Prácticas especulativas demoran la reactivación
Hace pocos días desde el Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación se destacó que la construcción es uno de los sectores que lidera la incipiente recuperación económica del país. La buena noticia, sin embargo, puede verse empañada por viejas y conocidas prácticas especulativas que terminan perjudicando al conjunto de la sociedad.
La parálisis que generó la pandemia de Covid-19 afectó, en mayor o menor medida, a todos los sectores de la economía. La construcción resultó ser uno de los más golpeados por las restricciones sanitarias pero, a la vez, por tratarse de un rubro que tiene una gran capacidad de recuperación y de funcionar como dinamizador de otras actividades, la puesta en marcha de este gran motor es considerado un factor clave para poner de pie al país en un momento tan difícil como el que atraviesa ahora. Pero la falta de materiales de construcción vuelve a ser uno de los obstáculos más serios para las economías regionales. En la provincia de La Pampa, por ejemplo, se sufre particularmente la falta de ladrillos cerámicos, según reveló la delegación de la Cámara Argentina de la Construcción de esa provincia que, además, expresó su preocupación por los problemas en la entrega de cemento, hierros y chapas y productos de grifería entre otros materiales básicos. Lo mismo ocurre en Tucumán, donde la Cámara Tucumana de la Construcción no ocultó su malestar por los aumentos de precios que ponen en riesgo la continuidad de los proyectos. Algo similar se observa en otros puntos del país y el Chaco no es la excepción.
Aquí los problemas tienen varias aristas. Desde la Cooperativa de Productores de Arena y Piedra del Noreste se advirtió que varios proyectos de grandes obras, que son importantes generadoras de trabajo local, están pendientes del normal suministro de arena que en principio se vio afectado por la bajante del río Paraná y luego por un reclamo que derivó en un paro de actividades dispuesto por el Sindicato de Conductores Navales y el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos que imposibilita a los productores asociados a la cooperativa disponer de sus buques para extraer la arena del río Paraná. Sobre este asunto hubo incluso reclamos de la Federación Económica y hasta el gobernador Jorge Capitanich expresó su preocupación ante el Ministerio de Trabajo de la Nación por la urgente necesidad de destrabar el conflicto que afecta a las areneras. Por otra parte, la escasez en la oferta de arena en el mercado local produjo, a su vez, un aumento especulativo de los precios de este material en algunos corralones. Pero eso no es todo: a nivel local también hay dificultades para conseguir hierro, un material que no puede faltar en ninguna obra en construcción. En este caso las miradas apuntan a Acindar, una de las productoras de aceros más importantes del país, cuyas decisiones impactan en muchos sectores, incluso en los que poco tienen pocos vínculos directos con la construcción, como es el caso de la ganadería que -en el Chaco- sufre la falta de alambre, un material muy demandado en los últimos dos meses a raíz de la necesidad de volver a alambrar los campos que fueron arrasados por grandes incendios que destruyeron todo a su paso en amplias zonas rurales de la provincia.
Todo parece indicar que el país vuelve a reeditar viejas prácticas especulativas de intereses particulares que demoran la esperada reactivación económica y terminan perjudicando a todos. Se trata de un círculo vicioso que se retroalimenta con la desconfianza de unos pocos. De esa manera, resulta más difícil volver a poner en marcha las distintas cadenas productivas. Es una especie de canibalismo económico que, lamentablemente, no es nuevo en la historia del país y que parece ser el deporte favorito de algunos sectores que tienen serias dificultades para formar parte de los consensos básicos que necesita cualquier sociedad para ponerse de pie y salir adelante.










