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Crónica de un viaje en el Tren Metropolitano

Pasaje a una realidad urbana

Un aporte literario con motivo de la reanudación del servicio ferroviario Cacuí - Resistencia. 

Cuando el tren circulaba, Adriana Amarilla era una asidua pasajera. En su ciudad, Fontana, elige caminar o andar en bici y cada vez que debía ir a Resistencia tomaba el metropolitano. 

En un taller sobre crónicas de viaje describió su experiencia en "Pasaje a una realidad urbana", una pieza de singular sensibilidad y belleza que a continuación se comparte de manera parcial.  

Durante el constante balanceo estalla un primer cascotazo. Un pequeño niño lanza su furia para avisar que existe. Otros juegan a bombardear el tren con gomeras caseras. 

Las vías me conducen hacia imágenes que preferiría no ver. Rieles que penetran en los basurales, nauseabundos charcos y fugaces imágenes de esos seres subsistiendo, entre moscas que giran sobre aquel perro flaco y sarnoso. En un patio de tierra reposan una bici herrumbrada, una silleta descascarada y un fuentón de chapa. Resacas del consumismo.

Archivo, foto ilustrativa.

A lo lejos se distingue el inmenso galpón de grúas, que pronto lucirá acorde a la ciudad del progreso. Traspasamos ruta 11. La capital chaqueña, luce al margen del ferrocarril Sofse, segmentos de una indigencia atroz. Gente que se hacina en casillas inclinadas por el viento, compuestas de chapas, maderas o bolsas de polietileno. Excusado a la intemperie, un carro reposa y una yegüita blanca se alimenta de los matorrales. Nunca falta la leña, el humito y la olla negra. Y otra vez el basural, el charco y el perro flaco. 

Va cambiando el panorama y comienzan los tapiales largos, pintados con las leyendas: ‘Yo confío en Coqui-Lista 501’, ‘Resistencia, la ciudad de todos- vote a Aída Ayala’. Se repite a lo largo del camino, y en cada muro de la ciudad. 

Archivo, foto ilustrativa.

Las imágenes se transformaron en un abrir y cerrar de ojos. Comenzó el asfalto, motos, casas prolijas, rejas, piedra laja, bocinas, barreras, edificios, avenida Hernandarias. Plaza 9 de Julio, niños felices, rollers, hasta el perro flaco se convirtió. Ahora es un caniche Toy en brazos de una señora que pasea elegante, luciéndolo.

Llegamos a destino, el tren se detiene a unas pocas cuadras de la plaza central. Muchos bajamos. Otros, suben. Inevitablemente todos, nos dirigimos hacia esos pequeños mundos de la desigualdad”.

Archivo, foto ilustrativa.

El trabajo completo puede leerse en la compilación Producciones Cecualeras, fruto de las clases guiadas por Rocío Navarro y Lucas Brito Sánchez en el Centro Cultural Alternativo.    

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