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La epopeya de las pymes

“Voy a presentar al mundo / A aquel que todo lo ha visto, / Ha conocido la tierra entera, / Penetrado todas las cosas, / Y en redor explorado / Todo lo que está oculto / Excelente en sabiduría, / Todo lo abarcó con la mirada: / Contempló los secretos, / Descubrió los Misterios / Nos ha incluso contado / sobre antes del Diluvio.”

Lo antedicho corresponde a la primera obra literaria conocida: La epopeya de Gilgamesh, escrita hace 35 siglos en la Mesopotamia. Plasmada en tablillas de arcilla, esta epopeya consta de tres mil versos, de los cuales han llegado hasta nosotros solo las dos terceras partes, suficientes para conocer su relato acerca de la vida del gran rey Gilgamesh, amo de las tierras de Uruk, quien no quiere morir y trata busca la manera de huir de este destino.

Tres mil quinientos años después, la humanidad aun intenta trascender este fin común, por medio de diversos artilugios. Uno de ellos es el legado. He aquí la grandeza de todo emprendedor, al imaginar una realidad que aún no existe y movilizar los medios para materializarlo, aun con la conciencia de que tal vez no llegará a presenciar el máximo esplendor de su obra, pero con la certeza de que esta le trascenderá e inmortalizará sus ideas.

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La manifestación de la estrategia, el propósito y la visión empresarial son retoños de aquellas primeras imaginaciones de los hombres. Buscan, en el marco de una compañía, atravesar a sus miembros y sobrevivirlos, estableciendo valores, objetivos y motivaciones. Sin embargo, a diferencia de la literatura, en este caso no alcanza sólo con escribirlas. Es importante vivirlas.

Ahora bien, ¿Cómo se puede hacer esto?

Comencemos por abordar los conceptos básicos de la planificación para comprender los posibles usos que puede darse de estas declaraciones en una pyme. Es sabido que una estrategia es un conjunto de compromisos y acciones, integrados y coordinados, diseñados para explotar las competencias centrales y lograr una ventaja competitiva en una firma. Sin embargo, ella no podría lograr su cometido por si sola. Necesita del desarrollo y actualización de definiciones de ciertas nociones, como la Visión y la Misión. Así, una vez que la entidad ha analizado a su organización interna y al entorno, contará con la información necesaria para formular estos enunciados, a fin de informar a los grupos de interés como es la firma, que desea conseguir y a quien pretende servir.

Asimismo, la VISION es una descripción de lo que quiere ser la firma y de lo que quiere lograr en última instancia. Sumado a esto, articula la descripción ideal de un ente y configura el futuro que se intenta alcanzar. Dicho con otros términos, plantea principios y aspiraciones. Consecuentemente, desafía a las personas y las exige al máximo.

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Con todo esto, las declaraciones del futuro deseado suelen ser cortas, concisas y fáciles de recordar. Y acá es donde se suelen encontrar dificultades, al no evitar establecerlas en forma de manifestaciones extensas, con frases abstractas que solamente podría ser comprendida por quien las promulgó.

En consecuencia, corresponde que la visión sea compartida y, en ese orden, el dueño de la pyme ha de trabajar arduamente para involucrar a los grupos de interés en pro de que sea efectiva. Esto se realiza promoviendo que las decisiones y acciones de todos los colaboradores sean congruentes con esta proyección. De otro modo, nos anclaremos en el plano ficcional.

La misión, por otra parte, es más específica a los negocios en los que procura competir el comercio y los consumidores a los cuales intenta atraer. En efecto, es mucho más concreta que una visión. Entonces, le incumbe plantear la singularidad del comercio y ser fuente de inspiración para todos los stakeholders, o sea, los interesados.

En resumen, resta insistir con el hecho de que no basta con exponer una única vez las premisas que rigen a la pyme, para luego degradarlas a un vago recuerdo anecdótico, o a frases exhibidas pero que nadie lee o comprende. Es menester además discutirlas con frecuencia con los equipos de trabajo y pensar en el diferencial que están ayudando a conseguir frente a los competidores.

Para vislumbrar lo que se debe evitar, mencionaré el caso de una fábrica automotriz que declaraba tener el propósito de “entusiasmar a los clientes en todo el mundo con automóviles innovadores, confiables y amigables con el medio ambiente, así como con servicios de excelencia para obtener resultados sobresalientes”.

Esta proclamación, difundida por toda su planta, aparentaba ser opulenta y cumplir con los requisitos antes mencionados. No obstante, al recorrer la empresa se hacían evidentes los reclamos de los usuarios por la mala calidad de la prestación. Al mismo tiempo, año a año se incrementaban los costos de las multas por contaminación. Por consiguiente, cuando se consultó al personal por la última vez que se reunieron a conversar sobre los fundamentos de la firma, la respuesta fue un rotundo “nunca”.

Para finalizar, estimado empresario pyme, citaré a otra gran obra literaria de la antigüedad: La Odisea, en donde Homero dice: “No sé lo que depara el futuro, pero sé quién tiene el futuro en sus manos”. Por ello lo invito a tener declarada la estrategia, misión y visión, y a encarnarla todos los días, para poder verdaderamente ser dueño de su futuro y no esclavo de su presente.

(*) Consultor en Grupo Set LATAM

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