La pandemia agravó los indicadores de pobreza
Los datos aportados por el Indec que revelan que la pobreza alcanzó al 40,9 por ciento de las personas y al 30,4 por ciento de los hogares argentinos en el primer semestre de este año volvieron a encender las luces de alerta en un país que necesita reactivar su economía y generar cambios estructurales.
Los números que las estadísticas oficiales ponen sobre la mesa son preocupantes y por eso mismo nadie debe esconderlos bajo la alfombra: el país tiene casi el 41 por ciento de su población en la pobreza. Esto quiere decir que hay un gran número de familias, con cuatro miembros en promedio, que tienen ingresos menores a 44.000 pesos; casi el diez por ciento de la población no accede a la canasta básica de alimentos, lo que ubica a estas personas en una situación de indigencia.
Hay más datos: la pobreza entre los más chicos (de 0 a 14 años) es más del 56 por ciento, una cifra muy alta que obliga a adoptar medidas urgentes para no hipotecar el futuro de la sociedad. Si bien es cierto que se han impulsado políticas públicas como el Ingreso Familiar de Emergencia que llega a 9 millones de argentinos, o la asistencia alimentaria que alcanza a 11 millones de argentinos, la llegada de la pandemia generó una nueva realidad, más dramática. Es que a la pobreza estructural que ya sufría la sociedad se agregaron en los últimos meses amplias franjas de la población que perdieron sus trabajos o vieron desaparecer sus ingresos por la pandemia.
Según datos del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación casi tres millones de argentinos asisten hoy a comedores, esto es casi tres veces la población del Chaco. Pero eso no es todo. De acuerdo a estimaciones privadas casi la mitad de los argentinos podrían estar viviendo en situación de pobreza a fin de año debido a que la recuperación de la economía no será todo lo rápido que se necesita para evitar que eso ocurra.
Hasta aquí una breve descripción de un difícil escenario que se configuró en gran medida debido a un empeoramiento de los problemas económicos provocado por la pandemia del coronavirus.
En otras palabras, la Argentina tiene hoy nuevos pobres que se suman a la pobreza estructural que venía de arrastre (había aumentado un 5,2 por ciento durante la gestión de Mauricio Macri).
¿Qué se debe hacer frente a este serio problema? Desde la cartera nacional de Desarrollo Social se respondió que ya se pusieron en marcha iniciativas para rescatar primero a los que cayeron en la pobreza porque se quedaron sin trabajo o perdieron sus ingresos y que luego de eso hay que orientar todos los esfuerzos a reducir la pobreza crónica, un problema que está muy ligado a la falta de acceso a una vivienda y a servicios básicos que garanticen a las familias más desfavorecidas una vida más digna.
Por otra parte, es necesario también atender de manera urgente las necesidades de los más chicos que están en situación de pobreza. La generación de trabajo es, por supuesto, otra de las claves.
La pandemia agravó la pobreza en todo el país. Es cierto. Pero no se debe quedar en un mero diagnóstico. Es necesario impulsar una reactivación económica de la mano del trabajo y la productividad, lo más rápido posible, que alcance a todos los sectores de la población, pero primero a quienes están en una situación más desfavorable.
La experiencia muestra que la salida de la pobreza depende del crecimiento económico del país que debe ir acompañado con un sólido modelo de desarrollo que permita salir de la actual coyuntura. No se debe pasar por alto que durante la pandemia hubo una pérdida de 3,5 millones de puestos de trabajo, la mayoría de ellos informales. Tampoco se debe desconocer que la actual gestión nacional heredó un fuerte endeudamiento externo y que todavía resuenan los ecos de los acuerdos a los que llegó el país con sus acreedores para reestructurar casi 110.000 millones en deuda pública.
El margen de maniobra es acotado porque la Argentina intenta avanzar en medio de severas dificultades fiscales. El mayor o menor éxito que se tenga para salir de esta crisis dependerá en gran medida de la creatividad que muestre el gobierno nacional, que deberá apelar a una buena dosis de pragmatismo, sin que eso implique renunciar a los principios que lo guían, para poder llegar a buen puerto.










