Reflexiones para Navidad
El papa Francisco destacó que la Navidad se convirtió “en una fiesta universal, incluso para quienes no creen ni perciben el encanto de esta ocasión”. Así lo señaló en el mensaje que ofreció en la audiencia general que presidió en vísperas de una de las más importantes celebraciones de la fe cristiana. Recordó que se trata de un acontecimiento decisivo y, por eso, pidió que no se reduzca a una mera fiesta sentimental o consumista.
“El cristiano sabe que la Navidad es un acontecimiento decisivo, un fuego perenne que Dios encendió en el mundo y que no se puede confundir con lo efímero. Es importante que no se reduzca a una mera fiesta sentimental o consumista”, remarcó el Sumo Pontífice, para luego observar que la celebración no debe ser una fiesta en la que predomine el consumismo, ni que se transforme en un encuentro “lleno de regalos y buenos deseos, pero pobre en la fe cristiana” y también “en la humanidad”.
Por eso, Francisco pidió “frenar una cierta mentalidad mundana, incapaz de captar el núcleo incandescente de nuestra fe”, resumido en las primeras palabras del Evangelio de Juan: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y nosotros hemos visto su gloria”, la gloria que viene del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad”. Esta es la verdad de la Navidad, dijo, “no hay otra”.
No es la primera vez que el jefe de la Iglesia Católica destaca la necesidad de promover la sencillez y la humanidad en un mundo lleno de contradicciones que, por un lado, muestra importantes avances en materia de ciencia y tecnología que benefician a los países más aventajados del planeta, brindando una mejor calidad de vida a sus habitantes, pero a la vez, mantiene enormes brechas de desigualdad dentro de cada una de las naciones y, sobre todo, en los países más pobres.
En su mensaje, el papa Francisco expresa que la Navidad es, justamente, una fiesta de sencillez y humanidad, que “puede quitarnos el pesimismo de nuestro corazón y nuestra mente”, que hoy está muy extendido debido a una pandemia que dejó en evidencia una desigualdad que, como bien señala la ONU, no se trata solo de la riqueza, el patrimonio neto, o de los ingresos, o del sueldo bruto. También puede abarcar la expectativa de vida, la facilidad que tienen las personas para acceder a los servicios de salud, la educación de calidad o los servicios públicos.
Las palabras del papa Francisco deben servir también para reflexionar en esta Navidad sobre esa desigualdad global, que hace que casi 70 países pobres solo podrán vacunar a una de cada diez personas contra el Covid-19 el año que viene, porque las naciones más ricas han comprado suficientes dosis para vacunar a toda su población casi tres veces más de lo necesario para finales de 2021 si se aprueba el uso de las vacunas que están actualmente en fase de ensayo clínico. Así lo advierten distintas organizaciones no gubernamentales internacionales que indican que Canadá encabeza la lista de países con suficientes dosis, en ese caso para vacunar a cada canadiense hasta cinco veces si fuera necesario. El problema es que los países ricos, que representan apenas el 14 por ciento de la población mundial, han adquirido el 53 por ciento de todas las vacunas contra el nuevo coronavirus disponibles hasta ahora.
“Dios, en Jesús, es uno de nosotros: es una realidad que nos da tanta alegría y tanto coraje”, reflexionó Francisco. “Dios no nos miró desde arriba, desde lejos, no nos pasó de largo, no se sintió disgustado por nuestra miseria, no se vistió con un cuerpo aparente, sino que asumió plenamente nuestra naturaleza y nuestra condición humana. Es uno de nosotros, como nosotros. No dejó nada fuera, excepto el pecado: lo único que no tiene. Toda la humanidad está en él”, agregó.
Cristianos de todo el mundo celebrarán el nacimiento de Jesús, y esa celebración debe ser también una invitación a practicar la solidaridad y actuar siempre con preocupación por el prójimo, especialmente por aquellos que más necesitan ayuda y acompañamiento.










