Trump y los peligros de la polarización
Las escenas de violencia y vandalismo que se vieron en el Parlamento de Estados Unidos, y que no tienen precedentes en la historia moderna del país del norte, son el resultado del modo de acumular poder que eligió Donald Trump, una figura polémica que no dudó en valerse de las falsas noticias y profundizar las divisiones de la sociedad para acceder a la Casa Blanca.
El miércoles 6 de enero de 2021 quedará en la historia de los EEUU como el día en el que fanáticos seguidores de Donald Trump se manifestaron frente al Capitolio, para luego ingresar por la fuerza al edificio para impedir que continuara la ceremonia que debía confirmar los resultados de las elecciones presidenciales ganadas por el candidato demócrata, Joe Biden.
El propio Trump, fiel a su estilo, había alentado la movilización de los grupos radicalizados hacia Washington para evitar que se completara el proceso formal a través del cual los legisladores debían confirmar los votos del Colegio Electoral que dieron como ganador de los comicios de noviembre a Biden. Lejos de ser una excepción en la manera de hacer política, esta peligrosa y condenable maniobra antidemocrática fue una más de las que utilizó el controvertido mandatario a lo largo de todo su mandato y también antes, durante la campaña electoral que lo llevó a la Casa Blanca, y que tuvieron como denominador común los discursos xenófobos, racistas y de odio.
Es probable que en América Latina para muchos resulte lejano el caso de Trump y su retórica incendiaria. Sin embargo, más allá de la indiscutible influencia que Estados Unidos como potencia hemisférica ejerce en la región, el problema radica en los admiradores que el magnate devenido en presidente tiene en muchos países latinoamericanos, incluso en la Argentina. Figuras como la de Jair Bolsonaro en Brasil, o de Jeanine Áñez en Bolivia explican de alguna manera el fenómeno de lo que algunos denominan “trumpismo” en la región.
También en la Argentina hay aspirantes a ocupar espacios de decisión haciendo campaña con mensajes en Twitter difundiendo falsas noticias y apelando a las emociones de sus simpatizantes. Entienden que si Trump llegó a la presidencia del país más poderoso del mundo con un lenguaje incendiario y fomentando la división de la sociedad, con la misma receta en la Argentina se podría lograr al menos algún lugar en el Parlamento. Y para eso nada mejor que lanzar dardos por las redes sociales y trabajar ya no para presentar una propuesta política superadora de todo lo conocido, sino para lograr ser trending topic en Twitter, sin importar si lo que se dice contribuye a crear una atmósfera de intolerancia en el país.
Para que la democracia sea viable es necesario que los principales actores políticos, y también todos los ciudadanos, estén dispuestos a evitar los extremos, a contribuir a la resolución pacífica de los conflictos y tender siempre a construir estabilidad.
Lo que se vio esta semana en el Capitolio de Estados Unidos es todo lo opuesto a esa construcción que ayuda a sentar la bases para el progreso de una comunidad y, en buena medida, el presidente Trump es responsable de lo ocurrido porque él mismo alentó a grupos de extrema derecha como los Proud Boys, a los que había pedido “estar preparados” por si perdía las elecciones.
En Estados Unidos queda por ver cómo reaccionarán los millones de votantes de Donald Trump ante la confirmación del triunfo electoral de Joe Biden. Es de esperar que el sistema democrático de ese país salga fortalecido de esta dura prueba.
También en la Argentina es necesario fortalecer el sistema inmune de la democracia, condenando las posiciones políticas extremas, rechazando todas aquellas retóricas agresivas que promueven las divisiones en el seno de la sociedad y atentan contra todos los esfuerzos que a diario se realizan para mantener el diálogo y el respeto al otro como base de la convivencia pacífica en la comunidad.
Los errores y debilidades de la democracia se corrigen con más democracia, nunca con mentiras o invitaciones a la intolerancia, y menos con llamados a desconocer los resultados de comicios realizados con transparencia o para ampliar la brecha entre representantes y representados.










