El factor humano en los siniestros viales
Si se pudo evitar, no corresponde llamarlo accidente. Así lo señalan especialistas en seguridad vial de todo el mundo que se apoyan en las estadísticas para hacer esa afirmación: más de 80 por ciento de los siniestros en el tránsito ocurren por comportamientos humanos.
Según las compañías aseguradoras, cuando se analizan las causas de los siniestros viales se observa que las fallas mecánicas de los vehículos no superan el 3 por ciento. Esto quiere decir que una elevada conciencia vial en la mayoría de la población ayudaría a reducir colisiones entre vehículos o entre estos y peatones. En los últimos días se conocieron las lamentables noticias del fallecimiento de un niño de cuatro años que fue atropellado, cuando cruzaba una avenida de la ciudad de Buenos Aires junto a su madre, por un automóvil que circulaba a alta velocidad; y del deceso de una mujer que fue atropellada por una moto en una de las avenidas más transitadas de la ciudad de Resistencia. En ambos casos la peor parte fue para el eslabón más vulnerable del tránsito, que es el peatón. Se estima que en Argentina el 21 por ciento de las víctimas fatales de siniestros viales son peatones, y en las zonas urbanas esta cifra puede aumentar hasta el 44 por ciento. Estas cifras confirman que la falta de educación vial, tanto de los conductores de todo tipo de vehículos como de los propios peatones, contribuye a incrementar el riesgo de quienes cruzan a pie las calles o avenidas.
La legislación que fija las reglas viales establece que los vehículos deben dar la prioridad de paso a los peatones que cruzan en forma correcta la calzada por las esquinas o sendas peatonales, y con el semáforo a su favor donde lo hay.
Por otra parte, distintos estudios realizados en diferentes países de América Latina, para conocer la relación entre la velocidad con la que circula el vehículo y los daños recibidos por el peatón víctima de un siniestro, concluyen que si la velocidad de desplazamientos del vehículo fuera de 32 kilómetros por hora solamente el 5 por ciento de los peatones moriría en accidentes de tránsito. Pero si fuera de 48 y 90 kilómetros por hora la cantidad de víctimas fatales ascendería a un 40 por ciento e incluso podría llegar a un 80 por ciento y hasta un 100 por ciento. Queda demostrado así que reducir los límites de velocidad, especialmente en las zonas urbanas, contribuye a un tránsito más seguro.
Respecto de cuáles son las fallas humanas más frecuentes en la vía pública, se observa que las más comunes son la invasión de carril (38 por ciento) y la distracción (18 por ciento). La velocidad inadecuada se da en un 11 por ciento, mientras que las maniobras abruptas llegan al 10 por ciento.
Estos datos confirman, entonces, la necesidad de continuar con las campañas de educación vial para que todas las personas que participan del tránsito sean conscientes de las obligaciones que cada uno debe cumplir en la vía pública.
Según la Asociación Civil Luchemos por la Vida, en los países más avanzados en materia de seguridad vial existen iniciativas para reducir los límites de velocidad máxima permitidos en autopistas, rutas y ciudades. De esta manera, lo que se quiere es reducir las probabilidades de que ocurra algún siniestro, que es el término más adecuado para describir los hechos viales, en lugar de “accidente” que debe quedar solamente para los casos en los que los hechos escapan de la decisión humana como, por ejemplo, determinadas condiciones del clima que pueden ser muy perjudiciales para la conducción de un vehículo.
Según las autoridades de la Organización Mundial de la Salud, las estadísticas de siniestralidad por hechos asociados al tránsito tienen características de epidemia en la mayoría de los países. En ese sentido, vale señalar que, en la Argentina, la emergencia sanitaria declarada por el Covid-19 en principio limitó el movimiento de vehículos en calles y rutas y por ese motivo el número de siniestros se redujo en forma notable. Pero el regreso de las personas a las distintas actividades también trajo aparejado un mayor número de siniestros en la vía pública. De ahí la necesidad de promover una mayor responsabilidad vial para reducir los riesgos en el sistema de tránsito.










