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Victoria demócrata en Estados Unidos

El minuto a minuto de las noticias que llegan desde Estados Unidos confirman que el candidato demócrata, Joe Biden, finalmente obtuvo el número de electores que necesita para ser el próximo presidente norteamericano. Pero más allá del resultado de los comicios, la nación más poderosa del mundo muestra preocupantes señales de una sociedad atravesada por tensiones raciales, políticas y sociales que, lejos de resolverse, se agudizaron con la presidencia de Donald Trump.

Algunos datos de la difícil coyuntura que enfrenta la nación del norte pueden ayudar a comprender el complejo panorama: a este proceso electoral sin precedentes se llegó en medio de los mayores disturbios raciales de los que se tienen memoria desde 1968; la venta de armas registró niveles récord antes de las elecciones (EE.UU. es el país que tiene la mayor cantidad de armas de fuego en los hogares); la pandemia de Covid-19 azotó en varias ciudades, disparó los índices de desempleo y agravó la situación social de las franjas más vulnerables de la población (se estima que cerca de 40 millones de estadounidenses viven en la pobreza) y en medio de este delicado escenario, el presidente Donald Trump, lejos de esperar los resultados de las urnas, no tuvo mejor idea que sembrar sospechas de fraude en el recuento de los votos, alimentando el malestar de sus seguidores, entre los que se cuentan los miembros de peligrosas milicias armadas como los Patriot Prayer, Three Percenters, Oath Keepers y la Light Foot Militia, entre otros grupos que habían llamado a “defender” el voto republicano.

Pero las maniobras de Trump no fueron suficientes, al menos hasta hora, para frenar el veredicto de las urnas y los últimos datos disponibles del escrutinio confirmaron la victoria de Biden, luego de imponerse en Pensilvania, uno de los estados que allanó el camino del candidato demócrata hacia la Casa Blanca. Si no surgen sorpresas en los próximos días, entonces el mundo estará ante el fin de la era Trump. En la Argentina muchos se preguntaban cuál de los dos candidatos podría ofrecer un mejor perfil para la relación bilateral con la potencia del norte. El interrogante parte de una interpretación un poco ingenua del tablero geopolítico mundial. En rigor, América Latina no figura entre las prioridades de la potencia planetaria que, en materia de política exterior, está más preocupada por la amenaza que pueden representar para sus intereses el mayor protagonismo que comenzaron a mostrar países como China, Rusia o India. En todo caso, el desembarco de intereses chinos o rusos en la región es lo que puede llegar a colocar a la Argentina en el radar norteamericano. Algo de eso pasó a mediados del año pasado cuando el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo realizó una gira regional y se reunió con el entonces presidente Mauricio Macri. Algunos medios aseguraron en ese momento que en el encuentro Pompeo se mostró interesado por la posible participación de firmas chinas en áreas comerciales que son consideradas estratégicas por Washington, como es el caso de la Hidrovía Paraná-Paraguay, uno de los mayores sistemas navegables del planeta. En esa oportunidad trascendió que al funcionario norteamericano le preocupaban las noticias que daban cuenta que la empresa Shangai Dredgign Company, también conocida por las siglas SDC, y su socia local, la argentina Servimagnus, especializada en tareas de dragado de puertos y canales navegables, habían mostrado un gran interés en participar de la licitación del dragado de la hidrovía.

Es imposible predecir el rumbo que tomará Estados Unidos con Biden en la Casa Blanca, si es que se confirma su triunfo. Pero distintos analistas coinciden que lo más probable es que, comparado con Trump, el demócrata se muestre más abierto al multilateralismo y previsible en sus gestos con la comunidad internacional. Un dato que se perdió en la maraña de información de los últimos días es que Biden, que es católico practicante, hizo referencia en varias oportunidades a la nueva encíclica del Papa Francisco Fratelli Tutti en la que el jefe de la Iglesia Católica llama a construir un mundo más justo y fraterno. Hay quienes, incluso, ven más vínculos que unen al candidato demócrata con el Papa y, en ese sentido, aseguran que el demócrata también comparte preocupaciones por la situación de las migraciones, el multilateralismo y el cambio climático, tres temas que han estado muy presentes en los mensajes del Sumo Pontífice de los últimos años.

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