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Rodolfo Insaurralde

El hiperrealismo en su propio atelier

Es un artista que al arte lo lleva en el alma, autodidacta en el hiperrealismo, pero lo que sobresale de la personalidad del pintor Rodolfo Insaurralde es su humildad e infinita generosidad. Nacido en Goya, Corrientes, con trascendencia internacional, anclado en Buenos Aires, en su atelier de la calle Junín al 211 (CABA).

Rodolfo Insaurralde.

¿Cómo se inició tu atracción hacia la pintura?
Desde niño sentí curiosidad por la forma de representar sobre un papel, y dibujar cualquier cosa que me maravillara de la vida misma. Cuando en varias oportunidades junto a mi hermano gemelo íbamos a pasar unos días de vacaciones a la casa de mi tía Irma, la hermana de mi papá que vivía en Misiones, tuve un contacto muy directo con el estudio de la morfología de las plantas y flores que ella misma estudiaba. Una pasión que la llevó a convertirse en una destacada y renombrada Fitóloga.

Botánica de alma, ella me transmitió su amor por la naturaleza enseñándome milímetro a milímetro cómo y por qué se iba conformando una flor hasta eclosionar en su belleza máxima antes de marchitarse y morir.

El domador.

Por su parte, mi abuelo Reynaldo poseía una granja ecológica en la ciudad de Goya (Corrientes), de donde soy oriundo y donde pasábamos jornadas enteras junto con sus dieciséis nietos; mis dos hermanos y la totalidad de mis primos.

En aquella granja aprendimos de su conducta rigurosa, pero no menos cariñosa, la responsabilidad del trabajo en equipo ya que organizaba las tareas de esa pequeña empresa orgánica para que cada uno de nosotros cumplamos con una misión en particular, y así al final del día reunirnos en una gran sala a deleitarnos con manjares y postres que mi abuela nos preparaba justamente con productos de aquella granja familiar. Yo creo que causalmente, la vida me puso allí y marcó a fuego mi amor por la naturaleza, las plantas y flores que mi abuelo, al igual que mi tía Irma, cultivaba con tanta pasión.

Coctel de invierno.

Fue en esos días maravillosos que Irma, que había viajado de visita y estaba pasando unos días con la familia, me descubrió garabateando unas hojas de papel cualquiera, recostado en el piso y cercano al piano que la abuela tocaba increíblemente como en todas aquellas tardes lluviosas en las que no podíamos salir a trabajar la granja.

Al percatarse de mi entusiasmo, la tía me explicó en ese mismo momento el abc de los colores, usando algunas flores de ejemplo, me hizo maravillar al enseñarme cómo de una cantidad mínima de tres colores, la misma naturaleza formaba el resto de la amplia gama que existe en la naturaleza. En una de esas tardes al reunirse con mis padres, les vaticinó casi en tono de directiva, que “este niño tiene un don para el dibujo y debe ser guiado e incentivado para que estudie y desarrolle los conocimientos de un tema que tanto lo apasiona”.

Amistad incondicional.

Hasta el día de hoy y eternamente le estaré agradecido a la tía Irma por sus enseñanzas y la manifestación que le hiciera a mis padres para que me permitieran adentrarme en el maravilloso mundo del arte.
¿Cómo te fuiste relacionando con otros artistas?
Increíblemente, como artista, nunca tuve mucha relación importante con otros colegas. Toda mi infancia y adolescencia fue dura, ya que nuestra familia pertenecía a una clase baja pobre en la que debimos hacer muchísimos sacrificios para conseguir estabilidad en cuanto a lo económico se refiere.

Familia del ibera.

Los avatares de la vida pudieron ser atravesados gracias a la fortaleza de lucha que mis padres inculcaron en sus tres hijos. Mi madre nos formó esencialmente en la importancia que tiene la responsabilidad y el trabajo, y lo ha hecho con un humor tan alegre y positivo que hizo que nunca bajáramos los brazos y seamos perseverantes en el deseo de ser alguien digno en la vida. Fue y aún hoy lo es, un ejemplo de fortaleza a seguir.

Cascada de bignonias.

Es por ello que al transcurrir los años, cuanto tiempo tenía se lo dedicaba al estudio y al trabajo, especialmente al haberme decidido vivir de y por el arte, una profesión que arrastra una serie de factores difíciles de conllevar. La perseverancia y el trabajo arduo en este mundo fue siempre primordial para mí y a lo largo de mi carrera esta decisión ha restado tiempo para cultivar relaciones con otros artistas.

Llevo más de cuarenta años en la profesión y con aquellos pocos que han entendido y aceptado mi forma de manejarme en este ámbito, en algún momento de la vida nos hemos acercado y juntos hemos cultivado una amistad entrañable en todos sus aspectos.

Uno de mis artistas amigos y referentes más grosos con los que compartíamos tardes enteras de atelier, era Vito Campanella, que dejó este mundo terrenal hace ya un par de años. La actividad misma por supuesto me ha llevado a conocer miles de pintores, pero sin arrepentimiento puedo contar con los dedos de las manos con quienes realmente tengo una relación de amistad verdadera.
¿Cómo fue el camino de tener el reconocimiento de otros artistas?
En realidad en este maravilloso mundo, como en otras profesiones, siempre existió y existe un espíritu de competencia, que parece ser, a más de uno le toca alguna fibra íntima y le moviliza el ego. No creo que haya muchos artistas plásticos que puedan tener un reconocimiento de parte de un par.

Don Severo.

Inevitablemente existe una diferencia, gracias a Dios, que hace que un pintor pueda ser distinto de otro y a la vez ser excelente en lo suyo. Son improntas que están allí, que no se pueden evitar, son muy únicas, muy identificables, como un sello particular inevitable y que pocos reconocemos como ese don que le tocó tener al otro.

A mí me gusta hacerlo porque reconocer a otro artista me enseña todo el tiempo. Siempre digo que hasta mis propios alumnos son artistas que están siendo a la vez mis profesores. Quienes entiendan esto y tengan la humildad de autocrítica van a tener la capacidad de reconocimiento hacia otros pintores. Creo que este es el mejor camino para después de tantos años sentir el reconocimiento de colegas.
¿Quiénes fueron tus maestros?
No puedo dejar de repetir que mi gran maestra fue mi tía, ella dio el puntapié para que ninguna vicisitud me hiciera claudicar. Luego, y a partir de ese momento, tuve y tengo infinidad de maestros. Están aquellos que han legado a lo largo de la historia del arte, sus ejemplos y enseñanzas, que han llamado mi atención indefectiblemente y de quienes he aprendido mucho. No puedo dejar de nombrar a aristas como Miguel Ángel, Anton Van Edick, Salvador Dalí, Vito Campanella, y otros.
 

Orquídea.

¿Cómo es la tarea de enseñar a otros?
Esa es otra vocación que heredé de mi abuelo Reynaldo, aquel que en mi infancia me enseñaba sobre flores y frutos en su granja. Él era docente y director de escuela, amaba la enseñanza y de allí también heredé un poco. Tuve siempre la necesidad de transmitir lo que yo iba aprendiendo, fue un aprender, enseñar y seguir aprendiendo. No me gusta guardarme conocimientos como si fueran una receta mágica, al contrario necesito liberar esa información constantemente y por ello llevo treinta años de enseñar en otros talleres y en el mío propio.
¿En qué te inspiras?
La naturaleza me inspira. Me gusta observar un rosedal, una flor de jazmín, leer en sus formas lo mágico, esas imágenes se graban en mi mente y me llenan el alma y es ahí cuando tengo la necesidad de plasmarla sobre un lienzo. Esos procesos placenteros del goce de observar sin detenerme en lo bello de la naturaleza, creo que se trata de la inspiración misma.
¿Cuáles son las técnicas que usás?
He transitado por varias técnicas, pastel, acuarela, grafito, pero en la que me siento como pez en al agua por su ductilidad y sus características es el óleo. De hecho, a esta altura de mi carrera creo que no lo cambiaría por nada.
¿Qué soñaste qué harías en esta carrera, y si lo cumpliste?
Desde el despertar y saber que mi profesión sería el arte, soñaba con exponer un cuadro inmenso para que todo el mundo lo pueda ver y esas expectativas las he superado ampliamente.
Posteriormente, y en el transcurso de esta profesión siempre se sueña a lo grande, exponer en grandes eventos o galerías de arte, sueños que también pude cumplir al recorrer galerías de España, Francia, Uruguay, Brasil y EEUU. Estoy muy agradecido con la vida que he vivido y la que tengo. Todo lo que soñé lo he cumplido. Son metas que me fijo y no me importan las adversidades, por el contrario, son las que le implantan adrenalina a los procesos de emprender un camino para llegar al objetivo.
También hubo acontecimientos que nunca hubiera soñado como ser un artista reconocido en vida. Mi ciudad de Goya me ha otorgado la mención como Ciudadano Distinguido, la ciudad de Buenos Aires como Personalidad Destacada de la Cultura, Premio de Honor de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, y tantos otros que suelen ser entregados a los familiares de un artista post mortem.
¿Qué te falta por cumplir?
En mi caso sé que siempre tengo que seguir aprendiendo, seguir fijándome metas, seguir cumpliendo. La vida puede tener mareas de propuestas para uno, todo el tiempo, cumplís una e inmediatamente se presenta otra. Por eso siento que el destino me tiene constantemente sorpresas y caminos por cumplir.


¿Tu próxima galería?
A lo largo de mi carrera he participado en galerías de todo el mundo, he tenido mis propias galerías de arte. A todas ellas les estoy enormemente agradecido porque han tenido la deferencia de mostrar mi arte, y porque de todas he aprendido esa otra rama tan importante que es la de hacerle llegar al observador uno de mis trabajos, y lograr que llegue a estar colgado en la pared de un extraño en algún punto del planeta.

Con mucha satisfacción y tras largos años de trabajo, hoy puedo decir que mi casa, mi atelier y mi taller, son mi actual galería. En ella está la impronta de mi vida y de mis pinturas y siento que no hay mejor lugar que allí, donde pueda mostrar mi arte.


¿Cuáles fueron las galerías que más te impresionaron?

Principalmente lo que más me impresiona y hasta el día de hoy, como lugar de exposición, es un Museo. Ellos propician el ámbito perfecto, místico, sensual y relajante para disponerse a contemplar una obra de arte.

En las galerías se suma ese aspecto comercial que es necesario para poder hacer de esta profesión una actividad rentable. Muchas galerías están montadas con un gusto exquisito y acogedor que llegan a asemejarse a un pequeño Museo, las hay de todo tipo y varias han llamado mi atención a lo largo de los años.