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LA PANDEMIA ANTE EL FIN DE AÑO

La locura por las compras desafía el amesetamiento de los contagios

La masiva presencia de personas en el centro y la imposibilidad de controlar el cumplimiento de las normas generan riesgo alto.

La llegada de las fiestas de fin de año y la cancelación del sueldo anual complementario y del pago de jubilaciones, asignaciones y beneficios sociales, junto con un esperable relajamiento social, generaron un vuelco masivo de personas a la zona comercial del microcentro, lo que provoca muchas dudas sobre el devenir de una curva de contagios ‘aplanada‘ con un gran esfuerzo durante los últimos meses.

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Una multitud de clientes se volcó a la peatonal de Resistencia, que muestra postales similares a las de la prepandemia.

Si la estrategia hasta aquí había sido desalentar la circulación para evitar la propagación del coronavirus, las postales que ofrece hoy la peatonal de Resistencia no pueden generar más que preocupación.

Una recorrida de NORTE por la zona comercial por excelencia permitió observar postales ‘prepandémicas‘, que sólo difieren a los días previos al desembarco de la Covid-19 por el uso de barbijos y el alcohol en gel que se exigen para ingresar a los comercios.

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La cancelación de haberes y beneficios sociales promediando diciembre permitió el repunte de ventas.

La percepción no es exclusiva del cronista. El propio titular de la Cámara de Comercio de Resistencia, Martín Giménez, expresó la ‘sorpresa‘ en el sector por la gran confluencia de gente volcada a las compras navideñas y de fin de año.

ESPACIOS COMUNES

En rigor, los cuidados se relajan en los espacios comunes.

El cumplimiento de las normas al momento de ingresar a los locales contrasta notablemente con lo que ocurre en las adyacencias de los comercios, donde el uso de barbijos se vuelve notablemente más discontinuo y el distanciamiento social casi una utopía.

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En buena parte de los cajeros automáticos la situación se tornó bastante caótica durante la jornada de ayer, por faltante de efectivo.

En este caso, hay una imposibilidad fáctica para el control cuando la responsabilidad social es tan escasa.

El cronograma de pagos también volvió a poner a funcionar a tope a los cajeros automáticos y, en buena parte de los casos, al menos en estas primeras jornadas de la semana el sistema no demostró estar a la altura de las exigencia. Las largas filas de personas esperando hacerse de algunos billetes es una prueba irrefutable de esta afirmación.

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