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Enseñanzas de una crisis que alteró todo

El calendario gregoriano, que es una convención social para la asignación de fechas, decreta que hoy se termina 2020 y, por lo tanto, se inicia otro período que en el imaginario de la gran mayoría de las personas se presenta como una oportunidad para empezar de nuevo y dejar atrás el que será recordado como el año de la crisis que movió los cimientos de la aldea global.

Pero olvidar lo que pasó no es lo más inteligente que puede hacer una sociedad que no quiere repetir errores. Mejor que eso es aprender con humildad las lecciones colectivas que deja la pandemia.

Y esas lecciones podrían traducirse -arbitrariamente, por supuesto- en cinco enseñanzas que pueden servir para toda la comunidad, pero especialmente para quienes toman decisiones que impactan en muchos ámbitos: 1) hoy el mundo es más pequeño de lo que creíamos, un virus que afecta a una familia en China también le puede afectar a una del Chaco; 2) los recursos que se destinan al sistema de salud no son un gasto, son una inversión; 3) la cooperación y colaboración aporta más beneficios que las conductas egoístas o extremas; 4) en un mundo con demasiada información es fundamental aprender a distinguir las fuentes de información y separar lo superfluo de lo relevante; 5) evitar, en lo posible, el cortoplacismo y mirar hacia adelante para prepararse ante nuevas contingencias.

Enumerados los temas, vale detenerse en cada uno de ellos. Primero: como decían las abuelas, el mundo es un pañuelo. En pocos meses el nuevo coronavirus recorrió el planeta y descolocó a gobiernos de izquierda, centro, derecha, algunos más otros menos democráticos.

“Estamos padeciendo en nuestra propia existencia el famoso “efecto mariposa”: alguien, al otro lado del mundo, se come un extraño animal y tres meses después, media humanidad se encuentra en cuarentena.

Prueba de que el mundo es un sistema en el que todo elemento que lo compone, por insignificante que parezca, interactúa con otros y puede influenciar el conjunto”, reflexionó el periodista español Ignacio Ramonet.
Segunda enseñanza: “los gobiernos que ahorraron gastos en los últimos años recortando los servicios de salud, ahora gastarán mucho más a causa de la epidemia”, dijo el historiador israelí Yuval Noah Harari.

Vale aclarar que no hacía referencia específicamente a la Argentina ni a la decisión de degradar, justo antes de la pandemia, el Ministerio de Salud de la Nación a Secretaría. Tercera lección: apelamos otra vez a la sabiduría de Harari, cuando recuerda que los grandes logros de la humanidad, desde la construcción de pirámides hasta el asombroso viaje a la Luna, no se han basado en habilidades individuales, sino en la capacidad de mujeres y hombres de cooperar en grandes grupos.
Cuarta enseñanza: la universalización de Internet generó la democratización de la difusión del conocimiento y de la información, pero también puso a todos en un mismo exhibidor. Como diría Discépolo “¡Lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos (¡Qué va a haber!), ni escalafón”. En un contexto de pandemia global y abundancia de la información, el empleo masivo de las redes sociales agregó más confusión con usuarios que se dedicaron a repetir informaciones falsas.
“Las redes sociales les dan el derecho de hablar a legiones de tontos que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los tontos”, advirtió tempranamente el semiólogo, filósofo y escritor italiano Umberto Eco, a la vez que planteó la necesidad de aprender a diferenciar la fuente acreditada de la disparatada.
Por último, la quinta enseñanza: la pandemia fue anticipada por expertos de la Universidad de Hong Kong, en 2007; por el Consejo Nacional de Inteligencia de EEUU en 2008 y en 2010 por el Departamento de Microbiología Médica del Centro Médico de la Universidad de Leiden, Holanda, entre otros.

Todos los informes tienen en común el análisis a largo plazo de variables que pueden generar eventos globales y también la precisión con la que describieron el “posible futuro”. ¿Podría en el Chaco promoverse esa cultura de la prospectiva? ¿Podríamos aprender de estas lecciones para que el 2021 que comienza sea mejor que el año que dejamos atrás?

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