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EL GOBIERNO APELA A LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL

La disyuntiva entre mantener abierta la economía y morigerar contagios

El Ejecutivo evita un retroceso en las actividades sociales y comerciales y ensaya tibias medidas como la intermitencia de la alarma sanitaria.

Desde lo estrictamente sanitario, siempre estuvo claro que al ser el coronavirus una enfermedad nueva la labor para atenuar su impacto era a prueba y error y así surgieron una serie de medidas terapéuticas y la administración de medicamentos a infectados que fueron descartándose cuando aparecían efectos adversos o se ratificaban que actuaban con eficacia para evitar complicaciones.

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La alarma sanitaria como medida única no tiene ningún valor mientras existan ofertas de actividades nocturnas.

Pero, una de las verdades irrefutables que se originaron con la pandemia es la relación directa que existe entre flexibilizaciones y movilidad ciudadana y el número de contagios. Hay sobradas muestras en el mundo y a nivel provincial también que cuando se establecieron aperturas y reactivaciones a actividades sociales y económicas se retrocedió para ralentizar el aumento de nuevos casos y evitar así un potencial escenario de crisis traducido en una saturación del sistema sanitario.

La última fue el fin de semana largo de la segunda semana de octubre por el Día de la Diversidad Cultural cuando se estableció el cese de actividades comerciales por tres días y luego se desalentó la circulación por la noche, se redujo el horario de atención de bares y restoranes lo que generó un cruce de declaraciones entre empresarios y Gobierno y la presentación de recursos de amparo con el argumento de que se les impedía trabajar acción que duró un suspiro. El Gran Resistencia tenía en promedio poco más de 80 casos diarios y autoridades señalaban la necesidad de poner un freno para no entrar en tensión sanitaria.

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La mayoría de las actividades comerciales están funcionando sin restricciones.

La semana que pasó la provincia fue superado el umbral máximo de nuevos contagiados cada 24 horas y llegó en una jornada a orillar los 300 y el área metropolitana recuperó terreno en el total provincial respecto del interior y en las últimos días promedió 94 casos, más de lo que había originado una pausa en el plan de desescalada.

En este escenario, la respuesta del Ejecutivo no fue volver a restricciones a la circulación sino más bien implementar tibias medidas más simbólicas que reales como la implementación de la alarma sanitaria, acción que en sí mismo no tiene valor alguno porque al mantenerse abiertos bares, restoranes, gimnasios y salas de juegos de azar nada hace pensar que el simple toque de sirenas llevará a que la ciudadanía deje de movilizarse ante una oferta de actividades cada vez más amplia.

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Las fiestas clandestinas y las reuniones sociales con importante concentración de personas son la principal fuente de contagio, según marcan quienes monitorean la evolución de la pandemia.

Tampoco se puede soslayar que no existe un acompañamiento comunitario y mucho menos empresarial a volver a etapas más duras del aislamiento, tanto por la necesidad de sostener la actividad económica para comerciantes como de la ciudadanía, hoy más preocupada porque se conozca la fecha de aplicación de vacunas que por mantener las medidas de bioseguridad harto conocidas.

El indicador a favor que tendría el Gobierno para no avanzar en medidas más duras es que la ocupación de camas de terapia intensiva hoy es menor a lo que se observaba el segundo fin de semana de octubre, aunque habrá que esperar las próximas semanas para determinar si este aumento en el número de contagios no trajo consigo mayor necesidad de ocupar unidades de cuidados críticos.