Construir un pacto social para abrazar al pueblo que sufre
“Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber…” (Mt. 25, 35).
El Instituto de Estadísticas y Censos (Indec) de la República Argentina dio a conocer recientemente el informe titulado “Condiciones de vida”, con datos que revelan la situación trágica que estamos viviendo en el país. El estudio abarcó solamente 31 aglomerados urbanos de todo el país; por tanto, marca una tendencia bastante aproximada, pero no refleja toda la realidad que posiblemente sea aún más dura. Por ejemplo, en la provincia de Santa Fe se incluyó al Gran Rosario y al Gran Santa Fe; del resto de la provincia, no tenemos información.
Con las limitaciones señaladas, el informe nos dice que en esos 31 conglomerados urbanos hay 8,7 millones de personas (40,9%) cuyos ingresos no les alcanzan para satisfacer sus necesidades básicas totales, y otros 3 millones son indigentes que no pueden cubrir una canasta básica alimentaria.
Este presente dramático proyecta un futuro aún más difícil por sus consecuencias: el 56,3% de niñas, niños y adolescentes de entre 0 y 14 años son pobres con carencias alimentarias de educación, esparcimiento, vida sana; y también son pobres el 49,9% de los jóvenes de entre 15 y 19 años. Si miramos la situación en la provincia, en el Gran Santa Fe hay 226.866 personas pobres, de los cuales 58.150 padecen indigencia y en el Gran Rosario 551.802 que viven en la pobreza, y, de ellas, 176.166 en situación de indigencia. Al hablar de números y porcentajes corremos el riesgo de quedarnos en un plano abstracto, sin tomar plenamente conciencia de que se trata de personas, de hermanas y hermanos a quienes la vida duele y, muchas veces, lastima para siempre; que detrás de cada rostro hay historias concretas, con frustraciones, luchas y desalientos; y en cada una y uno de ellos, un Jesús herido. Es duro pero positivo que conozcamos estos números, sin disimular o esconder la realidad o usándolos para lucrar partidariamente; que tengamos los ojos abiertos para ver, sensibilidad para comprender y voluntad para actuar, porque es inmoral aliarse con la cultura del descarte y la indiferencia. Asumir la pobreza desde la fe no es una opción ideológica, sino un compromiso entrañable en sintonía con el Evangelio.
El Papa Francisco, con la sencillez y asertividad que lo caracterizan, resume el estado actual de la sociedad: por un lado, es indispensable encontrar la cura para un virus pequeño pero terrible, que pone de rodillas a todo el mundo. Por el otro, tenemos que curar un gran virus, el de la injusticia social, de la desigualdad de oportunidades, de la marginación y de la falta de protección de los más débiles. En esta doble respuesta de sanación hay una elección que, según el Evangelio, no puede faltar: es la opción preferencial por los pobres. Y esta no es una opción política; ni tampoco una opción ideológica, una opción de partidos. La opción preferencial por los pobres está en el centro del Evangelio. Y el primero en hacerlo ha sido Jesús. La coyuntura nos desafía a hacer nuestros esfuerzos más sinceros y profundos, tendiendo puentes de solidaridad y compromiso con el hermano que sufre. Cada persona, familia, comunidad cristiana, organización barrial, puede hacer mucho. Pero en estas circunstancias es cuando la política entendida como intervención en el ámbito público para la construcción del bien común que, como señalaba Papa Benedicto XVI, es la forma más alta de caridad, lamentablemente muchas veces desprestigiada por discursos o hechos que se deben desterrar.
Desde el equipo de Pastoral Social Arquidiocesana, instamos a la dirigencia política, a quienes tienen responsabilidades civiles y sociales, y a la sociedad toda, a dejar de lado cualquier interés sectorial, partidario o mezquindades mediáticas que nada aportan, y a renovar la apuesta por la construcción común de una Patria Grande, donde nadie se quede afuera, abogando por un verdadero pacto social para revertir esta dolorosa situación que maltrata a tantos. Dicho pacto social debe convocar a todos los actores, proponiendo políticas integrales, extraordinarias y solidarias, que actúen sobre las causas que generan pobreza estructural y garanticen tierra, techo y trabajo para todos los habitantes de la provincia. Con el ejemplo de Jesús (…) tenemos que actuar ahora, para sanar las epidemias provocadas por pequeños virus invisibles, y para sanar esas provocadas por las grandes y visibles injusticias sociales. Propongo que esto se haga a partir del amor de Dios, poniendo las periferias en el centro y a los últimos en primer lugar. Rogamos a nuestra Madre de Guadalupe que pueda cobijar bajo su manto a tantos hermanos que sufren, y a ella le pedimos que con su amor aguantador nos mueva a construir una patria para todos. Jesucristo, Señor de la historia, ¡Te necesitamos!.
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