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Consultorio 24 del hospital Pediátrico

Consejería en salud sexual con 20 años de experiencia

Un espacio de asesoramiento sobre métodos anticonceptivos creció a la par de la carrera de obstetras y de la sanción de la ley provincial de procreación responsable.

Fotos de Fabián Maldonado

A fines de los ochenta dos enfermeras del Pediátrico se inscribieron en la carrera de Obstetricia no bien se creó la Escuela de Salud Pública de la provincia. Una vez recibidas propusieron habilitar un servicio de consejería sobre salud sexual y reproductiva en el mismo hospital donde trabajaban. Al poco tiempo se sumó una tercera. Había tantas mujeres con necesidad de acceder a información y a anticonceptivos, que la atención comenzó a funcionar en 2000 y la demanda no dejó de crecer.

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Doli es licenciada en Obstetricia (matrícula profesional 4692) y en Enfermería (MP 5476).

Si se quería acceder a un dispositivo intrauterino (DIU) hace 20 años, la única opción era comprarlo y buscar a un profesional privado que lo colocara. Y en el sector público, “muy pocos profesionales de la salud sabían aplicarlo, aparte de los ginecólogos”, contextualiza Elba ‘Doli’ Sánchez, la primera de las enfermeras del Castelán en obtener su título de partera.

Una referencia

Por años pidió un traslado hacia donde poner en práctica lo que había aprendido, pero no lo lograba. Aquella sensación de frustración le impedía asociar todo lo que podía hacer y hoy, más cerca del retiro, habla con entusiasmo de las últimas dos décadas del Consultorio 24: “Las autoridades de cada gestión nos fueron respaldando y creo que están conformes con nuestro trabajo; hoy el espacio se convirtió en un lugar que ya es de referencia”.

“Aprendí la técnica de colocación de DIU y con apoyo de la directora de ese momento (Olga Jajam) empezamos de a poquito con las madres de niños internados, ofreciéndoles métodos anticonceptivos”, describe. El médico Gustavo Agolti les enseñó a otras parteras que se fueron recibiendo. Y en capacitaciones fueron conociéndose con personas que accedieron a lugares de decisión, como la actual ministra de Salud, Paola Benítez, o la coordinadora del Programa Provincial de Salud Integral en la Adolescencia, Liliana Ensisa. 

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En el viejo edificio las enfermeras compartían espacio con otras especialidades, al mudarse al nuevo tuvieron un consultorio propio con todo lo necesario.

El área fue creciendo y de seis pacientes que atendieron en septiembre de 2000 pasaron a 3.000 en todo 2019, aunque Doli dejó de ser la supervisora del área de Enfermería recién en 2005.

Chaqueña: -¿Cuáles son las prioridades?

Elba D. Sánchez: -Al principio la atención se enfocó en una parte de la población considerada más vulnerable: mujeres que estaban internadas y que eran contactadas por médicos o enfermeros del sistema. Eran quienes pensamos que la necesitaban: una mamá menor de 19 años, una multípara con cuatro chicos o más, con HIV positivo, o con un aborto reciente. Las que aceptaron algún método y se sintieron cómodas con la atención lo comentaron y entonces después vino una vecina de esa mujer o una hija adolescente. A partir de 2002, con la nueva legislación nacional, se abarca a toda la población. Por supuesto que hay grupos vulnerables, pero todos somos vulnerables, sea por falta de educación, o por mitos y prejuicios, aunque se tengan estudios universitarios.

Mitos y prejuicios

-¿Qué mitos son más frecuentes?

-Se escuchan cosas insólitas. Por ejemplo, el temor a que el DIU “se encarne”. Si lo analizamos en detalle (sostiene el diminuto objeto en su pequeña mano) vemos que está hecho de plástico y cobre, y que es flexible. Se coloca en el interior del útero, que está recubierto de tejido muscular. Si está de una forma inapropiada puede molestar, pero no perforar. Además, la habilidad en el procedimiento y los materiales actuales reducen significativamente esa probabilidad. Otro mito se relaciona con querer menstruar cada 28 días, durante no más de tres días o en las cantidades que más nos gusta. Por otra parte, acá también vienen varones y personas trans, así que hay que despejar prejuicios.

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“Es tan lindo mi trabajo”, dice Elba Sánchez.

Avanzamos a partir de que se observa, se pone cuidado, se estudia. Esto requiere que mires con otros ojos cada historia: saber su nombre, qué edad tiene y la de su pareja, cuántos hijos tuvo, a qué edad tuvo el primero, si hubo un embarazo que no llegó a término. Y también preguntar por otros aspectos, como la vida espiritual. Una vez una mujer me respondió: “No sé, yo hago ladrillos, nomás”. Es pensar que alguien se levanta y se acuesta a quién sabe qué hora y lo único que hizo en su día fue eso.

La importancia del consentimiento

-La atención pasa por saber qué necesita cada persona…

-Claro. Además, otro paradigma que se cambió es que hace varios años la anticoncepción era una cuestión médica. A partir de la ley nacional 25.673, que crea el programa nacional de salud sexual y reproductiva, los anticonceptivos se empiezan a considerar parte de las necesidades de las personas sanas. Se comienzan a ver desde un punto de vista integral en la vida de alguien. Entonces desde una perspectiva de derechos se puede elegir cuántos hijos se quieren tener, cuándo y con qué espaciamiento. La OMS sugiere que medien dos años entre uno y otro. La que quiera antes, lo tendrá antes; y la que quiera esperar más, esperará. También se habla del derecho a elegir con quién tener relaciones sexuales consentidas y que sean placenteras.

-Aprender a escuchar al cuerpo, los deseos…

-Exactamente. La importancia del consentimiento como definición ante la coacción, la violencia. Cada palabra significa algo en la vida de una persona. Y un profesional de la salud tiene el deber de explicar qué quiere decir consentimiento, para ayudar a desnaturalizar otras expresiones.  

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-¿Qué desafíos plantea el presente?  

- No soy una persona de discutir, ni confrontar, Al escuchar a personas que están contra la ESI (Educación Sexual Integral), las escucho. Acá estudiamos, no salimos a decir algo sin saber, porque puede perjudicar. Es importante tener una formación sólida antes de hablar.

A este consultorio vienen adolescentes, gracias a profesoras sensibles con este tema y a que existe un programa de Embarazo No Intencional con el que también estamos involucradas. Hay personas que desde el programa de Salud Reproductiva y del programa de Adolescencias están dictando capacitaciones y siempre nos tienen en cuenta. Por eso también nos involucramos con la lactancia materna.

Hay mujeres que están viviendo en un hogar de tránsito o están pidiendo en la entrada de un banco. Cuando las veo con sus criaturitas les pregunto con qué se cuidan. Una vez, una chiquita me mostró el brazo y me dijo: ‘Me pusieron el chip’. En lugares como el Perrando, después de un parto te lo ofrecen y si querés lo usas. Hoy la capacitación llegó a toda la provincia. Se avanzó muchísimo en estos 20 años.  

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Faltan obstetras

Con la pandemia por coronavirus la mayoría de los contactos son vía teléfono celular. “Estamos viviendo un tiempo en el que se complicó todo. Antes se atendía desde las 8 hasta las 13.30, 14. Hasta que volvamos a atender, la consejería es virtual”, aclara Elba Sánchez. Por otra parte, con una mirada más amplia, destaca que es necesario introducir cambios en la legislación que regula el ejercicio profesional, para armonizarlo con planes de estudio, prácticas y otras normas. “La ley (de los obstetras) quedó vieja”, sintetiza.

La licenciada en Enfermería que siempre quiso ser obstetra cuenta que la carrera prácticamente no existía en el país porque la había cerrado el Proceso, entonces había que tener dinero para costear estudios fuera del Chaco. Por eso se entusiasmó cuando en 1989 cuatro parteras (María Elena Fisher, Gladis Flores, Ethel Acuña y Ana María Sotelo) empujaron la apertura de la Escuela de Salud Pública de la provincia, incluyendo Obstetricia.

“En el primer año no aceptaban varones y en el segundo sí; digo esto para que se vea cómo fue cambiando la mentalidad y la legislación. La carrera de cuatro años de duración tuvo los primeros egresados que fueron cubriendo servicios a partir de 1994. Doli se recibió en 1995 "porque cuesta más estudiar cuando se trabaja".  

Desde 1997 la provincia cuenta con una ley de salud sexual y reproductiva que es pionera en el país. Para esa época había unas seis u ocho obstetras en toda la provincia y ahora habrá unas 300. Pese al crecimiento de la cifra, asegura que siguen faltando obstetras. Porque cada centro de salud tendría que tener uno. “Ahora la carrera está cerrada y es muy importante que se reabra”, dice.

También menciona al médico Gustavo Agolti entre los impulsores, junto con la diputada Cecilia Baroni, de que en un pasado muy reciente se empezaran a entregar métodos anticonceptivos en el sistema público chaqueño.

-Fue revolucionario…

-¡Qué te parece! Para esa época trabajé en Villa Barberán. Hacíamos el carné perinatal, que hasta entonces no había. Las obstetras organizamos ficheros antes de que se presenten planes generales. Todo desde la base.

Además, en pediatría viene el niño pero siempre se atiende a toda la familia. Y en quince días de internación conocés sus historias. Entonces, así como es muy fácil decir desde afuera “mirá cómo está la criatura” o “por qué tienen tantos hijos”, hablando con ellos te enterás; vas entendiendo cómo es su vida.

Métodos y usos

Al explicar en qué consiste el consultorio de consejería y los tipos de anticonceptivos disponibles, Doli describe que en una primera conversación suele empezar por presentar los métodos más efectivos y los menos. “Los hay irreversibles: esterilización en la mujer, vasectomía en el varón; o reversibles: un implante o un DIU, que antes se decía eran solo para mujeres que tuvieron hijos”, ejemplifica. He ahí otro mito, porque cualquier mujer con actividad sexual puede usarlo (dura unos diez años).

 “Después está el SIU, que tiene la misma forma pero contiene una carga de hormonas que se va liberando de a poco”. El implante lo puede usar cualquiera, aunque la población objetivo son las adolescentes, porque son las de mayor embarazo no intencional, y porque ese cuidado excede a la voluntad de sostenerlo (dura tres años). “En este último caso puede pasar que por ejemplo una chica que toma pastillas, se pelea con el novio, y deja de tomarlas porque piensa que no se reconciliará o no volverá a enamorarse. Pero a los pocos días se reencuentran y se arreglan”. Y está el método Billings (de los días), “que si lo querés usar estás en tu derecho, pero se avisa que no es de los más efectivos”, agrega.

El boca a boca propició una demanda que no deja de aumentar y parte de los cuidados en la consulta abarcan detalles como “el cuidado en los tiempos, el respeto a la intimidad en el Consultorio 24, con compañeras dentro del mismo hospital que confeccionaron camisolines para bienestar de las pacientes”.

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