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Daniel Merino sobre la cuarentena estricta

“Se llegó al límite de lo humanamente sostenible”

El especialista en enfermedades infecciosas sostiene que se cometieron varios errores en la administración y contención de la pandemia en el país, entre los cuales menciona el control defectuoso de los primeros casos y de sus contactos.  

Leticia Muñoz
Por: Leticia Muñoz

“Las cuarentenas estrictas ya no se toleran. Acá se llegó al límite de lo humanamente sostenible”, advierte el doctor Daniel Merino, especialista en enfermedades infecciosas, doctor en Salud Pública y diplomado en Epidemiología. Su abordaje abarca mucho más que conceptos sanitarios, porque así lo demanda el actual escenario: pensar también en lo social, lo económico y hasta lo político. 

Merino es, además, comandante mayor médico retirado de Gendarmería Nacional. En la búsqueda de voces de la ciencia que pudieran determinar las consecuencias que tiene para la población el seguir viviendo en una semi-cuarentena extendida en el tiempo, NORTE dialogó con el infectólogo que reside en Corrientes. 

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El especialista considera que el coronavirus, en su concepción pandémica “es un anticipo de otras pandemias que se vienen, porque vendrán otras con toda seguridad”, lo que en el largo plazo obligará a modificar “el sistema de enfoque de las enfermedades infecciosas”, resalta. 

“Hay que sopesar hasta dónde llegar con las medidas extremas (como el aislamiento) y hasta dónde adoptar otras”, indica Merino durante la charla. Así, al evaluar a la pandemia en un contexto social, económico y político, con sus consecuencias, pone énfasis en los efectos del confinamiento sobre la salud de la población y sobre el entramado económico-productivo, pudiendo generar más muertes por diversas causas devenidas de todas esas medidas tomadas por los gobiernos que por contagios de coronavirus. 

 

Umbral de tolerancia

NORTE: En el actual escenario, ¿piensa que hay lugar para retrocesos de fases o para mayores restricciones de aislamiento?

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“Ahora es abrir en forma secuencial, paulatina y controlada. El problema es que la gente se descontrola cuando permiten alguna actividad”, sostiene el médico Daniel Merino.

Merino: En cuarentena estricta, con todas las medidas, los rebrotes serán menores. Pero eso no se aguanta. Ahora es abrir en forma secuencial, paulatina y controlada. El problema es que la gente se descontrola cuando permiten alguna actividad y por ello el elaborado estudio previo, el control durante dicha actividad y el análisis y balance posterior resultan imprescindibles. Las cuarentenas estrictas ya no se toleran. Acá se llegó al límite de lo humanamente sostenible. Eso representa más cantidad de casos y de muertos, seguro. Pero debemos tener un umbral de tolerancia. Es un término muy complejo: significa decir cuántos casos estamos dispuestos a aceptar y cuántos muertos en cada región. Tenemos en este momento más de 3000 muertos en Argentina, para (redondeando) una población de unos 50 millones de habitantes. Estamos hablando de una muerte en 10.000 habitantes si suponemos 5000 óbitos por esta causa al finalizar, aunque creo que superaremos esa cifra. No es catastrófico para nada, pero se suma a las otras causas de mortalidad normal en gente de más de 60 años (no exclusivamente). Eso se llama exceso de mortalidad. Hay que determinar si se está dispuesto a aceptar eso a cambio de no descalabrar la situación económica del país, porque habrá muchos muertos por otras causas como delitos, suicidios o violencia doméstica, por ejemplo. 

 

-Eso significa que ya no se trata de hacer una evaluación epidemiológica y desde el punto de vista de la salud, y buscar sus consecuencias, sino que el análisis es más amplio…

-Hay que introducir todos esos factores en un balance amplio de la pandemia, en un contexto social, económico y más que nada político. 

 

Pico teórico 

- ¿Cuál es su visión a esta altura de la pandemia, teniendo en cuenta los “rebrotes” que hay en distintos puntos del país y el “pico” que nunca llega?

-El pico es muy teórico y no necesariamente concretable de antemano. Es como tener que decir cuándo se va a terminar la pandemia. Desde niveles públicos se hablaba de que deberíamos estar en aislamiento 15 días, y después agregaron 15 días más porque en la práctica, decir que tendríamos que estar tres meses y medio así iba a ser una locura. Entonces se fue anunciando de a poco. Pero los números están dando la razón de que las cosas no están yendo muy bien. Se han cometido errores y ya es tarde para analizarlos. 

 

- ¿Por ejemplo, qué errores?

- Uno de los errores principales ha sido no controlar de cerca y hacer el seguimiento de los primeros casos que ingresaron a la región y de sus contactos. Eso hizo una espiral importante, que al comienzo no se notó porque eran pocos casos, pero cuando se van multiplicando en forma exponencial terminan siendo una cantidad importante. En los primeros cinco días de la epidemia, Argentina comenzó con 900 casos, pero un mes después había más de 4000 y actualmente son 6000 nuevos casos por día. Y la cantidad de muertos igual. Si se calculaba que iba a parar en 2000, no fue así. Actualmente estamos superando los 3000. No se sabe cuándo vendrá el pico (o si lo habrá) ni cuándo terminará la epidemia. 

 

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-La cantidad de casos diarios está sostenida, a nivel país, en una meseta muy alta. ¿Cuál es su mirada sobre esos números?

-Se mantiene en ascenso. La curva es como un serrucho, con una constante de los casos, con picos y valles. En cierta forma, esa evolución está controlada en el sentido de evitar que haya una ocupación exagerada de camas y un descalabro del sistema sanitario. A diferencia de otros países, se ha llevado un control más precoz. Casos seguirá habiendo y, con la apertura de ciertas medidas, habrá más. Está pasando en todo el mundo, en países que tuvieron buenas medidas y han sido ejemplares, como Vietnam o China, que tienen hoy una cantidad de casos. Tiene que ver con que, si se abren discotecas o el ingreso de turismo, vendrá gente de otros lados que infectará a los pobladores que no se habían contagiado en las epidemias de cada país. 

Otro aspecto a tener en cuenta son los números, pues hay que saber leerlos, pero también deben ser tomados con pinzas o ¿cree usted que los casos no serían muchos más si se testeara a más pobladores, o los fallecidos muchos más si se incorporara a los que fallecen en los asilos de ancianos, geriátricos o Centros de Salud Mental que forman parte de un mundo muchas veces poco conocido? Consideremos los recuperados para ver si estamos llegando al ansiado “R” de relación casos activos/recuperados con casos que fallecían al día siguiente de ser dados de alta.

Y ni que decir de los conceptos que se vierten como descubrimientos faraónicos: tratamientos que se asegura que salvarían vidas, pero no se divulgan por pseudo-intereses comerciales (que no figuran en ningún journal científico como exitosos) o teorías conspirativas elucubradas o, peor aún, las incertidumbres de organismos internacionales de salud respecto al uso de barbijos y unos cuantos que repiten lo mismo en foros locales. Disculpen, pero sigo sin entender ¿de dónde sacan eso de que dicho instrumento protege solamente a un no portador de un portador que lo usa? ¿No es una acción dual, me protejo de otro que lo usa y protejo al otro, al usarlo yo?  

 

 

Los números están dando la razón de que las cosas no están yendo muy bien. Se han cometido errores.  

 

 

Cambiar el enfoque 

-Resistencia está ingresando en una etapa con flexibilizaciones y se permiten algunas actividades, como las recreativas. Pero en el primer fin de semana se presentaron desbordes que hicieron pensar que no todas las personas aprendieron las medidas centrales…

-La pandemia nos ha enseñado mucho y tenemos mucho más por aprender en el futuro. La pandemia no ha sido de la magnitud que se esperaba, ni de la letalidad de lo que se esperaba. De cualquier forma, cuando uno dice 100 millones de muertos en la gripe española (que era en realidad norteamericana), a esa cantidad hay que tomarla en una población mucho menor del mundo en ese momento. Sería como decir ahora, en una relación, unos 300 millones de muertos. Este es un anticipo de las pandemias que vienen, porque vendrán otras con toda seguridad, y a la larga deberemos ir cambiando el sistema de enfoque de las enfermedades infecciosas. 

Cuando se descubrió la penicilina, se creía que se llegaba al fin de las enfermedades infecciosas, y no fue así. Los gérmenes hacen resistencia, generan nuevas formas de mecanismos de ataque y están yaciendo en forma solapada donde uno ni se imagina, y producen los impactos en el momento menos pensado. Hay virus y bacterias para los que no hay forma de tratarlos. Y otras enfermedades importantes, producidas por priones, imposibles de resolver. 

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Más pandemias 

- ¿Lo que usted dice es que, como esta pandemia, vendrán otras más en el futuro y nos confinarán de igual forma?

-Van a venir seguro, pero hay que analizar si este confinamiento ha sido lo correcto o no. Ocurre que hubo señales de que se venía una situación muy compleja con lo que pasaba en China. Pero China no dijo todo lo que debía decir en tiempo y forma. Y allí la situación fue mucho más temprano de lo que se cree. Ellos guardaron alguna información. El Imperial College de Inglaterra hizo un cálculo sobre lo que pasaría si un país decidiera no adoptar medidas y dejar que la inmunidad de rebaño, natural, actuara. Con toda seguridad, esa inmunidad mataría a muchísima gente, pero hay que sopesar hasta dónde llegar con las medidas extremas y hasta dónde adoptar otras.

 

- Entonces, visualizando la situación del país y de esta región ¿cuánto tiempo más considera usted que pueden sostenerse el aislamiento y las restricciones, pasados más de 130 días? 

- Somos como una turbina de avión, en el momento menos pensado se desgasta y ocasiona una catástrofe. Esa fatiga de materiales es la que tiene el humano: si nos decían que íbamos a tener que estar tres meses con los negocios cerrados, iba a haber un incendio del país. Entonces, el gobierno decidió ir soltando informaciones de a poco. Pero saber cuándo venía el pico no fue posible porque hay montones de picos, esto es un serrucho. Y rebrotes hay permanentemente. Si aflojamos o no las medidas, lo mismo seguirá habiendo. Además, el enclaustramiento provoca un daño tremendo a la psiquis de la persona. Dijeron que se estaban adoptando las medidas para una perfecta atención sanitaria, pero eso tampoco es así porque el personal de defensa está muriendo y no hay una debida contención de quienes nos vienen a cuidar. 

 

- ¿Significa que uno de los argumentos centrales de la cuarentena, que era ganar tiempo para reacondicionar al sistema sanitario, finalmente es una verdad a medias?

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-El sentido ha sido ganar tiempo para adoptar las medidas de equilibrio sanitario y poder llevar el control de los pacientes, sin descalabros. Pero no quepan dudas que hay gente que, en el medio del fragor de la lucha, está tomando decisiones penosas de decir a quién salvarle la vida y a quién no en otros países donde se llegó al colapso, pues camas y respiradores no eran suficientes. También fue una forma de adoptar medidas gubernamentales que en otras condiciones pocos aceptarían. 

 

- ¿En concreto, ese ganar tiempo fue efectivo para resolver los problemas de los sistemas sanitarios?

-Al gobierno no le quedaba más remedio que adoptar estas medidas. Era una forma de enmascarar una situación calamitosa, económica y social. Es una situación muy compleja. Lo mismo pasó con el dengue en el Chaco, especialmente en Charata. En la epidemia de 2009, no pensaron en dengue sino en otras enfermedades. Lo traigo a colación porque es parecido a lo que ocurre con el coronavirus. Si se desconsideran los primeros casos o no se piensa que es dengue, se deja deambular a esos pacientes, aunque se tratan algunos síntomas como la fiebre, al circular los pican otros mosquitos y termina toda una ciudad infectada. 

 

-Entonces ese es para usted el error central, la falta de control de los casos…

-Y también no hacer una cantidad adecuada de testeos. 

 

Medidas indispensables 

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El doctor Merino postuló un concepto importante, que a la vez es una recomendación: “Cuando no se pueden adoptar el cien por ciento de las medidas, es importante adoptar algunas, las principales y las que reduzcan la cantidad de casos. Esa es una forma de achicar el umbral de casos. El barbijo y el distanciamiento social son dos medidas realmente importantes, que dan resultados”, subraya. 

Otra medida que recomienda es “un aislamiento selectivo, y no para todo el mundo”. Es decir “pensando en los clusters o grupos dentro de los cuales se producen los casos”.