Niños de primera y niños de segunda
La manera en que las autoridades municipales y provinciales se ocupan de los espacios recreativos es clara mente discriminatoria.
Una mirada sobre los espacios recreativos construidos en la ciudad para los niños permite ver que no sólo las oportunidades en materia de educación, salud y confort difieren muchísimo para ellos entre el centro y los barrios más humildes. Ese abismo existe incluso a la hora del entretenimiento al aire libre.

Un ejemplo muy claro son las plazas y plazoletas. En el macrocentro y en los barrios de clase media son lugares en los que se nota que las autoridades municipales (y en ocasiones también las provinciales) ponen una cierta atención mínima en cuanto a mantenimiento y cuidados. Y de tanto en tanto encaran inversiones importantes para remozarlos.
Pero para nada sucede lo mismo con las plazas y “placitas” de las barriadas humildes.

DIFERENCIAS QUE DUELEN
Una muestra muy nítida de la brecha de que la hablamos es el “espacio recreativo” que no hace mucho -y con una fuerte difusión- el Equipo Hábitat, de Gustavo Martínez, había inaugurado en el acceso al Barrio Toba, sobre la ruta 11.

No era gran cosa: apenas un par de hamacas y un arco para que los chicos trepen y se balanceen. Hoy es peor: las hamacas desaparecieron y todo el sitio se ve deslucido y abandonado.
Lo mismo sucede con la plazoleta de avenida Lavalle 2100. Sólo queda una hamaca y un ruinoso subibaja, rodeados de malezas, cascotes y suciedad. Triste e injusto.










