado que al tener menos años de aporte por no haber podido acceder sostenidamente a empleos registrados, ya sea debido a las responsabilidades de cuidado o a las trayectorias laborales inestables e informales, llegada la edad de la jubilación tienen más dificultades para acceder a ese beneficio.

Es necesario generar conciencia sobre esta problemática para avanzar en la construcción de una sociedad con mayor igualdad de oportunidades. Es necesario, además, acortar las brechas de género que se presentan en los distintos ámbitos y poner en cuestión a esos procesos sociales y culturales que naturalizan este tipo de situaciones que dan como resultado una comunidad en la que los roles y las responsabilidades, los trabajos y los distintos quehaceres siempre, o casi siempre, se distribuyen en función de antiguos mandatos sociales que se pasaron de generación en generación, pero que deben ser cambiados.

Como bien señala la Organización Internacional del Trabajo, se deben realizar nuevos esfuerzos para encontrar nuevas soluciones a la prestación de cuidados. Si la sociedad logra avanzar en ese sentido se estará, entonces, dando un paso fundamental para que las mujeres gocen de igualdad de oportunidades también en el mundo del trabajo.