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Acerca del impuesto a la riqueza

Señor director de NORTE:

                                                    Con fecha 22 de septiembre del presente año, mi estimado colega y exprofesor, contador Zelig Riback, ha insistido con una carta de los lectores del mes de abril, referida al denominado comúnmente impuesto a la riqueza o más despreciativamente “impuesto a los ricos”.

En síntesis lo que propone es cambiar este impuesto o aporte por única vez, por una especie de Bono 9 de julio (el del ingeniero Alsogaray a principios de los 60) o algo parecido al ahorro forzoso de la década del ochenta (aunque no lo nombra). No soy ni tan joven ni tan viejo, pero viví ambas experiencias, además de estudiarlas.

Es de destacar que de llevarse adelante esta propuesta, se cambiaría sustancialmente el propósito del impuesto, que con fines específicos y claramente asignados, se está discutiendo.

Se trata de que un universo de no más de 10 mil o 12 personas, de acuerdo con la última declaración jurada de bienes personales presentada o a presentar, son los que deberían cumplir con dicha obligación. Estos datos fueron publicados por NORTE el 22/9/2020. Pero además, quiero hacer unas consideraciones económicas-políticas que justifican este impuesto.

No hace falta leer a Picketty para observar la concentración de la riqueza en el mundo, y nuestro país no es la excepción. Justamente al final de su último libro, explica que impuestos como este, o parecidos, se aplican o están en estudio en el admirado primer mundo de Europa o EEUU. Basta leer NORTE del 18/9/2020, página 26, para observar cómo la pandemia que sufrimos agudiza esta situación.

La colaboración de las grandes fortunas pasa a ser una necesidad y por eso muchos países del mundo estudian gabelas parecidas. Este impuesto se encuentra en plena discusión en estos días. Y de acuerdo con la información, publicada por pocos y pequeños medios, en su redacción —que modificó mucho el proyecto inicial—, participaron reconocidos especialistas.

Aunque los medios de difusión más leídos no los publiquen, existen especialistas, y muy buenos, que están de acuerdo con la aplicación de este tributo.

Que estas 12 o 10 mil personas deberán hacer un esfuerzo, no cabe duda. ¿Pero cuántas veces pensamos en el esfuerzo que hacen los sectores más bajos de la pirámide que destinan todos sus ingresos a comer y un poco a vestirse y que no tienen ninguna posibilidad de evadir? Pagan, con sus consumos, todo el impuesto que deben pagar.

La evasión aparece en otro lugar de la cadena, no ahí abajo. No puedo dejar de decir que el mínimo de riqueza para pagar este tributo es de $ 200.000.000. No conozco el patrimonio individual de los chaqueños, pero puedo afirmar que pocos, muy pocos, casi nada.

En mi vida, profesional, política y como funcionario, también más de una vez, realicé sugerencias a legisladores, algunas veces tuve suerte y me escucharon, otras no, pero por ello no estoy autorizado a decir que no han escuchado al pueblo o a sus votantes.

Fue mi opinión, no puedo arrogarme que es la del pueblo. Dejo eso para algunos periodistas de Capital Federal que se arrogan dicha representación.

En lo personal, ocupé el cargo más pequeño de legislador (pero el de más contacto con los vecinos), concejal, de esta querida ciudad. Recibí a muchos vecinos en esos cuatro años, escuché muchas propuestas, algunas buenas, que traté de llevar al rango de ordenanza, a veces con éxito, otras no. No siempre se puede transformar en legislación las buenas o malas propuestas, no es un problema de disciplina partidaria. Se acepta el dictamen de la mayoría consagrada por el voto.

El nuestro, querido, CPCE alguna vez voté en contra de los ganadores o de algún balance, pero no por eso acusé de actuar de acuerdo a pertenencias partidarias o disciplina de bloque a quienes ganaron. Pero fundamentalmente respeté la decisión de las mayorías.

Estimado colega, no son épocas fáciles las que nos han tocado y nos tocan vivir, pero puedo asegurarle que este nivel de concentración de riqueza en pocos y de pobreza en muchos, fenómenos mundial, poblacional y geográfico (ver El Hambre de Caparrós, lo leí en 2013), exige algunas soluciones inéditas.

En el marco democrático, de la discusión franca y respetuosa como plantea usted y que espero actuar de la misma forma al tomar el guante de su propuesta de que todos opinemos a favor o en contra. Pues bien, como se observa, estoy a favor.

JOSÉ VALENTÍN BENÍTEZ
DNI 10.541.222
Resistencia

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