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El caso de los robots que compran

Aunque uno no sea un “Nerd” está familiarizado -a través de las noticias- con el frenesí que se desata cada vez que aparece en el mercado un nuevo objeto de culto, principalmente en el ámbito de la informática.

Comprar en el día de lanzamiento una PS5 o una RTX 3080 es una misión imposible y con el tiempo se volvió más problemático. Puede que parte del problema se deba a la falta de inventario y las pocas unidades disponibles, pero hay otra realidad palpable: la de los sistemas automatizadas o “bots” que compran estos productos mucho más rápido de lo que lo pueda hacer un usuario.

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En las convenciones de seguridad informática como Defcon 27 se puso al descubierto un mundo que compra y venta automatizadas que forman grupos muy parecidos a los grupos de minería de criptomonedas para generar clientes potenciales.

El tema se puso en evidencia con la puesta a la venta de las tarjetas gráficas NVIDIA GeForce RTX 3080. Hubo demasiadas quejas de personas que no pudieron comprar su tarjeta online a los precios sugeridos por el fabricante porque se descubrió que fueron acaparadas por bots. Sin embargo, inmediatamente después plataformas como eBay se llenaron de ofertas de tarjetas RTX 3080 nuevas y disponibles... al triple (o más) de su precio de venta oficial.

En algunos países este tipo de maniobras están penadas por la ley, pero lo cierto es que se trata de una manera moderna y automatizada de la conocida reventa. De hecho, los robots de compras online se volvieron a poner de moda durante la pandemia acaparando accesos a espectáculos virtuales y productos de mucha demanda.

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En la última convención Defcom se mostró en acción a un bot de compras que escanea los sitios más populares en busca de sotck a punto de agotarse para comprar lo que queda revenderlo a mayor precio.

EL CASO DE NUEVA YORK

Como todo en el mundo informático, la modalidad ya tiene su nombre que data de algunos años, se llama “scalping” y es la práctica de comprar cientos de entradas al instante con el único fin de revenderlas, sistema que funciona sin que nadie pueda controlarlo.

El caso más grave se dio en Nueva York con la visita del papa Francisco: se ofrecieron 80.000 entradas gratuitas para ver de cerca al líder del catolicismo en Central Park... Y la mayor parte acabaron vendiéndose a miles de dólares en las webs de reventa. Louis CK es un humorista cuyos espectáculos de stand up son de los más demandados en Nueva York. Para poner freno a la compra automatizada decidió encargarse el mismo, pero chocó con el sistema. Louis CK declaró que permitía la reventa en el caso de usuarios particulares, pero que le era imposible controlar.

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Louis CK el humorista newyorquino que intentó controlar la reventa de sus shows. No pudo lograrlo. Los robots mutan y compran a destajo lo que su programador desee.

“Siempre fue mi meta que todos pudiesen ver mis shows, pero hay dos cosas que siempre han ido en contra de ese objetivo. El precio original de las entradas, y los revendedores inflando los precios. Algunos servicios de venta entradas cobran más de lo que cuesta entrada e, irónicamente, cuanto más he bajado esos precios, más revendedores se han hecho con ellas, y más han tenido que pagar muchos fans por esas entradas”, declaró al darse por vencido.

Un robot no se cansa de comprar, pero Louie y su equipo no sabían quién estaba detrás de cada compra “legitima” y no podían intervenir en la reventa. Además, agotar entradas rápidamente es el sueño de todo artista.

Adaptar un robot informático al sistema es tan simple como tipear unas pocas líneas adecuándose a las condiciones particulares de la venta en cuestión. El resto se hace a la velocidad de la luz y a los sitios legales de venta no les importa, siempre que el dinero se acredite.

TODOS GANAN

No importa que solo se vendan unas pocas entradas por persona o placas gráficas o consolas de juego, los bots asumen identidades automáticamente y sus creadores tienen docenas de cuentas bancarias desde donde debitar el dinero.

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La pandemia le dio nuevo impulso a los juegos en línea y creció la demanda de más rapidez y calidad en los gráficos. La última tarjeta Gforce se agotó en minutos por la compra masiva hecha por robots en línea. De inmediato aparecieron en reventa al triple del precio.

Las mayores webs de reventa -StubHub en EEUU o Ticketbis en Europa- operan legalmente como intermediarios de quienes disponen la reventa. Pagan sus impuestos, declaran las ventas y se limitan a funcionar como nexo entre el revendedor y el demandante. Economía de libre mercado en estado puro.

En este tema se dice que nadie pierde: el vendedor agota las existencias, los clientes consiguen lo que buscan y -en las sombraslos especuladores ganan lo que quieren. El caos de las compras robotizadas llegó para quedarse y triplicar el precio de lo que sea.

“Quedan unas pocas unidades”

Quien esté acostumbrado a las compras en línea se habrá dado cuenta que al llegar al artículo de su interés, siempre quedan unos pocos. Se trata de un viejo recurso del comercio para apurar la venta, que con los “bots” tuvo un nuevo giro.

Los bots escanean sitios como Ebay o Amazon en busca de los artículos más vendidos (información que usan los comerciantes para presumir de buena reputación) y negocios en línea a los que les queda muy poco stock. El bot procede a comprar el remanente, e inmediatamente lo pone en venta a mayor precio, mientras el incauto cliente cree que hizo buen negocio al comprar el último artículo disponible.

Podría ser una fuente de conflicto entre los comerciantes que mienten la cantidad que les queda de un artículo para que los bots se los compren y los autores del software automatizado, pero aquí nadie pierde desde el lado vendedor. Los costos de la especulación los paga el interesado en comprar, así que a nadie le importa mucho el truco . Hay que buscar en esos sitios y ver cuánto se puso a la venta y cuánto queda.

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