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ENTREVISTA CON MARIO DOLDÁN

“Le tengo mucho respeto al lector”

El escritor acaba de presentar un nuevo libro de cuentos titulado “Antaño”. Ahora nos reunimos para dialogar sobre su obra poética.

- Para un escritor el aislamiento y la soledad forman parte de su entramado de trabajo. Sin embargo, ahora vivimos todos en un contextos similar por una pandemia, ¿cómo estás viviendo este tiempo?

-El silencio es el espacio por el cual estamos acostumbrados a remitirnos para la escritura creativa. En este tiempo se suma a ese silencio un fondo, que es de angustia. Esta puede movilizar o inmovilizar. En mi caso ha movilizado a la escritura, una búsqueda que tenía de antes de este tiempo y también ha movilizado a la lectura de algunos autores.

En principio tenía un libro de cuentos que en este tiempo lo revisé, lo fui moldeando, trabajando, cerrando, hasta llegar a este momento de la publicación del libro de cuentos. El silencio lo tomo como un modo de trabajo, un espacio en el cual trabajo. El escritor es una voz, siempre está buscando decir algo desde ese lugar de concentración, de inspiración. La voz sale desde un espacio reducido, íntimo, que puede ser un escritorio. Para mí esta época es muy distópica, me ha significado profundizar la mecánica de trabajo, la lectura y la reescritura, pero convivo con el agobio de esta época.

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“Ahora estoy adaptado al tiempo. El agobio está presente, creo que todos sentimos agobio en este contexto pandémico y distópico”, dice Doldán.

- ¿Tuviste fases donde fue más fácil o difícil el trabajo?

-Ahora estoy adaptado al tiempo. El agobio está presente, creo que todos sentimos agobio en este contexto pandémico y distópico. Desde la misma extrañeza hasta la concepción de un nuevo tiempo por venir, de esa nueva normalidad por venir de la que hablan, todo es agobiante. Extrañeza en el sentido de que un escritor, un docente, siempre busca el contacto en aulas, bibliotecas, en eventos culturales. La literatura es de contacto con el cuerpo presente. Quizás eso es lo que más extraña de la época anterior al inicio del aislamiento. Hay un antes y un después, este año será recordado como un antes y un después. No estoy acostumbrado a vivir así, estoy con un sentimiento de extrañeza. Si bien estoy trabajando extraño el mundo que dejamos atrás, quizás lo podamos recuperar total o parcialmente algún día. Este es un momento agobiante al que no estamos acostumbrados, me siento parte de un mundo al cual no pertenezco, al no poder ver a mis amigos, a los lectores, no poder tener la regularidad que tenía en el trabajo de gestor cultural.

- Vayamos a la poesía, tenés cinco libros publicados. ¿Cómo llegaste a la poesía o, acaso, la poesía llegó a vos?

-La poesía llega con experiencias vitales. Siempre me remito para responder a esto a la infancia, a la adolescencia, a las primeras lecturas. Abordé autores que fueron muy significativos desde que tengo memoria. En primera instancia llegué a la poesía a través de la lectura, en una tentativa quizás de imitar el acto artístico, creativo y estético de los autores que estaba leyendo. Había una voz que buscaba expresar, todo escritor es una voz que hay que pulirla, darle volumen, tono, presencia. Esa voz se fue gestando con un cúmulo de experiencias. En un momento entré a percibir que tenía un talento expresivo a través de la escritura. El género de expresión era y es la poesía. Comenzó como un modo de expresión puramente lírico, hasta llegar a ser lírico y narrativo. Un discurso que apunta a la problemática social, a la existencia del ser humano y a narrar historias.

La poesía llegó con las experiencias vitales de la vida, con los primeros libros, primeros concursos, con los aprendizajes de referentes importantes dentro de la poesía local, regional e internacional. Tengo autores preferidos que me acompañan, Antonio Gamoneda, Jaime Sabines, desde mis primeros escritos aparecen Neruda, Benedetti, Cortázar, Saer, Bolaños, entre otras referencias. Ellos me impulsaron a escribir, a ir moderando mi voz poética hasta llegar al último poemario del año 2017, ‘Tactos‘. Todos esos impulsos siguen vivos, ahora mismo estoy trabajando en un poemario.

-En tu caso vemos que te preocupan las lectoras, los lectores, ¿en qué momentos están presentes dentro del proceso de escritura?

-Cuando escribo, el lector es un lector universal. Escribo para un lector desconocido. La poesía llega a quien tiene que llegar. Al lector lo tengo presente porque la labor creativa y artística tiene que tener cierta altura. En literatura hablamos de literalidad. Siempre trato de que en mis publicaciones con mucho respeto al lector, darle un libro que realmente tenga una función o un objetivo estético literario. No sé si lo logro, pero sigo en esa búsqueda de presentar una obra que sea vista tanto por la crítica como por el lector como una obra estética, literaria. Esta es la consideración que tengo con el lector, un gran respeto. A veces me da hasta vergüenza que la gente me diga poeta, o me diga escritor, porque yo, con buen sentido de crítica sobre mis obras, me pregunto si realmente alcanzo a ser escritor o poeta.

-Estamos aquí de alguna manera confirmando esa apreciación. ¿El poema se cierra solo o trabajás con alguien más?

-En lo particular, siempre trabajé con un primer lector y con correctores. Creo que todo escritor debe trabajar con perspectivas ajenas a su obra, ahí quizás se complementa el texto literario. Uno hace ensayos, puestas en común con lectores y en la recta final de la publicación del libro están los correctores. Tengo en narrativa un lector común y diversos correctores que venían con el servicio editorial.

Siempre dejo la puerta abierta de que puedo equivocarme. Porque los escritores nos equivocamos en la construcción de un texto. En ese sentido para profesionalizar la escritura creativa uno debe tener la humildad de ceder el texto al parecer de otro. Siempre lo hice, tanto en narrativa como en poesía. Ver el efecto que causa en el otro el texto es una especie de laboratorio. A partir de ahí voy incorporando visiones de las personas que admiro mucho. Mi libro de cuentos lo trabajé con Ana María Donato. Me ha hecho una devolución y me sirvió de mucho, es una voz autorizada, hay sabiduría, conceptos, correcciones, un efecto afectivo que todo escritor busca darle a su obra. Si una obra no causa nada, ningún sentimiento, difícilmente sería una obra apreciada.

También trabajo con artistas. Los artistas también me han dado con sus ilustraciones, aportes gráficos que suman una dimensión que no conocía del texto. Por ello en todos mis libros he trabajado con artistas plásticos. Ellos complementan con su discurso, con su relato, la producción del texto. Esto conforma así un producto final que es un libro comunitario, ya que han intervenido otras personas con sus respectivas.

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Nuevo libro “Antaño”. Ilustraciones de Hugo Justiniano, xilografías de Dante Arias e historietas de Matías Gómez.

-¿Cuál es el impulso o la idea que mueve a escribir un poema?

-La emotividad, el sentimiento, está presente en la poesía. Hay un momento -llamemos inspiración o estado poético- cuando surge la ocurrencia, la imagen.

El estado inicial y sustancial de la poesía es sentimental. Ahora, una vez escrito, uno lo deja, como decía Alfredo Veiravé, lo deja en el freezer por un tiempo. Cuando lo toma lo hace como un lector, esto está escrito por Alfredo en un poema que se llama Aviso a los navegantes. Cuando se retoma el poema, se lo dota de la técnica que uno pudo adquirir con la experiencia, la formación, los talleres literarios. Todo poema es un artificio, conservando la pureza emocional y sentimental. Pero todo poema es artificio, el lenguaje poético es artificio, pero eso se logra a través de la escritura y la corrección. Es una piedra preciosa que hay que pulir hasta llegar a una obra final.

La poesía siempre es sentimiento y emoción. En la reescritura está la artificialidad, donde le damos o le dotamos de recursos literarios.

-¿Cuando llega esa segunda fase de la escritura también hay que tomar decisiones sobre qué puede ser viable o no?

-Sin dudas. De lo que publico no sé si llego al 40 o 50 por ciento de lo que realmente escribo. Por eso en la reescritura hay una selección. La selección es arbitraria, la hace únicamente el autor, pero tengo muchos escritos, libros enteros que he descartado que necesariamente deben ser abordados en otro tiempo para una mejora, para una corrección o para finalmente descartarlos y abandonarlos.

-En esta unión de ser y escritor como un todo, ¿se es en la existencia con el otro o a través de las palabras?

-Aquí hay una cuestión, como decía Miguel de Unamuno, necesito la experiencia vital con el hombre de carne y hueso, el otro, el lector. En mis libros hay una búsqueda de reflejar no solo los sentimientos propios sino también los sentimientos existenciales del ser humano. Busco reflejar aspectos genéricos del hombre, sentimientos, experiencias de vida, algunas extremas, dolor, la muerte, el amor, el desamor, la injustica, el hambre, la historia, tópicos que voy abordando en mi poesía. Esos tópicos están en mi poesía y no los he cambiado a lo largo del tiempo porque son los que me agobian, me pegan, me motivan a escribir. Abordo temas fundamentales del ser humano y esto causa en el lector un sentido de reflexión o búsqueda.

-Entre estos tópicos aparece alguien como una fuente o el impulsor de todo, con quien en algún fragmento decís que te debés una charla. Ahí está Dios, ¿cuánto juega en todo esto?

-Aparece Dios en toda la obra, no solo poética sino narrativa, en todo lo que escribo. Aparece desde la creencia, desde el sentido religioso, desde la fe que profeso. La existencia, el condimento de la existencia, su extremidad, el condimento de la existencia nos
lleva no solo a pensar en la vida sino también en la muerte. Todo eso incluye el discurso prefilosófico, filosófico y religioso. Dios está presente en todas mis obras.

Es también un cuestionamiento de la existencia, qué hay más allá de la vida. Desde la fe uno lo aborda, soy creyente pero planteo cuestiones desde la filosofía y desde la creación literaria.
Lo pongo a Dios como un personaje con quien en algún momento voy a tener una charla.

-¿Hay una utilidad en la poesía? ¿Sirve para algo?

-La poesía no sirve en términos prácticos y concretos para los fines cotidianos. La poesía para lo que sirve es para motivar, tener una referencia de la vida. No creo que la poesía sirva para hacer nada en concreto, no tiene utilidad. Pero si podemos hablar de la utilidad de lo inútil, esto que nosotros consideramos inútil para fines prácticos y concretos tiene otra utilidad, que es la espiritual. En este sentido creo que el ser humano busca en la poesía un refugio, un modo de expresión, un modo de existir. La poesía es un modo de existir.

Ciclo de charlas literarias virtuales con escritores y escritoras

Él es testigo de las nuevas generaciones de escritores donde aparece un aspecto de la vida literaria que destella con la gestión y la difusión cultural. Mario Doldán a este aspecto le da mucha importancia y ha generado eventos en la Universidad Nacional del Nordeste, en bares, en espacios públicos y culturales. Ahora, en este contexto de aislamiento, se ha volcado a un espacio que ya conocía -las páginas de las redes sociales-, pero explotando aún más este recurso del espacio virtual.

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El Ciclo de Literatura Infame es formativo, tiene carácter de taller literario y está destinado en especial a los jóvenes escritores.

El grupo Infames, integrado por Mario Doldán, Walter Fernández, Pablo Maciel, Héctor Ojeda, Lucas Sampor, Marco Fernández Leyes, Sandra Soler, Vanessa Infeld, entre otros, realiza entrevista con poetas y narradores tanto de la región como del país y el exterior. Un tiempo atrás realizó un diálogo en simultáneo con Rodrigo Galarza, en España, y otros músicos y poetas de Caa Catí, Corrientes. Todo en simultáneo.

Una de las últimas producciones fue una entrevista con el escritor Mariano Quirós. ‘Todo los ciclos virtuales, aunque tengan alcance medido en su momento, hoy trascienden por el registro audiovisual. Ahora me interesa esto, el testimonio que queda del autor a través del registro audiovisual‘, subraya.

LOS INFAMES

Este nombre del ciclo tiene una connotación negativa, sin embargo Mario Doldán habla también de los artistas que no tienen consideración o reconocimiento. ‘Este es un espacio alternativo para autores que no tienen una debida difusión. Estamos trabajando para la difusión de otros autores, ese es el sentido de la gestión y la difusión cultural. Buscamos contribuir a la difusión de otros autores en un gesto de desprendimiento y amor‘.

El ciclo se presenta visualmente muy cuidado, con cuestiones salvadas en muchos casos como claridad en imagen y sonido. ‘Hicimos una adecuación con la tecnología así como la tuvieron que hacer muchos docentes para adaptarse a las aulas virtuales. Tratamos de dar un producto bien elaborado‘.

FORMACIÓN

La entrevista tiene el tono de la informalidad, la búsqueda de lo concreto del fenómeno literario. ‘Son entrevistas abiertas donde también el público pregunta -explica-; entonces todo se vuelve mucho más enriquecedor. Por ello consideramos que el ciclo es formativo, tiene carácter de taller literario. Está destinado a todo público pero especialmente a los jóvenes escritores para brindarles herramientas y aliento en el arte de la escritura’.

Mario Doldán Biografía

Es profesor en Historia y poeta, nacido en Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco, Argentina, el 7 de diciembre de 1973. Publicó ‘Caminos del alma‘ (2007), ‘Cuerpos habitados‘ (2009), ‘Ojos de Tormenta‘ (2011), Opúsculo de frío (2013) y Tactos (2017). Fue secretario de la Sociedad Argentina de Escritores, filial Chaco, y es miembro activo. Varios de sus poemas aparecen en antologías regionales. Vivió en cuatro provincias del norte argentino y actualmente se halla radicado en Resistencia. Obtuvo varias menciones y premios en concursos literarios.

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