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Modernidad y posmodernidad

Hay dos ideas opuestas que han quedado en evidencia en estos tiempos especiales que vivimos.

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Por un lado, la que dice que deberíamos brindarnos a nosotros mismos todos los placeres posibles frente a la finitud de la vida, porque todo se puede terminar de pronto (una especie de apocalipsis generado por el miedo).

Y, por otro lado, otra dice que deberíamos disciplinarnos más y sacrificarnos durante un período en pos de algo mejor, después, para todos. Lo cierto es que entre los años ’70 y ’80 nació un mundo nuevo que se denomina postmoderno y es distinto de lo que conocimos hasta entonces, llamado modernismo.

A los que venimos de la época moderna, nos enseñaron que había un pasado, un presente y un futuro, y uno debía armar un plan. Es decir, transitar un proceso para construir un sueño futuro. Por ejemplo, a mí me enseñaron que era bueno invertir cinco años en la facultad y esforzarme para ganar algo futuro. ¿Qué sucede actualmente en el postmodernismo? Ya no hay futuro ni pasado. Se murió el tiempo. Todo es “ya”, “ahora”, “urgente”.

Como describe un filósofo francés: “Patinamos sobre el hielo”. Todo es movimiento, nos falta la capacidad de armar procesos hacia adelante. Por ello hay que distinguir entre placer superficial y felicidad. En la felicidad, yo pierdo algo menor (aunque me cueste) para ganar algo mayor. En cambio, en el placer, no quiero perder nada; solo quiero estar bien y disfrutar el ahora. No me importa el mañana, solo el presente.

Podemos concluir que un concepto saludable de felicidad es: disfrutemos el presente, conectemos con el ahora, pero tomemos decisiones que mañana nos hagan bien. Si yo como una hamburguesa triple, la disfruto y lo paso genial; pero, en un futuro cercano, ¡el colesterol me va a pasar factura! También podemos elegir comer algo rico hoy que sea sano y nos haga bien mañana.

A esto se lo conoce en psicología como “historizar”: consiste en armar un puente entre mi presente y mi futuro para que, cuando llegue mi mañana, me encuentre bien. Aunque vivamos en un mundo postmoderno, necesitamos historizarnos siempre, armar un puente siempre.

No se trata de vivir ahora y disfrutar ahora, porque el mañana no existe y el pasado ya pasó. Nosotros somos pasado, porque tenemos una historia. Somos lo que fuimos y hemos transformado. Pero también hay un futuro, aunque ahora sintamos incertidumbre. Entonces, armar ese puente significa planificar dónde me conecto.

En el pasado posponíamos la felicidad para adelante: “Seré feliz cuando…”. Siempre estaba en el futuro. Hoy nos fuimos al otro extremo, todo es ahora. No queremos invertir nada para ganar algo. Procuremos encontrar un balance donde podamos conectar con el ahora y, al mismo tiempo, pensar en algo hacia mañana. Esa es la mejor manera de caminar en medio de esta crisis.

ACTIVANDO LA CREATIVIDAD

Dicen los expertos que, para conectarnos con nuestra creatividad, hay que tener siempre a mano papel y lápiz, porque una nueva idea nos puede llegar en cualquier momento (si no hay papel, podemos usar el celular). Porque, con las ideas, es como con los sueños. Uno se levanta y recuerda el sueño que tuvo, pero a la media hora ya lo olvidó, porque la represión vuelve a guardarlo. Aconsejan escribirlo rápido.

De igual manera, las ideas creativas se anotan apenas llegan y, sobre todo, sin juzgarlas. No decir “Esta idea es una tontería”, o “No puedo hacer esto”, o “No tengo plata para esto”. ¡No matar nuestras ideas! Permitámosles crecer, porque una idea creativa puede activar otra y esa puede generar otra… para llevarnos finalmente a la “idea ganadora”.

¿CÓMO?

Activar el humor: la gente que activa el humor tiene más ideas. ¿Por qué? Porque el humor es el máximo punto de relajación. Cuando vos te divertís, cuando te reís, cuando la pasás bien, estás relajado y todo lo que estudiaste o analizaste permite que las ideas creativas aparezcan. Romper paradigmas: Hoy más que nunca debemos animarnos a romper los paradigmas alimentados por años.

Por ejemplo: el trabajo debe ser de tal hora a tal hora. Podemos decir: ¿qué pasaría si lo hacemos de otra manera? Otro ejemplo: al mediodía, en el interior del país, cierran los negocios. ¿Qué pasaría si lo hacemos de este otro modo? Una idea creativa es el rompimiento de algún paradigma establecido, de algo que siempre se hizo de una manera.

Actualmente y debido a la crisis mundial, muchos se dieron cuenta de que pueden practicar su profesión o continuar su trabajo a través de Internet. Alguien que tiene una escuela de modelos comentó: “Jamás pensé que podría enseñar modelaje on line; sin embargo, descubrí que puedo, y que es un éxito. ¡Me va muy bien!”.

Un paradigma es como una “vaca sagrada”: siempre se hizo así y no lo vamos a cambiar, dicen algunos. Entonces, cuando surge la idea nueva, se resisten a lo nuevo, a lo desconocido. Sucede porque, aunque digamos que estamos abiertos al cambio, nuestro cerebro se afianza en la zona de confort y no queremos hacer grandes movimientos.

Pero, sin ideas creativas, no puede haber avance. ¿Nacemos o nos hacemos creativos? Nacemos con creatividad, pero nos hacemos creativos. La creatividad es simplemente unir dos ideas que no tiene nada que ver y generar una nueva. Pero para ser creativos, tenemos que estar relajados y ensayar, jugar con las ideas.

Avancemos un poco más, soltemos los viejos paradigmas, introduzcamos algo nuevo en nuestra mente cada día y reemplacemos todo aquello que ya no trae resultados. ¡Todos somos creativos!

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