‘‘Valdanito‘‘ Crespo en el centro de un escenario que se ganó con creces
El equipo campeón de la Sudamericana se hizo fuerte y se consolidó con un buen juego. Plantel austero y férrea vocación de protagonismo.
Entre varias aristas dignas de elogio, la espléndida coronación de Defensa y Justicia pone en entredicho la extendida creencia de que sin una materia prima de primer nivel es imposible competir en las altas cumbres con posibilidades de éxito y coloca a Hernán Crespo en el centro de un escenario que se ha ganado con creces.

Nada más lejos que deducir que Defensa y Justicia ha jugado bien por el sólo de hecho de haber ganado la Copa Sudamericana y que el logro en sí representa un absoluto que clausura todo discernimiento conceptual.
Por lo contrario, la secuencia es inversa y lo suficientemente visible como para abrirse en camino por fuera de un mero juego de palabras: más bien Defensa y Justicia se hizo fuerte jugando bien y en todo caso la conquista tiene rango de fruto maduro.
En alguna medida Crespo tomó las cosas donde la dejaron media docena de entrenadores que, a grandes rasgos, comparten el mismo ideario futbolístico o por lo menos propiciaron modos similares: Jorge Almirón, Diego Cocca, Ariel Holan, Sebastián Beccacece, Juan Pablo Vojvoda y Mariano Soso.(Quien lo deseara podría agregar los breves interregnos de Darío Franco, Turu Flores, Nelson Vivas y Pablo De Muner).
Desandado el camino de la impronta de Defensa y Justicia en esa línea de continuidad, encontraremos sorprendentes puntos en común: por ejemplo planteles austeros (jugadores cedidos por clubes grandes, experimentados del Ascenso, juveniles de procedencia variopinta) y equipos insospechados de ataduras, con agresividad bien entendida y una férrea vocación de ejercer el protagonismo en cada partido o, en el peor de los casos, de compartirlo.
Tan marcados y pasmosos esos indicadores comunes que transmiten la sensación de que Walter Busse y Walter Acevedo eran hermanos mellizos, y Enzo Fernández el hermano menor de los dos; y algo similar sucede con Alexander Barboza, Lisandro Martínez y Héctor Martínez.
Por misterioso que parezca, y lo es, o no tanto, hace seis años o más aún que en el Halcón de Florencio Varela hay como mínimo un defensor central que amén de conocer el oficio de marcar, sabe proponerse como fundador de cada avance y hay también un mediocampista central entendedor, pasador y criterioso.
No tan misteriosa es la mano de Crespo, el ex ’Valdanito’ campeón con seis camisetas (River, Parma, Lazio, Milan, Chelsea, Inter), que a menos de una década de saltar a la dirección técnica propició un equipo con todo en su lugar.











