Valioso patrimonio de Campo del Cielo
Esta semana se cumplieron 31 años del robo frustrado del meteorito El Chaco de 37 mil kilos cuando se encontraba en un paraje cercano a Gancedo. El intento de sustraer esta pieza celeste, que es la segunda de mayor peso en el mundo -solo superada por el meteorito Hoba, que está en Namibia-, y otros delitos similares que ocurrieron en los años siguientes cometidos por delincuentes que se llevaron piezas menores obligan a adoptar medidas más efectivas para desalentar el accionar de ladrones y contrabandistas.
En enero de 1990, un control policial en el límite con la provincia de Santiago del Estero evitó que el ladrón de meteoritos Robert Haag, de Estados Unidos, lograra salirse con la suya. Pero la frustrada maniobra sirvió para que las autoridades provinciales y también la sociedad chaqueña presten una mayor atención a este valioso patrimonio cultural, que es una de las más importantes reservas de piezas celestes del mundo, lo que actúa como un imán para contrabandistas y ladrones que conocen las vulnerabilidades de la zona.
Es que en la mayoría de los países la venta de meteoritos no está tipificada como delito, y es por eso que existe un circuito de coleccionistas que están dispuestos a pagar importantes sumas de dinero por las piezas que aquí en el Chaco no siempre se les otorga el valor ni la importancia que tienen.
Cabe aclarar que la legislación local prohíbe el tráfico y la venta, pero ese marco legal no siempre actúa como un factor disuasorio para quienes saben que en el exterior existe un mercado ilegal que demanda este tipo de piezas.
En mayo de 2019 ladrones encapuchados ingresaron armados, en horas de la noche, al Museo de Campo del Cielo y luego de maniatar a la guardiaparque de la reserva natural se llevaron tres piezas, una de 18 kilos y dos de 24 kilos, que estaban exhibidas en una vitrina.
En mayo de 2015, un control de Gendarmería Nacional detuvo un camión que se dirigía hacia Paraguay con 215 meteoritos. En el vehículo de gran porte se hallaron también un aparejo, una balanza, cadenas y sogas. Un dato llamó la atención en esa oportunidad, y fue que las piezas celestes estaban limpias y cepilladas, lo que confirmó que estaban convenientemente preparadas para ser comercializadas.
En mayo de 2012, la señal de televisión Discovery Channel puso en el aire en los canales de América Latina un capítulo del reality llamado “Negociantes” donde se mostraba la intimidad de las negociaciones en el mundo de los remates. En la introducción de la serie se anunciaba que “cualquier persona del mundo puede traer sus objetos para que sean evaluados” por potenciales compradores. En uno de los capítulos de la serie se puede ver cómo un coleccionista de metoritos de Arizona, Estados Unidos, ofrece una pieza de 19,59 kilos a la que identifica como proveniente de Campo del Cielo. El capítulo aún puede verse en la plataforma YouTube. Allí, el coleccionista explica que se dedica a recorrer el mundo en busca de estas piezas celestes.
Uno de los potenciales compradores, por su parte, asegura que conoce bien el mercado de meteoritos y sabe cuánto podrían pagar los coleccionistas por la pieza de Campo del Cielo que ofrece el hombre de Arizona. “Un meteorito con esa forma y esa apariencia conseguirá una suma importante”, afirma el comprador. Finalmente, la pieza se subasta en 3000 dólares.
Es de esperar que estos datos sirvan para generar una mayor conciencia entre las autoridades de la provincia y también, por supuesto, en el conjunto de la sociedad chaqueña sobre la enorme importancia que tiene valorar en toda su dimensión el patrimonio de Campo del Cielo. Si bien es cierto que lograron avances con la creación del Parque Provincial Pigüén N’Onaxá - Campo del Cielo, que se concretó en el año 2004, y con la organización de la Fiesta Nacional del Meteorito cuya primera edición tuvo lugar en 2005, así como otras medidas para poner en valor este patrimonio cultural, es necesario que no se relajen los controles y que, a la vez, se avance con iniciativas para combatir el tráfico ilícito de estas piezas celestes.










