Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°

Prejuicios de una ministra porteña

La ministra de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Soledad Acuña, no dudó en afirmar que quienes eligen la docencia como profesión son personas que provienen de “los sectores socioeconómicos más bajos” que fracasaron en otras carreras, “cada vez más grandes de edad” y con poco “capital cultural”. Aseguró, además, que es un perfil que se repite en todo el país entre los que se inician en la carrera docente. La llamativa caracterización que formuló la funcionaria porteña coincide con otros prejuicios de encumbrados dirigentes de su mismo espacio político que primero hablaron de “caer en la escuela pública”, para luego sostener que “los pobres no llegan a la universidad”.

El desprecio hacia ciertos sectores y ámbitos de la sociedad parece ser una constante en algunas figuras que expresan el pensamiento más conservador del arco político, cuyo conocimiento de la compleja, rica y diversa realidad argentina se limita, con suerte, a una porción muy acotada de la geografía nacional: los elegantes barrios porteños. Los polémicos conceptos de la ministra Acuña parecen estar dirigidos al electorado de esas zonas privilegiadas del país. Pero eso no sería, en todo caso, un problema. Lo grave es que lo que sostiene la ministra es falso. No es cierto que el fracaso sea una característica intrínseca de los sectores de menores recursos de la Argentina. En todo caso, son las reglas de juego injustas de la sociedad (que ella, con su visión anacrónica y retrógrada del mundo, ayuda a preservar) la que pone obstáculos en el camino de millones de argentinos que se esfuerzan por superarse para poder llevar una vida más digna.

Además, la funcionaria habla como si fuera una observadora extraña a la realidad de la jurisdicción donde fue llamada a desempeñarse en un cargo público, como si no tuviera ninguna relación con los múltiples problemas que enfrenta la educación. Hay un dato que no es menor: hace más de una década que el manejo de la educación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires está en manos de la misma fuerza política, que es la misma fuerza a la que ella pertenece. ¿No tiene ninguna autocrítica para hacer como funcionaria? Es preocupante que una persona que ocupa nada más ni nada menos que el cargo de ministra de Educación de la ciudad más rica del país atribuya las mismas cualidades negativas a todos los integrantes de un grupo (en este caso los docentes de todo el país) por el simple hecho de pertenecer a ese grupo. Eso se llama prejuicio.

Tal vez se intente argumentar que lo que trascendió se dio en el ámbito de una charla virtual privada que mantuvo con el diputado Fernando Iglesias. Si así fuera, la descalificación que hace de los maestros por su elección vocacional y por su condición social y económica muestra que más que manejarse con datos de la realidad, Acuña hace gala de sus opiniones preconcebidas. Es que, sin ir más lejos, hace pocos días el Observatorio Argentinos por la Educación hizo público un informe sobre los aprendizajes en contexto de pandemia que reveló, entre otras cosas, que tres de cada cuatro padres que fueron encuestados en todo el país valoran en forma positiva el trabajo de los docentes. Según ese sondeo, el 75,2 por ciento dijo estar conforme con los maestros en el sector privado, mientras que la cifra es del 71,6 por ciento en el sector estatal. Lástima que la ministra no haya hecho referencia a esos datos y que tampoco los haya cruzado con otros aspectos de la compleja realidad de la educación para hacer un análisis más serio. Los psicólogos señalan que un prejuicio es el proceso de formación de un juicio sobre alguna persona, objeto o idea de manera anticipada. Es, aseguran, una actividad mental inconsciente que distorsiona la percepción.

Llama la atención la similitud de las percepciones de Acuña con las de la ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires, Maria Eugenia Vidal, quien aseguró que ningún pobre llega a la universidad. Ambas visiones coinciden con la con la del ex presidente Macri, que habló de “caer en la escuela pública” y las del ex titular del Banco Nación, Javier González Fraga (el mismo al que la Justicia abrió una causa penal por créditos irregulares otorgados a la empresa Vicentin) autor de la célebre frase “hicieron creer a un empleado medio que podía comprarse celulares e irse al exterior”. Que cada lector saque sus propias conclusiones.

Te puede interesar