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Los virus de la política también contagian

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Algo que tuvo este año fue su anormal e increíble desarrollo, tanto por la realidad con la que se encontraron las gestiones de gobierno que recién asumieron, después de 4 años de Macri y sus amigos; como por los efectos de una pandemia mundial que nos tiene aún en emergencia sanitaria, después de transcurridos nueve meses.

Pandemia que nos provocó cambios en el devenir diario de nuestras vidas, desde lo personal hasta lo cultural seguramente, habría que observar si nuestra sociedad es la misma, o ya es otra.

Por ello no está fácil para opinar y concluir sobre este año que termina, pero a su vez hay muchos temas y debates importantes que se dieron, y se están dando en la sociedad y las instituciones, como el tratamiento del proyecto de ley para la “legalización y despenalización del aborto”, la adopción de impuestos que recaen en quienes concentran la riqueza en este país, el acceso a los servicios públicos y entre ellos a Internet, derechos de la mujer, el nivel de endeudamiento del país y la provincias, el dólar y su importancia, la represión, la pobreza y el Covid-19 por supuesto, que mueven el escenario institucional, político, social y cultural, en parte muy favorablemente.

Pero abordar alguno de ellos sería hacer un repaso, por lo que voy a intentar aportar otra mirada en este espacio, el cual agradezco al diario y su equipo.

Hay un tema cuyo análisis me preocupa, algo que vino cambiando y entiendo es central, porque condiciona muchas cosas de la política, pero más bien afecta la realidad diaria de los gobiernos, y en consecuencia la vida del pueblo, esto es, el rol o función que se le asigna a la “comunicación política y pública” en cada gestión, gobierno, construcción política o estrategia política.

En estos últimos años, el uso o rol que se le asigna al “sistema de comunicación pública” en las gestiones de gobierno se está modificando, pero no en todas las gestiones, sino en las que “supuestamente” constituyen oposición de quienes concentran los medios de comunicación y los usan para persuadir o distraer al pueblo mientras se aplican recetas y políticas que van en contra de los intereses de la mayoría, incumpliendo el compromiso electoral.

La política comunicacional elegida no es un tema menor, porque es parte de una estrategia general, la que trae ya definido quienes serán los beneficiarios o favorecidos por el gobierno de turno, si será el pueblo trabajador o un sector privilegiado. Por ello es que le asignamos importancia, y aprovecho para profundizar un poco más: “Campechanamente” podemos identificar dos grandes tipos o ejes de comunicación:

- Comunicar lo que se “hace” (tiene prioridad el “hacer, los hechos) - “Hacer” para comunicar (la prioridad la tiene la comunicación). Esta diferencia sobre el rol y lugar que se le da a la “comunicación” y al “hacer”, no es algo nuevo.

En nuestra historia de país, la adopción o uso de una y otra características se relaciona directamente con el “modelo” político, económico y social que gobernaba:

- Si era de tipo “conservador”, su modelo era “financiero”, con eje en la especulación, endeudamiento e inversión extranjera en capitales móviles, el que necesita una comunicación que busque entretener y persuadir a la comunidad con ejes que no son los principales, ni los más importantes, ya que la realidad era inexplicable e injustificable.

- Un modelo más progresista, que busque transformar la realidad en beneficio del pueblo y lo hace a través de “hechos” y actos de gestión, justamente centra la comunicación en mostrar o difundir los logros realizados, ya que es su finalidad. Esta rápida y criticable clasificación y relación, la traigo a la luz para analizar lo que hoy pasa, ya que si la aplicamos al pasado reciente, podríamos decir que siguió su cauce natural en los principales escenarios:

- El gobierno conservador y liberal de Mauricio Macri (Cambiemos) que fue netamente financiero, de especulación y se financió con endeudamiento e inversiones especulativas, aplicó un modelo comunicacional que se basó en “hacer poco y comunicar mucho”, escondiendo con ello y otras operaciones impactantes, lo que reamente sucedía e iba a modificar la calidad de vida del pueblo argentino. Repasando, vamos descubriendo que la de deuda externa creció un 300%, la reducción del ingreso, jubilaciones y salarios en términos reales a menos de la mitad, se fugaron divisas del país por 3 reservas del BCRA. Modelo que se aplicó también en las provincias y municipio, logrando los mismos resultados.

- En los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, y sus correlatos provinciales y municipales, los resultados indican que se logró desendeudar el país, “hacer” obras e inversiones que transformaron la realidad de muchas y muchos argentinos, además de una distribución más equitativas del ingreso, por ejemplo: la jubilación mínima en 2015 era de 600 dólares, la que 4 años después fue de 200 dólares.

Todo esto y más se logró con hechos, los que es más complejo comunicar y generar el debido interés público. Más aun cuando las corporaciones mediáticas trabajan para impedirlo. Esta realidad impuesta por estilos e intenciones políticas, toma en estos tiempos pos Macri, formas que salen o se ven fuera de lo que acostumbrábamos.

Anhelo estar equivocado y que solo sea el “efecto Covid” sobre la política, pero necesitamos imperiosamente que se vuelva al momento donde quienes competían políticamente, se esforzaban por “hacer” más que su adversario, mostrar más capacidad de gestión, generar y diseñar más respuestas a las demandas de la comunidad, estar dando la cara en las buenas y en las malas, atender personalmente a su comunidad —en términos lógicos– y generar ámbitos y modo de gestión donde la comunidad pueda acudir a gestionar o reclamar y que alguien esté esperándola, donde también la asignación de recursos públicos al gasto de publicidad sea racional y moral.

Espero que el “supuesto éxito” político obtenido por gestiones como las de Macri, Peppo, etc., las que no hicieron más que perjudicar al pueblo, empobrecernos y endeudarnos a 100 años, pero que finalmente, gracias a su “comunicación” finalizan con una “imagen” aceptable, que no los saca del tablero político y les permite seguir intentando, que a su vez constituye forma o modo de gobierno mucho más cómodo, de menor esfuerzo personal y militante, que no requiere de armar equipos comprometidos con la causa, solo de tratar de conseguir pagar las más caras y mejores consultoras privadas, “también tenga vacuna”.

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