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La intolerancia en las redes sociales

Las redes sociales son una valiosa herramienta para el debate público, pero en los últimos tiempos los insultos y las muestras de intolerancia se han vuelto moneda corriente en la interacción entre los usuarios. De esa manera se produce una degradación de la opinión ciudadana que, para colmo, sufre también los embates de grupos con afiliaciones partidarias que dedican sus esfuerzos a atacar a quienes piensan distinto.

Redes sociales.

Facebook, Twitter o Instagram, por citar solo algunas de las más populares, forman parte de la vida diaria de millones de usuarios en la Argentina. Según algunas estimaciones, más del 70 por ciento de los argentinos son usuarios activos de redes sociales y el 69 por ciento las utiliza a través de dispositivos móviles.

Del total de las personas con acceso a las redes sociales en Argentina, el 93 por ciento son usuarios de YouTube, mientras que un 68 por ciento lo es de Facebook. Especialistas en el fenómeno generado por estas (no tan) nuevas formas de comunicación coinciden en señalar que, de todas las redes mencionadas, YouTube es la que presenta menos situaciones de intolerancia.

Para los usuarios que prefieren los debates razonables y buscan evitar las posiciones extremas que no conducen a ningún lado, el aumento de la agresividad en muchos de los mensajes publicados en las redes genera un cansancio que lleva a algunos plantearse, incluso, la posibilidad de cerrar sus cuentas.

Es que al ver que la intolerancia no cede, sino que se potencia por el incremento de los grupos que evidentemente actúan con una coordinación política y, en algunos casos, hasta conforman equipos rentados, surge la necesidad de buscar plataformas alternativas en las que se respete la pluralidad de opiniones y se evite la polarización para que, de esa manera, no se malogren las potencialidades de estas herramientas de uso diario.

El científico informático estadounidense, Tristan Harris, advierte que las redes sociales se benefician de la adicción, la distracción, la indignación, la polarización y la desinformación. Respecto a estas tres últimas situaciones, propone que los usuarios se acostumbren a escuchar opiniones y voces con las que no están de acuerdo. En ese sentido, observa que las redes sociales nos brindan contenido con el que ya estamos de acuerdo para mantenernos en línea por más tiempo, lo que erosiona nuestra capacidad para relacionarnos con personas que no comparten nuestras opiniones.

“Para resolver problemas como la pobreza, el racismo o el cambio climático, tenemos que unirnos y exponernos a diferentes perspectivas”, recomienda.
Según Harris, el ejército de ingenieros informáticos que trabajan para los gigantes como Facebook, Instagram o Twitter dedican muchas horas del día a generar productos especialmente diseñados para activar el circuito de la dopamina en el cerebro humano que proporciona placer y por hacerlo de tal manera que genera adicción. De esa manera, los “me gusta” o las constantes notificaciones en el celular están diseñadas para captar la atención del usuario, a cualquier precio.

“Para captar nuestra atención, los gigantes de Silicon Valley nos han convertido en adictos”, advierte Harris, quien es conocido también por la frase que asegura que “nunca antes un puñado de diseñadores de tecnología había tenido control sobre la forma en que miles de millones de personas piensan, actúan y viven sus vidas”.

Si a esto se suma que los que fomentan la intolerancia saben sacar provecho del anonimato que ofrecen las redes y que esa situación, de alguna manera, contribuye a que muchos se animen a volcar una mayor violencia verbal en sus mensajes, para difamar, despreciar o criticar con palabras hirientes u otros usuarios. Frente a esta situación, surge la pregunta relacionada a qué hacer con este problema que se presenta en un espacio descentralizado, que no tiene un marco regulador o normativo y, además, ofrece a los intolerantes la posibilidad de esconderse detrás del anonimato.

En primer lugar, es importante promover la toma de conciencia de los usuarios sobre el problema del discurso del odio en las redes sociales, y remarcar que una de las mejores formas de combatir este tipo de violencia es inculcando valores como el respeto hacia los demás.s