Jóvenes que no estudian ni trabajan
La pandemia ha alterado la vida de muchos jóvenes que ahora forman parte de ese grupo de la población que no trabaja, no estudia ni recibe entrenamiento.
Se trata de un problema que es global, pero que en Argentina puede llegar a ser más serio porque podría afectar la trayectoria laboral de un número considerable de chicas y chicos de las nuevas generaciones.
Si bien todavía no hay cifras oficiales que brinden detalles más precisos de este fenómeno, se sabe que históricamente de cada diez jóvenes que comienzan sus estudios universitarios cuatro no completan el cuatrimestre, abandonan o deciden cambiar de carrera postergando decisiones para el año siguiente. Se cree que la irrupción de la pandemia agravó esta situación, es decir que lo más probable es que este año haya más jóvenes que no estudian ni trabajan.
El Informe Mundial sobre el Empleo Juvenil 2020 publicado por la Organización Internacional del Trabajo advierte que el aumento de casos de los llamados jóvenes Ni-Ni (que no estudian ni trabajan) se presenta en la mayoría de los países, aunque en América Latina y el Caribe la situación es más preocupante que otras regiones.
En ese sentido, se señala que en la región hay 9,4 millones de jóvenes desempleados, 23 millones no estudian ni trabajan, y más de 30 millones solo consiguen empleo en condiciones de informalidad. En palabras del director regional de la OIT, Vinícius Pinheiro, el escenario es preocupante, y lo que es peor —según el directivo del organismo— es que será más complicado por los efectos del coronavirus. Dicho de otro modo, un gran número de jóvenes latinoamericanos no están adquiriendo experiencia en el mercado laboral, tampoco recibiendo ingresos provenientes de un trabajo, ni mejorando su educación o sus competencias.
Según la Organización Internacional del Trabajo, cuando hay una crisis los jóvenes están entre los primeros en perder sus empleos, principalmente los que desempeñan tareas en la economía informal, y en sectores como turismo, transporte, comercio no electrónico y otros servicios en los cuales el teletrabajo no se presenta como una opción para superar las limitaciones que impuso la pandemia. Por otra parte, distintos estudios confirman que tanto en la Argentina como en otros países de la región, los jóvenes conforman un grupo poblacional particularmente afectado por el desempleo. En términos generales, la mayoría sufren una mayor incertidumbre económica y social, que tiende a
expresarse en una mayor vulnerabilidad al desempleo. Hay otro dato que se debe tener en cuenta: cuando se habla de desempleo juvenil necesariamente se tiene que hacer referencia a los grupos más vulnerables de la sociedad.
Está demostrado que es en esos segmentos de la población donde se presentan los indicadores más preocupantes de una desocupación que, además, tiene como característica que entre los jóvenes son las mujeres y las personas menos formadas las que tienen mayores dificultades para acceder al mundo laboral.
A su vez, la mayor parte de los jóvenes desempleados provienen de hogares de escasos recursos, muchos de los cuales se encuentran en situación de pobreza, de manera que se genera así un círculo vicioso de transmisión intergeneracional de falta de oportunidades que debe ser superado mediante políticas públicas que garanticen la igualdad y reduzcan al mínimo este tipo de desventaja social. La tarea, por supuesto, no es sencilla.
La pandemia ha agravado estos problemas ya que se suman los casos de chicas y chicos que tras cursar los primeros meses de estudios superiores decidieron cambiar de carrera, pero por la pandemia terminaron postergando la inscripción en otras ofertas académicas y esperar al año que viene.
De esa manera, sin estar actualmente estudiando, y con un escenario como el que vive el mundo hoy, en el que resulta más difícil conseguir trabajo, pasaron a formar parte del grupo cada vez más numeroso de jóvenes que no estudian ni trabajan. Mucho se ha dicho y escrito sobre la importancia que tiene el trabajo en la transición hacia la vida adulta, ya que una ocupación rentada además de ser una fuente de ingresos es también un proceso de integración social para las personas.
En esta nueva etapa que vive el país y la provincia será necesario promover acciones para ayudar a los jóvenes a retomar sus estudios, aumentar sus posibilidades de encontrar un empleo y reflexionar sobre sus proyectos ocupacionales.











