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La pandemia cambió sus planes pero no alejó sus caminos

Mauro Aleksandrowicz y David Véliz: de ser entrenador y jugador a ser jefe y empleado

(Agencia Charata). Hace seis meses atrás Mauro Aleksandrowicz (entrenador) y David Veliz (jugador) se preparaban para jugar los cuartos de final del Provincial de Mayores, con Italiana. El proyecto de devolver al club a la liga profesional, con sus propios valores estaba cerca, pero la pandemia cambió los planes

Mariana Alegre
Por: Mariana Alegre
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Hace dos meses que David Véliz trabaja en la bicicletería de Mauro Aleksandrowicz, un lugar que les sirvió para mantenerse en contacto, y a ambos poner su mente en otra cosa.

 

Aún resuenan los ecos del histórico logro: campeones argentinos de clubes U19, histórico para el deporte chaqueño, el de Charata y el de Asociación Italiana. Sin embargo, parecen no retumbar más que para sus protagonistas más cercanos, y es como si esa hoja de la historia hubiera sido un sueño, y se hubiera borrado. No hay mañana, desde marzo del 2020, porque los proyectos no se miran como tal, porque ni siquiera se sabe cuándo se podrá volver a jugar al básquet en Chaco, en Charata, y aún –a pesar de toda la prensa – tampoco en Argentina.

 “La única forma de la realidad es el presente: solo en él puede encontrarse lo real inmediatamente, y siempre contenido íntegra y completamente”, afirma Arthur Schopenhauer

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David Véliz tiene algunas ofertas, incluso de la LNB, todo dependerá de lo que elija, y de cómo se reactive el básquet en Argentina.

Es sábado, el viento norte se transformó en sur, y una jornada que amenazaba agobiante trajo restos del otoño que se resiste a retirarse, pero hay una primavera que ya se observa. Ahí está David Veliz, el mejor basquetbolista del 2019 (elegido por el Círculo de Periodistas de Chaco), el gran proyecto (uno de varios) de Asociación Italiana, el tímido joven de 18 años que en seis meses de este gran paréntesis, parece un hombre. Su tono al hablar, incluso (sentados en un bordecito en la vereda de la bicicletería), mientras sopla el viento sur; es más calmado, y más firme que en entrevistas anteriores, donde siempre nos encontrábamos en la cancha.
“Veníamos tan bien, muy ansiosos por jugar, pero lamentablemente, un día antes del partido se paró todo. Fue un golpe duro. Tuvimos una muy buena campaña el año pasado que con esto del provincial, si se nos daba, y llegábamos a la final iba a ser muy bueno”, dice David, cómo si hablara de un sueño.
Del otro lado del mostrador, y de la cancha, un hombre que estuvo ahí: siendo joven, soñando vivir del básquet como jugador, siendo parte de este mundo que lo terminó sentando en el banco, quizás antes de que él quisiera, pero que rápidamente lo llevó a protagonizar un proyecto de más de siete años, formando varios talentos. Mauro Aleksandrowicz, hoy extraña más a su familia (a los que no puede ver por las restricciones), y se puede palpar eso en el tono de sus palabras.
“Tenía la ilusión de dar ese salto. Aunque los partidos hay que jugarlos, era el mejor momento nuestro en la cancha”, dice el entrenador, también como si hablar de algo que no pasó.
“Uno pasa por 20 estados, sube y baja por las cosas que van pasando. Todavía no hay nada concreto, no se sabe qué va a pasar. Trato de tranquilizarme y poner mi cabeza en la familia y el negocio. Estar más presente”, explicó.
“En mi carrera de jugador, cuando uno tiene lesiones, como la que yo tuve en la rodilla, llega un momento en el que uno sufre y no dan ganas de seguir. Pero esto que estamos viviendo, hace que te replantes un montón de cosas. Tengo la suerte de tener un emprendimiento familiar, pero hay jugadores y entrenadores que la están pasando mal. Trato de ver cómo se puede colaborar y ayudar, sobre todo los jóvenes”, señaló.

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Mauro Aleksandrowicz por ahora asegura que hay que tener los pies en la tierra  


LOS PROYECTOS

En medio de los dos, una bicicleta. No es una cancha, no hay una pelota de básquet, no es el entrenador y su jugador: son el jefe y el empleado, pero más que eso, me atrevo a usar una analogía descabellada: son Luke Skywalker y Obi-Wan Kenobi (el maestro Jedi). (N.d. R: Para los más jóvenes deberán volver a las películas originales de los 70’).
Retrocedemos, como en las películas, unos años atrás. David, el niño silencioso está ahí en el club, no importa la hora o con quién juega, o contra quien. Mientras tanto, Mauro encabeza un equipo que parece dará el salto, llevará de nuevo a Italiana al básquet nacional. Una final polémica, un partido que se perdió, Italiana, que siempre parece estar tomando el envión, no lo logró. Terminó la historia como jugador de Mauro, y se fueron los jóvenes valores del club.
Con 15 años, el adolescente David se enfrenta a varios Goliat en primera. Desde el banco, Mauro observa, dirige, aconseja. Van surgiendo otros valores, Italiana inicia un camino desconocido: los proyectos a largo plazo (no sin algunos tropiezos, propios de las ansiedades que generan los resultados). Llegó cerca en 2018, y en 2019, logró gritar campeón ante “los reclutados” de la elite del básquet nacional.

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Campeones argentinos de clubes U19, en 2019, la camada que hacia ilusionar a Italiana con cimentar la vuelta al básquet profesional

En el medio, se mantenía el sueño de volver con un equipo de primera a las ligas profesionales. “Al principio fue más incómodo porque no pude estar en el club, ni en el gimnasio, ni haciendo un poco de básquet individual; no pude hacer nada de lo que hacía en mi rutina diaria. Con el tiempo me fui acostumbrando bastante. Pude estar más con mi familia, que al no estar en mi casa (David vivía en el club), no estaba tanto tiempo con ellos y esto me sirvió para disfrutarlos”, reconoció.


EL FRENO DE MANO

Cuartos de final del Provincial de Mayores de Chaco, donde Italiana quería su revancha (había sido subcampeón en la temporada anterior), cuartos de final, y el árbitro, ese que no esperábamos, pitó, el tiempo muerto no fue de dos minutos; ya dura seis meses. Retrocedemos otra vez, apenas unos meses, antes del irreal presente.

David, y sus compañeros llegan a Charata, campeones argentinos U19, envuelto en la bandera, en la alegría y en la emoción, David reconoce que hay equipos pujando por tenerlo, pero él quiere cumplir su sueño de jugar en “las grandes ligas” con el club que lo vio nacer.
“Por suerte no me equivoqué. Pude jugar la final del U19 y ser campeones, pero ahora se terminó mi contrato con Italiana y estoy libre. Evaluando las propuestas que me van llegando a ver que apuntamos”, lo dice con firmeza, esa que denota que estos meses ha madurado sus opciones. “La idea es saltar de categoría, ser jugador de básquet, estoy viendo a dónde ir y a qué jugar. Tengo ofertas del Federal y de otras categorías (LNB), estoy contento con eso”, anticipa David sobre su futuro deportivo, del que seguramente habrá prontas novedades.
“Esto freno nuestras alegrías, nuestras ilusiones”, asimila David, que está terminando el colegio, rindiendo las materias pendientes, reconoce que el parate le dio tiempo para pensar que es importante.
“Me tocó mucho como persona, sobre todo con la familia. Tuvimos que doblegar esfuerzos para salir adelante. Pero lo más complicado es no poder ver a mi familia. Desde que comenzó todo esto no los vi más. Pienso en eso, son momentos difíciles, pero trato de ser positivo y poder verlo, y que mis hijos vean a sus abuelos, pero no es fácil”, reflexiona Aleksandrowicz.


CAMBIAR LA NARANJA POR LA BICI

"Venía muy seguido con mi bici al negocio a hacerle algunas cositas, y hablaba con Mauro. Estaba un día en casa, y decidí venir a charlar con él para ver si sabía qué iba a pasar con el básquet. Ahí me dijo que estaba necesitando una mano, y que si me gustaría sumarme y le dije que sí. Hace dos meses estoy trabajando acá muy bien. Nos llevamos bien, nos conocemos hace muchos años”, cuenta David su versión de cómo llegó a tener a su entrenador como jefe.

“El venía seguido acá, a charlar. Vi que no estaba haciendo nada, y le propuse que me dé una mano, que me hacía falta. Le gustó la idea y se sumó. Esto le permite hacer algo, mientras se prepara para el futuro”, lo dice seguro, el entrenador y jefe, sabiendo que el destino de David se va a cumplir más tarde o más temprano.


LO QUE LES DEJÓ LA PANDEMIA

David asumió la despedida que nunca pudo hacer, porque su ilusión era muy grande, en este paréntesis de seis meses, y entendió que quiere más, pero también lo hizo madurar. “A los más chicos, les diría que estudien. No es todo básquet. Te puede dar muchas cosas, pero hay que tener algo más. Te puede pasar cualquier cosa, y siempre tenes que tener un apoyo económico, No hay que tener vergüenza porque trabajar es un honor”, reflexiona

Davida ha crecido tanto que reconoce “es algo que aprendí ahora. Estaba muy enfocado en el básquet, que es lo que amo, pero tengo que pensar en el futuro, y siempre hay que tener algo más en el curriculum”.

Aleksandrowicz tiene claro que sin proyecto y un horizonte, es difícil continuar. “Hay ofertas de otros lugares, pero todo está rodeado de incertidumbre. Uno no se ilusiona porque ya soy grande y estoy tranquilo, aprovechando los momentos con la familia”, dice. 

Mauro mirá más allá, detrás de esta cortina que tiene a todos paralizados con una incertidumbre y un quiebre en el básquet argentino que va más allá del COVID-19. “Ojalá el apoyo llegue a los clubes que intentan hacer bien las cosas. En la zona hay buenos jugadores, pero hay que trabajar, y dar ese salto que corresponda. Uno siempre tiene la ilusión de dirigir otra liga. Italiana me dio la oportunidad de capacitarme, Ganas no me faltan pero es un momento para tener los pies sobre la tierra”, finaliza

Quizás no haya una sola forma de enseñar, quizás podamos aprender de un entrenamiento, o armando una bicicleta, porque, como dijo Yoda (el maestro de Obi Wan y de Luke), “si errores no has cometido y aun así perdiendo estás, un juego diferente deberías jugar”.