Los poderosos smartwatches y la salud
Según la encuesta WIN World Survey 2019 sobre hábitos de vida, 51% de las personas que salen a correr con los dispositivos son hombres y el 54,4% mujeres.

Correr es una actividad que según la encuesta, basada en opiniones de 29.575 personas de 40 países, creció mucho en el contexto de pandemia en todo el mundo. En Europa el número de carreras de entre 5 y 42 km también tuvo fuerte incremento. Según un informe de RunRepeat y la Federación Internacional de Ultrarunners (IAU), ahora hay seis veces más participantes en este tipo de carreras que hace una década.
En 2018, concretamente, hubo 611.100 participantes en estas pruebas a escala mundial, en 2019 casi un millón, y es de esperar que esa cifra se supere este año. Los estudios revelan que, a medida que aumenta la distancia, las diferencias en el rendimiento entre hombres y mujeres disminuye.
Mientras que en 5 km los hombres son 18% más rápidos que las mujeres, en una maratón esta cifra se reduce al 11%. Es aquí donde hay que detenerse y reflexionar sobre la “utilidad” de estar tan informados y llenos de estadísticas, si nuestra actividad es de esparcimiento y no de alta competencia.

LA TECNOLOGÍA
Es aquí donde entra en juego el smartwatch o reloj inteligente, orientado al control de la salud, que permite cuantificar y medir cómo responde nuestro cuerpo a la actividad física. Hasta hace pocos años, esta tecnología que permite medir los parámetros de actividad corporales y cuantificar los entrenamientos y las rutinas de entrenamiento estaban únicamente al alcance de los deportistas profesionales.
En los últimos tiempos, el acceso a estos datos al servicio de la salud se democratizó al punto de integrarse en los dispositivos que usamos en nuestro día a día. Hay heladeras que al abrirse se comunican con el reloj y nos informan cuántas calorías llevamos quemadas hasta ese momento, dato por demás irrelevante si lo que se busca es un vaso de agua, pero que puede terminar condicionando conductas.
Concretamente, en el caso de los runners profesionales y practicantes de ultra trail, los smartwatches son una navaja suiza para mejorar marcas, practicar estas actividades de forma segura y divertirse de modo saludable. Al principio los relojes inteligentes trataron de abarcar usos que les quedaban grandes, incluyendo herramientas de mensajería y productividad.
Pero, paulatinamente, fueron centrándose en las tareas de medición de actividad física 24 x 7 y en la cuantificación de las prácticas deportivas. La integración de la medición del ritmo cardiaco en el propio reloj sin depender de cintas de pecho fue un logro bienvenido en este ambiente.

Luego, con la adición del GPS o el sensor de nivel de oxígeno en sangre o el análisis de la calidad del sueño, el repertorio de funcionalidades llevó a los actuales accesorios, donde la posibilidad de llevar la música en la muñeca o saber la hora quedaron relegadas a segundo plano. Por mucho que leamos que un smartwatch tiene tal o cual funcionalidad, en la práctica puede que no sepamos muy bien cómo se aprovechan en el día a día.
El testimonio de un runner comprometido con esta actividad, que practica cuatro días a la semana y suma 60 km aproximadamente, señala que la preparación es “mental, por un lado, y por otro, está la preparación física, con tres patas muy importantes: descanso, alimentación y entrenamiento”.
Precisó que para el profesionalismo el reloj es un compañero casi inseparable, no solo para saber los kilómetros y el tiempo. “También le entrega información sobre si está en zona aeróbica o anaeróbica, sobre la calidad de los entrenamientos, la cadencia de la carrera, etc”. Pero para el amateur tal vez sea un gasto innecesario disponer de toda esa información.
¿DEMASIADOS DATOS?
Pero el runner promedio, sabe qué reloj conseguir? Los registros de actividad y funciones dependen de cada fabricante y algún modelo concreto, sin dejar de lado el precio. Una de las empresas chinas líder mundial en telefonía celular tiene dispositivos capaces de registrar datos de pulsaciones, distancia, velocidad, nivel de oxígeno en sangre, calidad del sueño, altitud; y ofrecer estadísticas que llegan incluso a indicar el impacto del entrenamiento en nuestro estado de salud o recomendar periodos de descanso para conseguir una recuperación óptima.

Estos datos se registran en alguna de las tantas aplicaciones disponibles, que se integran con otros dispositivos como balanzas inteligentes, que miden la composición corporal de grasa y masa muscular, además del peso, lo cual también es relevante de cara a modelar nuestro estado de salud y ver el efecto del entrenamiento. Podemos consultar los registros en el propio reloj, pero en la aplicación es más intuitivo y fácil examinar los registros de actividad y entrenamiento.
Lo que sí es especialmente importante es poder consultar los datos de actividad mientras se entrena. Tantos datos disponibles pueden afectar el comportamiento de las personas, especialmente las de rasgos obsesivos. Así, un smartwatch puede convertirse en el peor enemigo de la salud por más que informe a cada rato que estamos más saludables que un dibujo animado de Disney.
Los especialistas recomiendan no pasarse de largo en la dependencia de estadísticas y datos y dejar margen al libre albedrío, que sea el propio cuerpo el que decida cuándo apurar el paso o dormir. La tecnología es útil, pero no puede dominar el día a día, o dejaremos de tener una vida saludable.










