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Literatura 2020: la pandemia castigó duramente el sector editorial

El coronavirus no solo volteó todo encuentro presencial sino que desató una profunda caída en producción y ventas. Marcó un momento desesperante para una industria.

Pagina12 publicó una nota sobre lo que sucede en el sector editoral, que tuvo un 2020 con demasiadas páginas en blanco ya que nadie podía imaginar una pandemia y una cuarentena tan extensa. En ese marco la producción y venta de libros se desplomó en los primeros seis meses del año entre 40 y 50 por ciento. A partir de agosto, la maquinaria editorial volvió a funcionar y las ventas comenzaron a recuperarse, pero sin alcanzar las magras cifras de 2019.

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La producción y venta de libros se desplomó en los primeros seis meses del año entre 40 y 50 %, y tuvo un repunte en el último tramo de 2020.

No hay números definitivos que puedan medir el daño que provocó en la industria editorial argentina: escritores, editores, traductores, libreros, imprenteros, correctores, diagramadores, diseñadores vivieron dos meses y medio con una incertidumbre nunca antes padecida. El panorama era desolador por donde se lo miraba: sin la Feria del Libro de Buenos Aires, con las librerías y las imprentas cerradas, abril y mayo fueron los meses más duros y asfixiantes.

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Las editoriales, especialmente los grandes grupos, suspendieron el plan de publicaciones hasta nuevo aviso y rescindieron contratos. Muchos trabajadores precarizados del sector (la precariedad en la cultura y el periodismo debería suscitar una reflexión que excede a este modesto balance) perdieron sus trabajos o se vieron afectados por la reducción de sus salarios. El comercio electrónico, a través de plataformas, como Mercado Libre, o las páginas y tiendas digitales desarrolladas por las librerías, desplegaron una oportunidad en medio del desierto a la vez que revelaban un universo disímil: las grandes estructuras, las librerías de cadenas y de grandes superficies, resultaron tener más dificultades para adaptarse al nuevo formato de venta no presencial. Las medianas y pequeñas librerías de barrio supieron encontrar en esta modalidad una alternativa. Para algunos, las ventas online fueron insuficientes; para otros, en cambio, estuvieron a la altura de las circunstancias o incluso superaron las expectativas previas.

“SE ROMPIÓ TODO”

El “rompan todo” que dijo Billy Bond el 20 de octubre de 1972 a sus seguidores en el Luna Park tiene una especie de correlato, 48 años después, en un tuit que escribió Pablo Braun, dueño de la librería Eterna Cadencia, a principios de junio: “Se rompió todo. Planeta se puso a vender (puenteando a librerías) por Mercado Libre”.

Que uno de los grandes grupos editoriales haya decidido vender directamente -una decisión legal, aunque muy antipática, el principal canal de ventas- encendió las alarmas ante una medida que, además de generar mucho malestar, podría conducir al cierre de muchas librerías.

La práctica de la venta directa no era monopolio exclusivo de uno de los gigantes monopólicos de la edición. Las editoriales pequeñas, las que se conocen como “independientes”, también vendieron directamente. El perjuicio que produce que una editorial chica venda un par de ejemplares no es comparable a que lo haga uno de los principales jugadores del mercado. Pero si todos venden directamente, más temprano que tarde, el ecosistema de las librerías colapsaría. El temor de la amazonización del mundo está en el futuro inmediato, especialmente en un escenario de rebrote y nuevo confinamiento, con restricciones en la circulación y cierres de locales no esenciales.

NI UNA LIBRERÍA MENOS

El Estado nacional asistió con distintos instrumentos al sector editorial. La 15° edición del programa Libro% de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), que hasta 2019 se hacía de manera presencial en la Feria del Libro, pasó a la virtualidad y se extendió del 4 de mayo al 19 de junio para que los bibliotecarios de todo el país pudieran comprar libros con un descuento de cincuenta por ciento. Bajo la modalidad online, 913 instituciones recibieron un subsidio de 50.865 pesos cada una; el promedio de libros comprados por biblioteca fue de 154 y el total alcanzó los 132.957 ejemplares. La otra herramienta fue el programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), del Ministerio de Desarrollo Productivo, que consistía en que el Estado abonaba parte del salario de los trabajadores registrados en las editoriales, imprentas y librerías.

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Ruben Bisceglia, el empresario a cargo de Librería y Editorial La Paz.

El ATP funcionó de mayo a octubre. En noviembre las empresas del libro, hasta entonces beneficiadas con el programa, pasaron a ser consideradas actividades “no críticas” y dejaron de recibir el ATP, una medida que generó protestas entre las cámaras del sector, editores y escritores, que lanzaron la consigna “Sin ATP no hay libros ni librerías argentinas”.

LA VIRTUALIDAD QUE CANSA

Cuando varios actores del sector del libro piden que vuelva la “normalidad” como única solución a los problemas que atraviesan, se quedan atrapados en un enunciado desiderativo y pierden pie en la realidad: la vacuna no es mágica, lo presencial continúa siendo limitado en términos de cantidad de personas, la pandemia no ha sido superada.

La Fundación El Libro, la entidad que organiza la Feria, se encontró a casi un mes de la que sería la 46° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, con La Habana como ciudad invitada y el discurso de apertura a cargo de Horacio González, con el establecimiento del aislamiento social, preventivo y obligatorio. Entonces se apeló a los materiales de archivo y hubo pocos contenidos propios producidos especialmente, como si el espacio de la virtualidad –ya sea en Zoom, Instagram o Youtube- se pudiera rellenar de cualquier manera, como si tuvieran límites para aprovechar el potencial federal y latinoamericano que tiene el universo digital.

Las pantallas cansan (mucho), pero han sido un instrumento que amortigua la profunda desigualdad en el acceso a la cultura. 2020 fue el año en que las editoriales independientes y las pequeñas librerías sobrellevaron mejor la pandemia. Aliadas y en diálogo constante, supieron construir una intensa comunidad online que les dio mayor visibilidad a los catálogos y lograron sostener una conversación fluida con los lectores.

Lo que pasa en el Chaco

En nuestra provincia hay dos grandes librerias y editoriales: una es Contexto, conducida por Rubén Duk, y la otra es Librería La Paz, liderada por Rubén Bisceglia.

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Ruben Duk, responsable de Editorial y Librería ConTexto.

Los dos hablaron con NORTE y contaron cómo es el panorama en el Chaco.

“Como para la mayoría de las empresas, el comienzo de la pandemia fue claramente un momento de muchísima incertidumbre y angustia para ConTexto. Los proyectos y propuestas para el año cuidadosamente planificados durante el verano quedaron completamente truncados con el repentino cierre de circulación y el cese de actividades en pleno marzo, dejando la incógnita de cómo afrontar los compromisos naturalmente asumidos con el personal, los proveedores y los clientes en general”, expresa Duk. Y agrega: “El panorama inicial era verdaderamente preocupante. Con una caída abrupta de 60% en las ventas de la librería los primeros meses de cuarentena, el apoyo de los clientes y amigos mediante compras por teléfono y la existencia de una plataforma online para las ventas fueron fundamentales para atravesar los meses de aislamiento absoluto y permitieron mantenerse a flote”.

Sobre la virtualidad, el empresario editorial afirma: “Afortunadamente, la existencia de una plataforma web ya existente (www.libreriacontexto.com.ar) y los incipientes proyectos de formación online que se habían gestado con la creación de Fundación Formarte –la propuesta de capacitación académica de ConTexto– resultaron claves para la transformación atravesada durante 2020. Y sin dudas, fue también gracias a la solidez, inventiva y creatividad de todo el equipo, que desde cada uno de sus roles encontró alternativas, no solo para seguir, sino también para crecer desde cada uno de sus espacios”.

“En lo que respecta a la producción editorial de ConTexto, el desafío fue trasladar toda la gestión a una modalidad virtual y presentar alternativas de consumo online. Esto se tradujo en la aparición de textos literarios en formato digital –algo que ConTexto ya ofrecía con sus libros jurídicos y técnicos de manera complementaria al formato papel– y a la producción de contenido audiovisual para complementar la promoción y difusión de nuevos títulos. En este aspecto, el apoyo del Instituto de Cultura de la provincia mediante la creación de las Ferias digitales resultó clave para canalizar la producción y mantener activo el preciado contacto entre los autores y sus lectores, y entre libreros y clientes. El balance fue positivo: 89 fueron los libros editados durante 2020, sólo 20% menos que el año anterior. Haciendo que el catálogo de ConTexto supere los 800 títulos”, explica Duk. 

Para finalizar el librero indica que: “En un año que parecía ser devastador, la capacidad de reinventarse bajo la presión de la pandemia hizo que a través de distintas actividades se encontraran verdaderas posibilidades de crear nuevos horizontes”.

Y añade: “A pesar de la crisis económica y la baja en la facturación, este año ha sido para ConTexto uno de balance exitoso, pudiendo reinventarse, mantener y afianzar el vínculo con su equipo de trabajo que fue puesto a prueba; preservando intacta la relación con los proveedores, cubriendo los costos operativos y abriendo la puerta a la dimensión virtual, que confiamos se mantendrá y seguirá creciendo más allá de la vuelta a la normalidad, con un equipo de trabajo sólido, con capacidad operativa e infraestructura”, finaliza.

El otro consultado fue Rubén Bisceglia, titular de La Paz, quien comienza diciendo: “Hacer un balance de 2020 en el sector editorial es controversial por distintos aspectos. La palabra pandemia se mezcla entre cada idea que surge y no es responsable de todo lo ocurrido, donde sí podemos decir que trajo cambios importantes en el mercado en la forma de edición y consumo, fundamentalmente en la comercialización”.

Y se explica: “El gremio editor venía de fuertes pérdidas durante el período 2018 y 2019, donde por las devaluaciones resultó imposible recaudar en las cobranzas el valor de lo invertido. Esto generó un achicamiento sin precedentes en la vida editorial. Sumado a esto, en 2020, con los cierres de librerías, los mismos editores comenzaron a vender al por menor su stock en diferentes redes sociales, lo que facilitó que nuevos agentes de ventas, y sobre todo que pequeñas librerías, los imitaran con significativo éxito, destacándose entre todas ellas Mercado Libre”.

“Desde el punto de vista de nuestra empresa, sabíamos que debíamos encontrar la forma de estar con nuestros clientes y forjamos la primera feria virtual de Argentina en la ciudad de Mercedes, Corrientes. Esta experiencia nos permitió potenciar la venta online en todas nuestras redes. Estar presentes pudo conectarnos nuevamente con muchos clientes y también retornaron otros que encontraron en nosotros una rápida respuesta, pero el premio fundamental: insistir con actividades culturales en tiempo de Covid. Mientras más autores transmitíamos, más fidelización conseguíamos. Esto se hizo una fórmula perfecta de unidad entre lectores, autores, libreros y editores”, explica el editor, quien cuenta con una vasta trayectoria en el rubro.

Sobre la digitalizacion y el nuevo horizente virtual, el entrevistado expresa: “Lo que aleja o acerca la lectura a la población no es la virtualidad, sino las políticas culturales y los deseos de un pueblo de recrearse y estudiar con libros. De hecho, la virtualidad democratiza y acerca a la lectura, pero por sí sola no es suficiente si no existen claros motores desde el Estado para intervenir apoyando la industria cultural y todos sus actores. En sí, el conocimiento es el principal camino a una sociedad justa y equitativa. Los grandes saltos en la historia no vienen únicamente del lado de los sacrificios, sino más bien del uso de ideas que nos beneficien a todos de la mano de la identidad, el afecto, la solidaridad. Esto conlleva lecturas y el descubrirnos permanentemente. El libro forma parte del progreso de la humanidad desde que este objeto nació en la historia de nuestra especie”.

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